Científicos preocupados por químico tóxico presente en gomas de borrar y juguetes sexuales

El estudio se abocaba a un grupo de químicos conocidos como ftalatos, seis de los cuales han estado virtualmente prohibidos en los juguetes de la Unión Europea (UE) desde 1999 por miedo a que puedan dañar el desarrollo sexual de los niños.

Pero tal como la Oficina Europea Ambiental (EEB, por sus iniciales en inglés) halló en su estudio, los ftalatos están presentes en objetos de uso cotidiano entre los niños y a la venta en grandes supermercados como Carrefour y Tesco.

La investigación, basada en un análisis químico de PiCA, un laboratorio químico independiente en Berlín, encontró una caja de lápices rosas con niveles tres veces más elevados que aquellos que según la UE deberían ser los máximos en juguetes y "artículos para cuidado de niños".

Un ftalato que los científicos sospechan que podría ser particularmente nocivo para los humanos fue hallado en una goma de borrar en un nivel cercano al que estaría prohibido en un juguete.

La preocupación por los ftalatos no es nueva, y los comerciantes minoristas que venden productos que los contienen no están violando la ley, porque las regulaciones no abarcan artículos como cajas de lápices y gomas de borrar.

Pero el estudio de EEB halló que los comerciantes parecen estar ignorando la obligación legal de proporcionar información sobre la presencia de ftalatos a los compradores.

Menos de un cuarto de los minoristas en su estudio aportó respuestas satisfactorias a las solicitudes de información sobre los químicos presentes en sus productos.

"Todos los ciudadanos deberían recibir toda la información sobre las propiedades de los químicos presentes en los productos que compran. Un padre, por ejemplo, debería ser automáticamente informado si una caja de lápices para su hijo contiene ftalatos capaces de perjudicar su desarrollo sexual," dijo Christian Schaible, de políticas químicas de la EEB.

"Lamentablemente (...) los proveedores sólo están obligados a dar información bajo condiciones específicas. Hemos demostrado que en la práctica ni siquiera se garantiza este derecho legal", agregó Schaible.

Carrefour le dijo a Reuters que atiende adecuadamente las solicitudes de información sobre químicos riesgosos y dijo que responde a dichos pedidos dentro de los 45 días.

Tesco dijo estar al tanto de sus obligaciones y agregó que tiene su propio código de práctica implementado para mantener los químicos preocupantes fuera de sus prendas y zapatos.

"Hemos trabajado de forma conjunta con nuestros proveedores para identificar estas sustancias y reemplazarlas con alternativas apropiadas", dijo la empresa en un comunicado.

VINCULOS CON EL DESARROLLO SEXUAL

Los ftalatos son una gama de químicos regularmente usados para hacer que los plásticos sean más flexibles. Existen unos 25 de ellos y en las últimas décadas han calado en el entramado mismo de nuestra sociedad, hasta en los zapatos que calzamos.

Están en el aire que respiramos y en la pintura de las paredes de nuestras oficinas, ellos suavizan los pisos de vinilo de cocinas y baños y dan flexibilidad a las cortinas de nuestras duchas y cables eléctricos.

En su auto, los ftalatos recubren el chásis para protegerlo contra el óxido y ablandan los plásticos de sus puertas, el salpicadero y el volante en sus manos.

Están presentes en nuestra comida, según piensan algunos científicos, al desprenderse de los caños y plásticos usados en la maquinaria de procesamiento de alimentos. Están en nuestros cuerpos.

La industria química mundial produce casi seis millones de toneladas de ftalatos cada año. Algunos científicos, y un número cada vez mayor de gobiernos, han comenzado a sospechar de que podrían estar vinculados a la fuerte caída en la fertilidad masculina a nivel global en las últimas décadas.

En el primer mundo, reiterados estudios han mostrado que el recuento de esperma ha disminuido casi un 50 por ciento en el último medio siglo, además de causar problemas al desarrollo sexual de los niños en el útero materno.

Los químicos más volátiles se desprenden fácilmente de los plásticos y se ha demostrado que interfieren con el desarrollo sexual de fetos de ratas, interrumpiendo la producción de testosterona. Algunos estudios han sugerido efectos similares en humanos.

