El Petro no cuenta con la confianza de inversionistas

El Petro no cuenta con la confianza de inversionistas

En un país donde el sistema de comunicaciones está colapsado, con apagones a diario y donde la mayoría de la población no cuenta con dispositivos necesarios, el Petro es un proyecto como pocas posibilidades de éxito.

Era un domingo navideño cualquiera la tarde del 4 de diciembre del 2017, Nicolas Maduro se encontraba en un evento televisado cuando anunció que lanzaría al mercado la primera criptomoneda del Estado venezolano, el Petro. Su misión: ayudar a su gobierno a encontrar financiamiento debido a las dificultades por las sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Sería la primera criptomoneda “respaldada en petróleo” .

Tras el anuncio hubo muchas reacciones. Desde la comunidad de criptomonedas se vio con dudas su lanzamiento al mercado debido a que se violentaba el motivo por el cual fueron creadas las criptomonedas: la descentralización. A su vez, la poca credibilidad del régimen de Maduro sumada a las sanciones de EEUU, generaban un rechazo entre los inversores, algo que dificultaría su integración al mercado.

A pesar de las criticas y de la prohibición de cualquier transacción con esa moneda en suelo americano impuesta por el presidente Trump, Maduro siguió con su plan. Creó la Superintendencia Nacional de Criptoactivos y Actividades Conexas, Sunacrip que sería el ente regulador de todo lo relacionado con las criptos; ordenó a los bancos privados y públicos a calcular los estados de cuenta en esa moneda; “ancló” el sueldo mínimo en el Petro diciendo que “medio Petro” era el sueldo y luego ordenó que los mercados pusieran en sus precios el valor en Petro de los productos, pero, a pesar de todo esto, todavía el famoso Petro no veía la luz y seguía generando dudas.

A pesar de que se tenía pautada su salida para inicios del 2018, su salida al mercado se fue postergando hasta noviembre de ese año . Mientras, Maduro anunciaba que su oferta inicial de venta o ICO, por sus siglas en inglés, había recaudado 5 mil millones de dólares, algo que generó dudas porque superaba lo recaudado por proyectos con mayor confianza como EOS o Ton, la criptomoneda apoyada por el servicio de mensajeria, Telegram.

Las criticas aumentaron con la salida de su White Paper, documento que explica el funcionamiento y motivo de la moneda. Al hacerse público, un desarrollador de Ethereum, otra criptomoneda, señaló que era una “copia descarada” al White Paper de Dash . Otra vez, las criticas y la desconfianza consumían este proyecto.

La SUNACRIP ha dado luz verde para que Exchange privados tengan vida en Venezuela, pero, hasta ahora, no se manejan cifras de lo tranzado en esas casas de cambio.

Todo parece indicar que el Petro es otro de los proyectos grandilocuentes propios de los regímenes comunistas como fue la zafra de los 10 millones propuesta por Fidel que destruyó aún más la economía cubana y terminó fracasando. ¿Sucederá lo mismo en este caso?

El inicio de las criptos

Antes de analizar cualquier proyecto de criptomonedas hay que saber qué son y de dónde salieron. Las criptomonedas o criptos como se les suele decir, son un medio digital de pago que utiliza la criptografía como método de seguridad en las transacciones. La criptografía es un método de cifrado o codificación que busca evitar que entes no autorizados alteren su información. A su vez, todas tienen una cantidad limitada de monedas y no son controladas por un ente central .

Toda criptomoneda tiene un blockchain o cadena de bloques , que se encarga de procesar las transacciones y hacerlas efectivas, esto es lo que hacen las famosas minadoras de criptomonedas, mantener viva la blockchain para que esta siga trabajando .

Fueron creadas en el 2009, en plena crisis inmobiliaria. Para ese entonces miles de personas habían perdido sus fortunas y el sentimiento anti-banco era algo común . Es aquí cuando, en un foro de internet, un usuario anónimo que se identificaba como Satoshi Nakamoto sacó a la luz el Bitcoin (BTC), la primera moneda digital .

El Bitcoin contaría con dos cosas, el sistema bitcoin que es el blockchain que mantiene la red, y la criptomoneda. A su vez, tendría un total de 21 millones de BTC y seria mineable por los usuarios que recibirían un pago en esa moneda por realizar esa operación .

Desde aquí se inicio un proceso de desarrollo y de adaptación que elevó el precio del BTC a 20 mil dólares a finales del 2017 y que ha creado un ecosistema donde ya hay más de 2.000 criptos. Existen casas de bolsa dedicadas al intercambio de estos activos y hay grandes empresas invirtiendo en ellas o en la creación de una para su empresa como sucedió este año con el proyecto de Facebook llamado Libra.

En conclusión , tenemos que, tras 10 años de haberse creado, el ecosistema cripto ha crecido de forma exponencial. Ya hay países que no ven con malos ojos este tipo de activos e incluso están invirtiendo en el blockchain como lo está haciendo China desde finales de este año, pero ¿Venezuela cree de verdad en las criptomonedas?

