Paolo Nespoli, el astronauta italiano que revoluciona las redes sociales

“Puedes hacer lo mejor del mundo, pero si no lo comunicas, nunca nadie lo sabrá”. Así lo asegura el astronauta italiano Paolo Nespoli, quien con una sonrisa permanente y un sentido del humor muy agudo presume de ser uno de los pocos hombres que ha cumplido ese sueño juvenil de convertirse en astronauta. Una experiencia que, para que no pase desapercibida, ha compartido en las redes sociales, conllevado a un mayor reconocimiento público y a conquistar, desde dentro o fuera de la estratósfera, a más de 90.300 seguidores en Twitter.

Cuando Nespoli era sólo un niño en Milán, sus aspiraciones de convertirse en astronauta parecían imposibles. Principalmente, porque Italia no apostaba por la carrera espacial y, por ende, aún no existía ningún astronauta representante de esta nación. Una situación que le llevó a aparcar sus ilusiones y a alistarse al Ejército Italiano durante 1977, hasta que a los 26 años decidió dar un giro en su vida.

“Pasaron muchos años en los que no creía en mí. Sentí que había perdido mi oportunidad y que con 26 años me resultaría imposible convertirme en un astronauta, más aún porque no cumplía con los requisitos que se exigían. Yo no tenía una carrera universitaria y tampoco hablaba inglés”, recuerda Nespoli, quien contra todo pronóstico comenzó sus estudios y se graduó en 1988 de ingeniero aeroespacial y, un año después, obtendría su maestría en aeronáutica y astronáutica por la Universidad Politécnica de Nueva York.

En 1990 realizan las primeras pruebas para captar astronautas italianos y Nespoli estaba a un paso de cumplir sus sueños. No obstante, no fue seleccionado, como tampoco ocurrió en 1992. Su suerte cambió en 1998, cuando se le escoge y se le anuncia que viajará hasta el emblemático Johnson Space Center, donde recibió formación durante dos años, junto a 30 aspirantes más, para emprender su primer vuelo.

Un vuelo que llegaría ocho años después, tras superar una nueva e inesperada prueba: pasar 12 días en Alaska en un viaje en kayak superando las condiciones más adversas de peligros, frío y adaptación a ambientes hostiles. ¿El motivo?, estudiar cómo reacciona en realidad el equipo ante situaciones límites antes de que salgan de la tierra. “A veces sólo es necesario que explote una gran pelea en un grupo para fortalecer finalmente la convivencia”, apunta el astronauta italiano.

Primer viaje
Nespoli, fanático del Inter de Milán, recuerda la sensación del primer lanzamiento el 23 de octubre de 2007 como “un infarto o como un elefante sentado en tu pecho durante ocho minutos, pero hay que soportar el dolor como un hombre o, mejor dicho, como una mujer, ya que ellas saben mucho más sobre fuerza”, asegura sonriente.

“Es una gran potencia la que ocurre en este momento. La nave quema cerca de 10 toneladas de combustible por segundo para alcanzar distancias a gran velocidad. Si lo aplicamos a la tierra, nos permitiría viajar de Madrid hasta Barcelona en menos de nueve minutos, mientras que los trenes de alta velocidad que se utilizan actualmente tardan unas dos horas y media”, explica el astronauta.

Ante los resultados positivos de esta misión, Nespoli fue seleccionado para formar parte de la tripulación que permanecería seis meses en la Estación Espacial Internacional (ISS), pero nuevamente tenía que superar una prueba casi tan difícil como su viaje a Alaska: acudir hasta Rusia y, en tres años, aprender el idioma y familiarizarse con la tecnología soviética que utilizarían en el próximo viaje.

“La experiencia con los rusos fue sorprendente. Las piezas y simuladores que utilizan parecen haber sido realizados horas antes en un garaje y son menos exuberantes de los usados por Estados Unidos, sin embargo funcionan. Por lo que entendí, a veces, es mejor hacer las cosas con la menor cantidad de herramientas posibles para agilizar el trabajo”, apunta el italiano.

Seis meses sin gravedad
En diciembre de 2010, Nespoli despegaba a la que sería la aventura de su vida. Sólo unos minutos fueron necesarios para que el astronauta italiano pasara de estar en Rusia a formar parte de la Estación Espacial Internacional (ISS) a 400 kilómetros de la tierra. Una mega estructura con unas dimensiones superiores a las de un campo de fútbol, con el volumen interno de un apartamento de dos habitaciones y un período de órbita de 1,5 horas. “Esto es la demostración de qué puede hacer el hombre cuando trabaja en conjunto y deja a un lado sus diferencias y fronteras”, afirma el astronauta para destacar el trabajo en conjunto que ha realizado Estados Unidos, Rusia, Europa, Japón y Canadá en la construcción de la Estación.

A pesar de que durante los próximos seis meses Nespoli y su equipo se dedicarían a realizar experimentos sobre salud, tecnología y educativos de primer nivel, asegura que se sentía como un niño. “En el espacio tienes que aprender a hacer todo de nuevo. Aprendes cómo se camina, cómo se lanza un objeto, hasta a leer las expresiones faciales, ya que no siempre estás viendo a tus compañeros en sentido vertical”, precisa.

La inexperiencia con la microgravedad llevó a que Nespoli, por ejemplo, tuviera que seguir su cuchara a través de la nave. “Estaba comiendo y, como es habitual en la tierra, apoyé mi cuchara en la mesa. Cuando la fui a agarrar ya no estaba, sino que flotaba por dentro de la nave, así que fui a buscarla y, al volver, era mi comida la que ahora estaba flotando”, recuerda entre risas.

Esa sensación de redescubrir el mundo es lo que, a su parecer, podrá determinar el éxito de los viajes turísticos espaciales.

Sin embargo, no todos los descubrimientos han sido tan agradables. La falta de gravedad también ha generado que el cuerpo se desprenda 10 veces más rápido del calcio, por lo que acelera los procesos de osteoporosis, así como, en algunos casos, disminución de la visión o distorsión de la pupila. Aprendizajes que, a través de rigurosos controles, podrían ayudar a descubrir nuevos métodos para preservar la salud de la especie.

Al terminar su larga jornada, Nespoli solía acudir a la cúpula a tomar fotografías de la tierra. “La cúpula fue un invento italiano que permite a los astronautas tener una visión de 360 grados del espacio y, de esta manera, observar la tierra. Es una experiencia única que permite entender al mundo como un colectivo y no como una suma de países”, aclara el astronauta, quien aprovechó este espacio de la Estación para tomar las fotografías que, en la tierra, han revolucionado las redes sociales.

“En mi estancia decidí tomar imágenes de los lugares que me gustaban desde el espacio y a los que quiero visitar cuando tenga un poco de tiempo. El problema es que escogí muchos, son más de 250”, cuenta entre sonrisas. No obstante, su rostro adopta una expresión más seria cuando, sin ninguna duda, recomienda a todos que “sueñen con algo imposible, algo con lo que todos les digan que están locos. Una vez que lo hayan hecho, despierten y hagan que ese sueño suceda”.

Por Informe21.com/ @JosePuglisi