Denuncian que Ceballos está en una celda de tres por dos metros

Llega a la alcaldía de San Cristóbal sin guardaespaldas y con una gorra tricolor colgando de la cartera. Mientras sube a las oficinas, responde en voz alta a un trabajador: “Las cosas se hacen bien o no se hacen”. Destila firmeza. A los 10 segundos está mimando al bebé de un concejal e intercambiando consejos con la primeriza que lo carga. Entonces infunde ternura. Llega, sin embargo, sola. Se trata de la mujer que se acostumbró a estar las 24 horas con Daniel Ceballos, a ser la mano derecha del alcalde detenido el 19 de marzo. “El tiempo que no estoy con mis hijos, estoy con él”, confirma.

Ceballos no pisa San Cristóbal desde el 17 de marzo. Ese lunes, la pareja tuvo una ligera discusión: “Le dije que no se fuera sin mí, pero él insistía mucho en que me quedara, que no me preocupara”. Iba a constituir la Asociación de Alcaldes de Venezuela. Cuando se reencontraron, 72 horas después, en la cárcel militar de Ramo Verde, él remató aquella conversación: “¿Te das cuenta por qué no quería que vinieras?”, le espetó. “Daniel dice que en cierto modo presentía que esto podía pasar, por las reiteradas ocasiones en las que al menos siete altos funcionarios lo amenazaron públicamente”.

Del no al sí

Patricia lo conoció cuando estudiaba Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional Experimental del Táchira. En junio-julio de 2006 -rememora-, Daniel, entonces representante estudiantil ante el Departamento de Ingeniería Agronómica, mandó a llamarla a través de un amigo en común. Quería que la zuliana fuese su suplente en la candidatura al Consejo Universitario. “Mi primera respuesta fue que no”.

A la vuelta de un año y cuatro meses, se estaban dando el sí quiero. “En medio de ese trabajo político fue que nos enamoramos”, confiesa Patricia, exintegrante de Justicia Universitaria (brazo estudiantil de Primero Justicia) y finalmente candidata pero como representante ante el Decanato de Investigación en aquellas elecciones. Se casaron un día de la Resistencia, el 12 de octubre de 2007. Ambos con 24 años y mil expectativas.

Los 82 mil 794 habitantes de San Cristóbal que hicieron alcalde a Ceballos, también convirtieron a su cónyuge en primera dama del municipio. Tras la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que por penas accesorias de ley ordenó el cese de funciones del mandatario, Patricia afirma que no se siente destituida y revela que sigue desempeñando sus funciones: en el ayuntamiento es responsable de engranar las áreas que tienen en su planificación los esfuerzos del ámbito social, en programas como los del Sistema de Protección a niños y adolescentes, la dirección educativa, el Instituto de Deporte y Recreación, así como en infraestructura y servicios públicos.

Acostumbrada a encarar muchas responsabilidades en simultáneo, cocinera en su casa, autodefinida como muy activa desde que amanece hasta que anochece, ahora dice estar enfocada en la defensa y pendiente de todas las pruebas que aclaren quién es su esposo. “Mostrando lo que es Daniel y su trabajo por San Cristóbal durante casi ocho años, estoy segura de que vamos a demostrar su inocencia”.

Los nuevos días

Ceballos, ingeniero de 30 años, al igual que su consorte, pasa sus días en una celda de tres por dos metros. Patricia cuenta que dos veces lo han dejado salir a solitarios espacios comunes y una tercera vez habló con su abogada en un área abierta. Como le genera cierta ansiedad la sensación de claustrofobia, hace ejercicio junto a la cama. Además de sus abogados, solo pueden visitarlo sus padres, hermana, esposa e hijos, de jueves a domingo, de 10 de la mañana a 12 del mediodía y de 2 a 5 de la tarde. Cualquier particular tendría que pedir autorización para verlo a la Vicepresidencia Ejecutiva.

Las visitas de familiares, no obstante, están suspendidas para el sancristobalense hasta el 9 de abril próximo. El motivo: escribió en un papel y mandó con un abogado unas instrucciones sencillas de cómo Patricia debía manejar su cuenta en Twitter. “Es injusto, una excusa para mantenerlo lo más aislado posible”, reacciona ella.

Mientras tanto, el dirigente de Voluntad Popular lee libros de Nelson Mandela, uno sobre Rómulo Betancourt que le regaló un amigo, la Biblia y la Constitución. Cuando cese el castigo, Patricia espera volverlo a visitar acompañada de María Victoria, de seis años; María Verónica, de cuatro; y Juan Daniel, de 21 meses. Los tres hijos del matrimonio llevan más de un mes fuera de la ciudad, debido a llamadas amenazantes que recibió el alcalde. La familia ya venía desmembrada desde antes de la detención.

Vestirse de fe

Ir a Ramo Verde, recorrido que ha hecho junto a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López y a quien considera una hermana, se va convirtiendo en punto de agenda para Patricia, quien acaba de engrosar la lista de mujeres de presos políticos o políticos presos, según se mire. La admira, pero no se visualiza reflejada en el espejo de Bony Pertiñez de Simonovis -responde con solidez-, la misma que este año cumple una década saludando al excomisario en prisión.

A la salida del penal militar, sin embargo, Patricia Gutiérrez de Ceballos ha coincidido con los otros últimos renglones de esa lista: Rosa Brandonisio de Scarano, María Bolívar de Lucchese y Lilian Tintori de López. “Nos hemos abrazado las cuatro y dado mucha fuerza, porque estamos del lado correcto de la historia y estamos convencidas de que esto va a terminar muy pronto”.

A pesar del vendaval, Patricia empina su metro y 64 centímetros de humanidad cuando pronuncia a Dios. Como buena maracaibera, le profesa especial fervor a la Chinita y siempre la carga encima. Daniel, refiere, es devoto del Santo Cristo y de la Virgen de la Consolación. En los últimos años peregrinó en bicicleta al santuario de La Grita y caminó varias veces hasta la basílica de Táriba. “Él respeta las decisiones de Dios”, asiente la mujer detrás del exalcalde, la que reza para que la libertad de un país ponga punto final a la ausencia.

Fuente: La Nación

AJ

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