Además de la veda en los juguetes, la UE controla o prohíbe ciertos ftalatos en cosas como cosméticos y pinturas. También ha comenzado a estudiar restringir el uso de algunos ftalatos en otros productos, un proceso que probablemente tome años.

Estados Unidos ha limitado el uso de ciertos ftalatos en juguetes desde el 2008 y dice que está analizando la seguridad de otros. Australia prohíbe la venta de artículos que contengan más de un 1 por ciento de un solo ftalato.

NO DEL TODO MASCULINIZADO

Si hay una conexión entre los ftalatos y los problemas de fertilidad en las personas, no serían los primeros químicos en haber tenido este impacto. El 10 de julio de 1976, una explosión destrozó una fábrica de pesticidas en la pequeña ciudad italiana de Seveso, liberando una densa nube de vapor que contenía el químico dioxina.

Nadie murió, y el accidente pasó prácticamente inadvertido, al menos inicialmente. Pero lo que siguió les dio a los científicos la primera impresión de que pequeñas concentraciones de químicos podrían tener un efecto desproporcionado sobre la fertilidad humana.

Unas pocas horas después de la explosión, comenzaron a aparecer lesiones similares a quemaduras en los niños del lugar. En las semanas subsiguientes muchos desarrollaron cloracné, un severo desorden dermatológico que se manifiesta en puntos negros, quistes y pústulas.

En los años siguientes al accidente, nació una proporción inusualmente elevada de niños de padres que estuvieron expuestos a la nube de químicos. Esos mismos niños crecieron y tuvieron un recuento de espermatozoides anormalmente bajo, según mostraron estudios médicos posteriores.

Tal como Seveso nos enseñó mucho sobre las dioxinas, ahora estamos aprendiendo más y más sobre los ftalatos -no debido a un incidente determinado, sino porque los científicos están estudiándolos cada vez más de cerca en su carrera por comprender tendencias como el deterioro de la fertilidad masculina.

En las ratas preñadas, numerosos estudios han demostrado que la exposición a algunos ftalatos reduce los niveles de testosterona en los fetos machos, interfiriendo con el normal desarrollo del pene y el descenso de sus testículos.

Pero no fue hasta 2005 que los científicos establecieron la conexión entre los químicos y los cambios en los humanos.

Un grupo de investigadores de la Rochester University en Nueva York, estudió la masculinidad de los niños recién nacidos. A modo de indicador, ellos midieron la distancia entre el ano y la base del pene -la distancia anogenital- que en los machos es de dos veces el largo que en las hembras, y a menudo es usado por científicos como indicador de la masculinidad.

Las bajas distancias anogenitales están asociadas con problemas en la salud reproductiva, como la criptorquidia y los penes deformes.

Los investigadores luego compararon esa medida con los niveles de ftalatos en la orina de las madres de los niños.

"Encontramos eso en los bebés varones, tal como lo predijeron los estudios sobre animales; cuando la madre estuvo expuesta a algunos ftalatos, los niños experimentaron cambios en su desarrollo reproductivo, que no estaba completamente masculinizado", dijo Shanna Swan, quien dirigió el estudio.

La reputada publicación Environmental Health Perspectives calificó al estudio del equipo de Swan como "el trabajo del año" en el 2009 por su enorme repercusión sobre el pensamiento actual sobre los ftalatos.

La investigación no fue perfecta -con sólo 134 infantes, el tamaño de la muestra resultó muy pequeño- pero Swan está trabajando en un nuevo, mayor y más riguroso estudio que podría ayudar a confirmar estos resultados científicos.

ACERCANDOSE

Otros científicos están también tratando de identificar el nexo entre los ftalatos y los cambios en los humanos.

En un laboratorio de Edimburgo, un ratón recorre su jaula previo a beber agua contaminada con suavizantes de plásticos. Debajo de la piel en su espalda hay injertados pequeños trozos de tejido del testículo de un feto humano. El objetivo es establecer directamente si esos suavizantes podrían estar confundiendo a nuestras hormonas y mutando los genitales de infantes nonatos.

El profesor Richard Sharpe, un experto en salud reproductiva masculina de la Edinburgh University y el director del estudio, cree que la gente encontrará una conexión entre nuestro entorno y los estilos de vida y la salud reproductiva masculina.

