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Fernando Egaña

El orden de los factores…

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Como la lucha política es radicalmente distinta de las llamadas ciencias exactas,, no se le puede aplicar la expresión de que “el orden de los factores no altera el producto”… Al contrario, sí lo altera (no escondo, por tanto, mi escepticismo en la “mercadotecnia” de la política; escepticismo abonado por alguna experiencia). En la lista de los factores está lo político, lo jurídico, lo económico, lo social, lo comunicacional, lo internacional, etcétera.

Digamos que se trata de una lista más o menos convencional.

El derrumbe petrolero de Venezuela

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De acuerdo con los analistas en el tema petrolero, que los hay serios, al igual de los que pretenden serlo pero no lo son, Venezuela podría estar produciendo, hoy por hoy, cinco millones de barriles diarios, incluso más. Pero eso no es lo que ocurre. Se estima que la producción no supera el millón quinientos mil barriles diarios, y en caída. ¿Qué pasó entonces?

Un reconocimiento justo

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De María Corina Machado, por lo menos dos cosas importantes deben destacarse. Una, que es una mujer valiente. Otra, que es perseverante. A veces me parece muy acertada en sus planteamientos, en otras ocasiones, no. En algunas me luce que se equivoca de frente. Pero siempre se identifica por su valentía y perseverancia. El propio predecesor así lo sostuvo, si no declarativamente, sí con la intuición de no enfrentarla en la recordada sesión de la Asamblea Nacional, en la cual la entonces diputada Machado le puso los puntos sobre las íes.

¿Cambio de perspectiva?

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Acaba de ocurrir un hecho político que, curiosamente, no ha recibido la atención que debería merecer. El nombramiento de Diosdado Cabello como presidente de la “asamblea constituyente”. La “lógica” de la hegemonía roja no es complicada: si la llamada constituyente es “plenipotenciaria”, entonces tiene más poder, en teoría, que Maduro; y si Diosdado Cabello logró que fuera nombrado jefe de esa constituyente, entonces, en teoría, tiene más poder que Maduro. En todo caso, desde el punto de vista formal, Cabello no está por debajo de Maduro en la jerarquía de la hegemonía.

Rebelión constitucional

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A primera vista la expresión “rebelión constitucional” pudiera parecer una paradoja o hasta una contradicción insalvable. Después de todo, la idea de una constitución supone el establecimiento de un orden general que, necesariamente, empieza por el poder, y la idea de una rebelión supone el desconocimiento del poder establecido, con el fin de superarlo.

¿Qué puede hacer Ramón Guillermo Aveledo?

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Puede hacer mucho o puede hacer muy poco. Todo depende de si mantiene o no su posición de que la única vía aceptable para encontrar una salida a la tragedia venezolana es la ruta electoral. Si mantiene esa posición, hará muy poco o casi nada, como decía una vieja canción. Si la cambia, y se abre a otros caminos constitucionales, entonces es posible que pueda hacer mucho por la causa democrática de Venezuela, en la medida que ayude a persuadir a sus colegas de variados partidos y otras organizaciones.

No reconozco, pero…

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Si un candidato afirma que no reconoce los resultados de los comicios en los que acaba de participar, y además sostiene que no los reconoce porque tiene evidencias de que fueron fraudulentos, entonces está obligado a asumir una actitud general de no-reconocimiento a la situación política emanada de esos comicios. Si ello no es así, entonces la referida afirmación se disuelve en la nada, y con ella lo que tenga de credibilidad la figura política de que se trate.

Anarquía nacional y despotismo mafioso

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Mucha gente piensa, equivocadamente, que el despotismo político-militar implica la existencia de un orden generalizado en la sociedad, en la que ese despotismo impera. No es así. De hecho, puede ser exactamente lo contrario. La situación de Venezuela lo expresa. Aquí impera un despotismo, pero al mismo tiempo el país se deshace en un caos que lo abarca todo. En el imaginario popular se conserva la noción de que los regímenes de Gómez o Pérez Jiménez, en Venezuela, alcanzaron un orden social que estaba asociado con el despotismo, o la llamada “mano dura”.

Dejó la presidencia, pero no el poder

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Los medios informan que ha ocurrido un “traspaso de mando” en Cuba. Pero, ¿en verdad ha ocurrido? En circunstancias ordinarias, no valdría la pena dedicarle un breve artículo al presidente títere de Cuba, Miguel Díaz-Canel, quien en su país es conocido como “Migue”. Pero claro, no vivimos en circunstancias ordinarias, sino trágicamente extraordinarias, porque Venezuela ha devenido en una colonia de la Cuba castrista, y todo lo que pase allá, lógicamente, repercute acá. De allí la pertinencia del tema, sobre todo con miras a la farsa electoral que se monta en Venezuela.

Mil millones de bolívares por un dólar

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La tasa de cambio real, efectiva, de estos días es prácticamente –y sin el prácticamente-, mil millones de bolívares por un solo dólar. La cuenta es sencilla, si continuamos la numeración monetaria que existía cuando el predecesor de Maduro empezó su primer gobierno, entonces la tasa no es de un millón de bolívares por dólar sino de mil millones de bolívares por dólar. Recordemos que la “reconversión monetaria” le quitó tres ceros al bolívar.

¿Antesala de cuál cambio?

