¿Ser sincero con tu pareja? Las mentiras nos hacen más felices

Según Marianne Dainton, profesora de la Universidad de La Salle en Filadelfia, las parejas más sinceras son, normalmente, las menos felices. Tras realizar docenas de estudios sobre la comunicación en las relaciones de pareja, Daiton ha llegado a la conclusión de que la sinceridad llevada al extremo es una gran fuente de insatisfacción. En un reportaje al respecto en el Wall Street Journal, Dainton explica que no todas las mentiras son satisfactorias, pero sí son convenientes aquellas que nos hacen evitar una pelea.

Este tipo de mentiras piadosas cumplen una función que solemos pasar por alto: sirven de barrera protectora. Son mentiras u omisiones que se realizan con la intención de proteger a la persona a la que queremos, o a nosotros mismos, de una situación desfavorable para ambos, que aparecería si dijéramos la verdad. Este tipo de mentiras han existido siempre, y seguirán existiendo, pero de un tiempo a esta parte hemos aceptado la idea de que es mejor ser completamente sinceros. Algo que la mayoría de psicólogos considera un error.

Cuando mentir es una buena idea

Para el psicólogo Esteban Cañamares está muy clara la frontera entre las mentiras beneficiosas y las perniciosas: “Las mentiras son positivas mientras eviten roces y conflictos innecesarios y siempre que no hagan daño o sirvan para aprovecharse de la otra persona”. En su opinión, mentir es, de hecho, algo de lo más normal en nuestro día a día y no tenemos que sentirnos mal por ello. “Es muy difícil estar pendiente de no mentir nunca”, explica el psicólogo. “Hay que hacer un esfuerzo tremendo para ser sincero al 100% y cansa muchísimo. No podemos contarlo siempre todo. Es más económico mentir”.

En opinión de Cañamares, lo importante en una relación de pareja es encontrar un término medio entre las mentiras positivas y las negativas, y fiarse del sentido común: “Las cosas de estética son ejemplos típicos. Si nuestra pareja nos pregunta si sus pechos son los más bonitos que hemos visto nunca, aunque los de nuestra primera novia fueran mejores, es preferible contestar con un sí. Si la intuición te dice cállate, lo mejor es hacerla caso”.

Hay temas, no obstante, sobre los que nunca debemos mentir. Según explica Daiton, debemos evitar siempre mentir sobre asuntos financieros o adicciones, pues son cosas sobre las que sólo podemos mentir de forma egoísta. Respecto a la mayor de las mentiras, la infidelidad, antes de decir nada debemos pensar las circunstancias de lo que ha ocurrido y por qué ha ocurrido.

Eligiendo la mentira adecuada

A la hora de establecer una barrera protectora tenemos dos opciones: mentir activamente o dar la callada por respuesta. Para Cañamares no hay mucha diferencia entre una y otra cosa, pues dependerá de la intensidad de lo que se esté ocultando. Si tienes un hijo y no se lo has dicho a tu pareja no estás mintiendo activamente, pero es algo más grave que decir que no te gusta su nueva falda, aunque no sea cierto.

No obstante, según un estudio publicado en el Journal of Social and Personal Relationships en 2009, si hay una importante diferencia. Según la investigación, el 71% de las personas a las que su pareja les había mentido de forma frontal consideraban que el asunto había creado distancia entre ellos. Sin embargo, el hecho de que sus parejas mantuvieran algo en secreto, pero no mintieran, sólo creaba distancia en un 43% de los encuestados. Según el líder de la investigación, el profesor de comunicación de la Universidad de Illinois, John Caughlin, “cuando un persona miente abiertamente sobre algo puede convertir algo inocuo en un problema importante”.

El truco a la hora de mentir u ocultar una información a nuestra pareja reside en pensar en términos económicos de coste-beneficio. Siempre debemos hacernos la misma pregunta: la información que tenemos entre manos ¿va a ser más dañina para la relación si la mostramos o la ocultamos? “Es bueno practicar la mentira de vez en cuando para coger soltura”, explica Cañamares, “pues hay ocasiones en que es mejor mentir para proteger a la otra persona y protegernos a nosotros mismos”. Si la omisión puede afectar a nuestra intimidad, aunque nos cueste un conflicto, es mejor que hablemos del tema. Pero si decir la verdad sólo va a servir para hacer daño a nuestra pareja, lo mejor es callarse. Como bien dice el refrán: “en boca cerrada no entran moscas”.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/05/02/ser-sincero-c...

DJ

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