"Contamos con sólidas evidencias de que el cáncer de testículo ha aumentado progresivamente por todo Europa en los últimos 50 a 70 años y ha ocurrido en un lapso que coincide con cambios en el estilo de vida y el medio ambiente," indicó Sharpe.

Sharpe cree que "es crucial comprender si los ftalatos juegan o no algún papel en los desórdenes de la salud reproductiva masculina".

Los estudios sobre animales, según dice, "apuntan directamente hacia los efectos, pero los estudios sobre humanos no son concluyentes".

"Tendremos una idea mucho más clara en los próximos 12 meses. Si no encontramos ningún efecto o ftalatos en los testículos del feto humano, se reduce drásticamente la lista de sospechosos. Si encontramos un efecto positivo, creo que podría ser el fin de los ftalatos", agregó el experto.

LAS LENTAS RUEDAS DE LA REGULACION

En Europa, el grupo encargado de evaluar y restringir los químicos potencialmente riesgosos como los ftalatos es la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA, por su sigla en inglés), con sede en Helsinki. Su papel principal es implementar una ley del 2007 que apunta a mejorar la comprensión y el control de más de 30.000 químicos usados regularmente por todo Europa sobre los que actualmente pesan pocas restricciones.

Conocida como REACH -registro, evaluación, autorización y restricción de las sustancias y preparados químicos- la ley fue producto de una de las más intensas presiones de la historia europea.

Firmas químicas europeas se opusieron a ella, al igual que la administración del ex presidente estadounidense George W. Bush, que sostuvo que podía asfixiar el comercio transatlántico.

La ley ahora fuerza a que las compañías registren los químicos que quieren vender; la agencia está revisando datos recibidos de parte de la industria para decidir cuales deberían ser sacados de circulación más rápido que otros.

De una amplia lista de aproximadamente 1.500 químicos que revisten preocupación, 38 han sido hasta ahora clasificados como "sustancias de muy alto riesgo" incluyendo cuatro ftalatos: DEHP, BBP, DBP y DIBP.

Muchos activistas no están conformes con el ritmo del progreso y sienten que la ECHA debería mirar más allá de las 38 sustancias que está analizando.

Ambientalistas y defensores de la salud, incluyendo Greenpeace y la Alianza para la Salud y el Medio Ambiente, han elaborado una lista de 356 químicos que quieren que disminuyan inmediatamente. La Confederación Europea de Sindicatos de Comercio tiene una lista de 334 que quiere prohibir en el ámbito laboral.

Pero la tarea de evaluar la evidencia es tan grande, y los recursos de la agencia son tan limitados, que incluso tomará años sacar de circulación o aprobar los 38 químicos iniciales.

Geert Dancet, director ejecutivo de la ECHA, dice que podría tomar hasta el 2014 decidir cómo se debería lidiar con estos primeros pocos químicos. "Luego están esos químicos sobre los que no sabemos aún, y en ese caso la fecha a la que se apunta es el 2020", dijo Dancet.

DEL SEXO A LOS ALIMENTOS

No sólo los niños están en riesgo.

Además de analizar el calzado de los niños, bolsas para maquillaje y cajas de lápices, el laboratorio de Berlín evaluó muestras del eje del E09-039/10, un vibrador azul suave. Fue uno de los cinco juguetes sexuales, cuatro de los cuales arrojaron altas concentraciones de DEHP.

El vibrador azul tenía un 55 por ciento de DEHP según su peso, mientras que otro vendido como "El príncipe encantador" tenía un 63 por ciento.

Muchos expertos se sienten incómodos hablando del tema en público, pero todos concuerdan en que es probable que los juguetes sexuales aumenten el nivel de ftalatos general presente en los adultos, y en el caso de las mujeres embarazadas, podría afectar al neonato.

Los científicos están empezando a entender mejor cómo ingresan los ftalatos en nuestros cuerpos. Uno de los principales canales podría ser la comida que comemos. En un estudio alemán del 2006, tres voluntarios se abstuvieron de comer durante 48 horas, bebiendo sólo agua mineral, mientras se medían sus niveles de ftalatos en la orina.

Dentro de las primeras 18 horas, los niveles de DEHP se desplomaron y permanecieron bajos durante las 30 horas subsiguientes, lo que sugería que la comida era la fuente principal de ingreso de ftalatos al organismo.