Creyendo en las criptos, pero ¿Desde cuándo?

Como ya se mencionó, Maduro y su gobierno se metieron en las criptomonedas desde diciembre del 2017, coincidencialmente, en pleno mercado alcista y cuando Bitcoin era una de las palabras más buscadas en Google. Antes de esto, en el país existía un vacío legal con respecto a estos activos que era aprovechado por entes gubernamentales para lucrarse a expensa de minadores.

En marzo del 2017, el diario The Washington Post publicó un reportaje donde explicaba el estado de la minería de bitcoin en Venezuela y cómo había aumentado durante los últimos años debido a su rentabilidad, pero también explicaba el riesgo de este negocio debido a que cuerpos policiales habían visto una mina de oro en estas “granjas”. Nada más en enero de ese año, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalística, Cicpc, arrestó a cuatro personas en Charallave, Estado Miranda, por tener estas minadoras, el delito: alteración del sistema eléctrico.

Para resolver el vacío legal, Maduro mandó a la Asamblea Nacional Constituyente un proyecto de ley para las criptomonedas que daba legalidad al minado, pero cada granja tenia que estar registrada por el gobierno, algo que genera desconfianza entre los minadores, aun así, el proyecto del Petro seguía.

Muchos analistas sugieren que el repentino interés del gobierno de Maduro por las criptos comienza con las sanciones americanas y se le ha sumado la creciente dolarización de la economía nacional, por lo que Maduro da “gracias a Dios”

Una criptomoneda que viola sus fundamentos

El proyecto cripto tiene bases anarcocapitalistas, básicamente. Fue creada para separarse completamente de la figura del Estado y para que los particulares puedan tener la forma de pago y ahorro que ellos deseen. Todo seria manejado por la confianza y por la mano invisible del mercado, como decía Adam Smith en su libro “Las Riquezas de las Naciones”.

Mientras, el Petro le da vuelta a todo esto. Es centralizada o controlada por el Estado, su distribución es supervisada por el Banco Central y el precio no es el resultado de la oferta y la demanda, es producto de un decreto firmado por el presidente de un país que tiene su legalidad en duda. Básicamente, el Petro irrespeta el espíritu del creador de este proyecto.

Entre las principales críticas, ésta es una de las más fuertes. La comunidad cripto tiene un respeto irrestricto a los fundamentos establecidos en el White Paper de Bitcoin y a todo lo que llevó a su creación. El hecho de que un gobierno trate de saltarse todo esto con fines desconocidos levanta las alarmas en la comunidad.

¿Tiene futuro el Petro o será como el fiasco de la zafra de azúcar cubana?

La respuesta a esto también es una incógnita, pero tiene forma de responderse. Venezuela no cuenta con la plataforma necesaria para que las criptomonedas sean algo cotidiano. La inestabilidad en las redes de punto de venta, uno de los peores internets del mundo y una crisis eléctrica que lleva a estados enteros a estar sin luz por horas son alguno de los problemas que enfrenta este proyecto.

Pero la decisión de Maduro de darle utilidad puede ser comparada con la epopeya que inició Fidel Castro en Cuba cuando quiso alcanzar cifras récords en la producción azucarera de la isla.

El gobierno venezolano ha llegado al punto de coaccionar a empresas privadas para que lleven sus estados de cuenta en Petros; a su vez, lleva realizando una campaña publicitaria para su adopción que ha llenado a Caracas de anuncios referentes a la criptomoneda y en la mayoría de las páginas webs del Estado hay una mención a este activo digital.

A pesar de la campaña, el Petro no es tomado en cuenta por los privados. Nada más entre el primero y el 7 de septiembre de este año, hubo un volumen de 12 millones de dólares transados en Bitcoin desde Venezuela en la plataforma LocalBitcoin, lo que demuestra que los inversores siguen prefiriendo lo tradicional antes del proyecto socialista planteado por Maduro.

En conclusión, el futuro del Petro es una incógnita que depende únicamente del gobierno de Maduro. En un país donde el sistema de comunicaciones está colapsado, donde se registran apagones diariamente y donde la mayoría de la población no cuenta con dispositivos necesarios para interactuar con estos activos, todo apunta a que el proyecto tiene plomo en el ala.

Los discursos llenos de hipérboles y consignas que chocan entre ellas, se encuentran con la realidad del mercado e incluso son olvidados por el mismo gobierno que los pregona a la hora de buscar formas de pago. A mediados del año, se reportó que PDVSA estaría tanteando la idea de utilizar Bitcoin y Ethereum para honrar sus intereses y poder saltarse las sanciones económicas, otra vez, refiriéndose a otros proyectos antes que el Petro. Y así los privados, nada parece sugerir que en un futuro cercano el Petro se vuelva una forma de ahorro para los particulares en Venezuela. Mientras el proyecto siga generando desconfianza y existan otros métodos para manejarse en la tan volátil y riesgosa economía venezolana, el Petro será la última opción de muchos. Otro proyecto grandilocuente que termina en mal camino. @dald96

Daniel Limongi / Informe 21

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