Entérate el por qué es importante remojar los granos antes de cocinarlos

Remojar los granos es una manera de copiar lo que hace la naturaleza, de manera que no solo se remueven los inhibidores y las sustancias tóxicas sino que los alistamos para mejorar su potencial nutricional replicando las condiciones para germinar. Al remojar minimizamos o eliminamos sustancias que suelen tener un efecto negativo a nivel digestivo y nutricional. También, con el remojo se logra también mejorar la producción de enzimas beneficiosas que a su vez incrementan la disponibilidad de vitaminas y de muchos minerales, dado que la semilla se coloca en condiciones para germinar.

Así mismo, tanto con el remojo como con la fermentación, el gluten y otras proteínas difíciles de digerir se descomponen en partículas mas sencillas que son más fáciles de absorber. Por lo que remojar antes de cocinar, facilita nuestra digestión y fácil absorción de los nutrientes, aparte de ayudar a que la cocción sea más rápida.

Consejos para un buen remojo de alimentos:

Colocar los granos, nueces o legumbres en agua tibia, una proporción de 4 veces agua por una de granos es la recomendable.

Para las legumbres y granos añadir, salvo en el caso de las lentejas, colocar con el agua un medio ácido, ya sea limón o vinagre de manzana.

En el caso de legumbres, de ser posible, añadir al remojo con agua un trozo de alga Kombu o Kelp, lo cual mejorará mucho la digestibilidad. También es positivo utilizar algas en la cocción de las mismas para evitar la producción de gases o flatulencias luego de comer.

Para el remojo de las nueces es aconsejable usar sal marina en proporción de una cucharada por cada dos tazas y media de agua utilizadas para remojo.

Dejar remojar a temperatura ambiente. Los tiempos de remojo varían entre ocho y veinticuatro horas. Cuando los remojos son largos se debe cambiar el agua cada ocho horas y descartar dicha agua.

Luego de remojar, enjuagar con agua pura y un toque de vinagre de manzana.

Las nueces una vez remojadas se pueden conservar en nevera por unos tres a cinco días, para conservarlas mas tiempo pueden deshidratarse, de manera ideal en un deshidratador o secándolas completamente al sol para lo cual van a requerir varios días, de no ser viable ninguna de las anteriores, se pueden poner en horno a la más baja temperatura posible.

Fuente: Cocina y Vino

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