El embarazo vuelve ‘súper poderosas’ a las mujeres de acuerdo a un estudio

Los antojos quizá sean la señal más evidente de los cambios en marcha, junto con los dolores de cabeza y las alteraciones repentinas de humor.

Rebecca Pearson, de la Unidad Académica de Psiquiatría de la Universidad de Bristol, en Inglaterra, ofrece algunas explicaciones para los misteriosos caprichos.

“Es posible que los antojos sean un reflejo del desarrollo del cerebro materno o del incremento de la sensibilidad emocional”, señala. Algunos también sugieren que la preferencia hacia ciertos alimentos ocurre para proteger al feto y proveerlo de los nutrientes que necesita.

Pero eso es apenas una muestra externa de lo que ocurre en el interior de una mujer embarazada.

Rebecca Pearson, de la Universidad de Bristol, ha dedicado parte de su carrera a develar los secretos de la mente durante el embarazo.

En septiembre de 2009 publicó en la revista Hormones and Behavior los resultados de un estudio en el que se comprobó cómo, a medida que avanza el embarazo, las madres incrementan su sensibilidad emocional y agudizan sus sentidos para leer gestos en los rostros de otras personas.

Junto a su equipo, comparó a 101 mujeres durante las primeras etapas de gestación con un grupo similar pero en etapas más tardías. “Encontramos que las mujeres en etapas más avanzadas puntuaban más alto a la hora de decodificar expresiones de amenaza como miedo, rabia o disgusto”, comenta.

¿Cuál es el fin de tales cambios? Pearson piensa en el viejo Charles Darwin; cree que esta habilidad es una respuesta evolutiva que prepara a las mujeres para proteger y responder a las demandas de su cría. La rapidez para leer señales de miedo (una amenaza visible), disgusto (amenaza ambiental) y rabia (amenaza física directa) les permite reaccionar con anticipación a los peligros.

También las hace tremendamente hábiles para entender y reaccionar ante el lenguaje no verbal de un bebé.

“La investigación indica que las dramáticas fluctuaciones hormonales que ocurren durante el embarazo, el nacimiento y la lactancia remodelan el cerebro, aumentan de tamaño neuronas de ciertas regiones y producen cambios en otras”, concluyeron Kelly Lambert, del departamento de Psicología del Colegio Randolph-Macon, y su colega Craig H. Kinsley, del Centro para la Neurociencia de la Universidad de Richmond.

Ambos investigadores analizaron la evidencia extraída tanto de experimentos con roedores como de observaciones en humanos.

Es un hecho comprobado que el estrógeno y la progesterona (hormonas femeninas), y el cortisol (la hormona del estrés), aumentan en el curso de la gestación.

En 1940, Frank A. Beach, de la Universidad de Yale, en Connecticut, comprobó que el estrógeno y la progesterona regulaban respuestas como la agresión y la sexualidad en ratas, hamsters, gatos y perros.

Más tarde, hacia 1984, el doctor en endocrinología Robert S. Bridges, de la Escuela Cummings de Medicina Veterinaria de la Universidad de Tufts, en Massachusetts, confirmó que estas mismas hormonas determinaban el comportamiento maternal, un concepto que engloba modulaciones en la voz, un afecto positivo, una tendencia a socializar, una agudeza en sentidos como el olfato y el oído, una tolerancia al estrés, así como el vínculo cariñoso hacia la nueva criatura.

El mismo Bridges sumó otra hormona a este coctel: la prolactina, responsable de la lactancia.

Fuente: CNN

EA

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