"Estoy seguro de que la comida es la principal ruta de exposición al DEHP, pero picos en los niveles de ftalatos vistos en el estudio muestran que también hay otras rutas de exposición. Sospechamos que los ftalatos están llegando a los alimentos por medio de los plásticos usados en las etapas de procesamiento," dijo Dr. Holger Koch, que dirigió el estudio.

CON LA MISMA VARA

A pesar de la evidencia emergente, algunos en la industria química niegan que haya un problema.

"La Unión Europea ha confirmado que el DEHP no presenta riesgo general para la salud humana," dice el sitio de la industria DEHP Information Centre, que es administrado por el Consejo Europeo de Plastificantes e Intermedios (ECPI, por su sigla en inglés), y representa los intereses de productores incluyendo Oxea de Alemania y Akrema de Francia.

Pero la gerente de ECPI, Maggie Saykali, adopta una postura más matizada, enfatizando un cambio en Europa hacía ftalatos más seguros, como el DINP.

"La evidencia científica muestra una y otra vez que su uso es seguro. El peligro es que todos los ftalatos están siendo medidos con la misma vara", dijo Saykali.

Algunos productores han comenzado a sustituir los ftalatos de más alto riesgo con aquellos que los científicos piensan que presentan un riesgo menor.

Según la agencia de registro con sede en Helsinki, el DEHP hoy en día constituye el 18 por ciento de los ftalatos en Europa occidental, una disminución del 42 por ciento respecto de 1999. El uso de DINP, que tiene una cadena química más larga, está creciendo.

Pero incluso el DINP -producido por compañías como BASF de Alemania y ExxonMobil Chemical con sede en Estados Unidos- no se salva de las sospechas.

"La información científica respecto de los ftalatos DINP (...) es escasa o conflictiva, pero no puede excluirse que presentan un riesgo potencial si son usados en juguetes y artículos para niños," dice la directiva sobre juguetes de la UE del 2005.

E incluso si ftalatos como el DEHP son retirados paulatinamente de circulación por los productores europeos, pueden de todos modos ingresar en Europa mediante productos importados, de los cuales casi dos tercios provienen de Asia y principalmente de China.

"Si un producto que no sea un juguete es fabricado afuera de la UE e importado, hay muy poca protección -una notificación a las autoridades y no mucho más. El proceso de retirar sólo unos pocos químicos de alto riesgo tomará varias décadas a este ritmo", dijo Schaible de EEP.

"Quienes toman las decisiones propusieron en octubre del 2008 que se retire una docena de sustancias, pero las medidas solo estarán implementadas para algunas de éstas para el 2016", añadió.

DERECHO A SABER

Para proteger mientras tanto a los consumidores europeos -o ayudar a la gente a protegerse si están preocupados por los químicos en sus productos- la UE ha instituido precauciones de transparencia, leyes para poner la información sobre la composición química de productos a disposición de cualquier consumidor que la solicite.

Pero Vito Buonsante, del grupo de abogados activistas ClientEarth, dice que estas leyes de "derecho a saber" fueron ampliamente despojadas de sus poderes desde un comienzo, debido a presiones industriales.

Y tal como lo demuestra el estudio de la Oficina Europea de Medio Ambiente, virtualmente nadie en la UE ha escuchado siquiera sobre ese derecho, ni los compradores que se supone deben formular las preguntas, ni los minoristas quienes se supone que deben ofrecer las respuestas.

Además de patrocinar los análisis de laboratorio, el EEB envió 158 solicitudes de "derecho a saber" a 60 vendedores minoristas europeos entre abril y agosto de este año.

Más de la mitad no respondió en absoluto, y sólo el 22 por ciento ofreció una respuesta que satisfizo los estándares mínimos establecidos por la ley.

"En la práctica es extremadamente complicado, incluso para las compañías que quieren cumplir con la normativa, enterarse de la presencia de químicos peligrosos en los productos que vendemos. Hay multas previstas por no proporcionar la información, pero hasta ahora estas precauciones han sido ignoradas", dijo Buonsante.

Fuente: http://espanol.news.yahoo.com/s/23102010/2/n-health-reporte-especial-cie...

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