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Se oye por todas partes que la situación venezolana es insostenible y que en cualquier momento ocurrirá un cambio político en relación con el poder. Lo que pasa es que eso se viene oyendo desde hace bastante tiempo, y tal cambio no ha ocurrido, y ni siquiera la situación catastrófica que sufre Venezuela ha sido debidamente tomada en cuenta para tratar de producir el ansiado cambio.

“Nunca entregaremos”…

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Entre tantas expresiones que rebosan de ambigüedad engañosa, nos topamos con una que es inequívoca. Es inaceptable, pero esta declaración no admite interpretación en cuanto a su significado. La verdad es que no se anda con muchos rodeos la presidenta de la pretendida constituyente de Maduro, Delcy Rodríguez, cuando manifestó, por la calle del medio, que “nunca entregaremos el poder”…

Los criminales de la emigración

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El solo hecho de que uno de los países más reconocidos del mundo –Venezuela– por su histórica apertura a la inmigración, por la inclusión de los inmigrantes en el grueso de la sociedad, por su hospitalidad y acogida a los refugiados y exiliados de cualquier parte y de cualquier ideología, haya pasado a ser, a lo largo del siglo XXI, uno de los países con mayor cantidad y calidad de emigrantes, sobre todo de las nuevas generaciones, es una prueba irrefutable de la tragedia económica, social y política que se vive: una verdadera catástrofe humanitaria.

El candidato de Maduro

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Maduro y los suyos necesitaban un candidato de cierta resonancia en el terreno de la oposición política, para tratar de convalidar las anunciadas “elecciones presidenciales”, ahora ampliadas con votaciones para otros cargos. Si Maduro corría solo en esos “comicios” quedaban más notoriamente al descubierto como lo que son: un fraude con mayúscula de la primera a la última letra.

La agonía de un país

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La agonía es el estado que precede a la muerte. Y Venezuela, sin duda, es un país en situación de agonía. Los países no necesariamente mueren en el sentido de la extinción histórica, pero sí pueden morir como naciones independientes y viables, es decir capaces de ofrecer una vida digna y humana a su población. Tal cual lo que ya ocurre en nuestra patria, pero además lo que podría convertirse en una realidad definitiva o irreversible. Pero si es cierto que la agonía suele concluir con la muerte, también lo es que se puede salir de la agonía, recuperando la salud.

Venezuela no es Maduro

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Una de las argucias más abusadas por las hegemonías despóticas, es el tratar de confundir una parte con el todo. En este caso, Venezuela es el todo, y el poder que la destruye es una parte –importante por su infinita capacidad destructiva, pero una parte-. Sin embargo, cuando Maduro y los suyos se refieren a las denuncias, críticas, sanciones o condenas que reciben del exterior, siempre alegan que son denuncias, críticas, sanciones o condenas en contra de Venezuela… Mentira. Son en contra de ellos, Maduro y los suyos, y por razones más que merecidas.

No se puede o sí se puede

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A cada rato uno se topa con declaraciones de personas reconocidas, sobre todo en el campo del derecho, en las cuales afirman, a veces no sin cierta jactancia, que tal anuncio de la hegemonía no se puede llevar a cabo porque es ilegal o inconstitucional, o que tal ejecutoria de la hegemonía no se puede continuar por las mismas razones, o que tal hecho cumplido de la hegemonía no se puede aceptar y tiene que ser revertido de inmediato, por las razones ya expuestas.

Radicales y fanáticos

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En Venezuela hay un “debate”, por llamarlo de alguna manera, en el cual se cataloga a los participantes de la dinámica política de moderados o radicales. Los primeros serían los prudentes, los sensatos, los incluyentes, los que mejor entienden lo que pasa y debe pasar; los segundos serían los extremistas, los intolerantes, los polarizantes, los que son incapaces de ver más allá de su estrecho radio de opiniones o actitudes.

¿Poderío nacional?

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En tiempos relativamente recientes, el señor Chávez no pierde ocasión para proclamar el "poderío nacional" que la "revolución" le habría amasado a Venezuela. Es el latiguillo preferido de la temporada y de seguro lo será en esta extraña campaña electoral.
Incluso plantea que "están trabajando para reforzar, aún más, el poderío nacional de la patria". Es decir, que dicho poderío es un hecho, que es una consecuencia de su control del poder, y que lo continúan incrementando, de ser eso posible...

La angustia de las tribus

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Una de las consecuencias más notorias del desmoronamiento institucional que ha ocurrido en Venezuela con la “revolución bolivarista”, es que la tribu depredadora se haya convertido, una vez más en la historia, en el factor político crucial para sostener y ejercer el poder. Las remotas montoneras del siglo XIX tienen su herencia diferida en las tribus oficialistas del XXI. Sólo la relativa fortaleza de un estado de derecho y su configuración institucional, habían logrado contener y hasta debilitar el fenómeno tribal –por lo menos durante importantes trechos del siglo XX.

El poder de la desinformación

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Como la información es una fuente primaria de poder político, la satrapía censura, miente, desinforma, intimida y propagandea para tratar de mantenerlo. No se debe subestimar, por tanto, el poder de la desinformación. Pongamos el caso actual de la enfermedad del señor Chávez. ¿Acaso se ha informado oficial y públicamente sobre la naturaleza específica del cáncer que le aqueja? No.

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