El G-20: Árbitro de la economía mundial para enfrentar la crisis

La decisión de poner al G-20 en el centro de las decisiones económicas supone, de hecho, un cambio en la estructura económica internacional, que hasta ahora tenía el grupo de los siete países más ricos y Rusia, el llamado G-8, como el foro donde se tomaban estas decisiones.

Pero la debacle financiera que apareció tras el hundimiento de Lehman Brothers, hace un año, hizo necesario la instauración de un nuevo foro en el que tuvieran voz los países emergentes, y el elegido fue el G-20, un grupo que hasta entonces había pasado desapercibido de la escena internacional.

Del G-20 forman parte naciones emergentes como China, India, Brasil, México y Argentina.
Ahora, gracias al acuerdo alcanzado en la cumbre de Pittsburgh, el G-20 se constituirá como el principal foro de cooperación económica mundial.

"Esta decisión -explica la Casa Blanca - pone sobre la mesa la necesidad de construir una economía mundial más fuerte, más equilibrada, así como de reformar el sistema financiero y mejorar las condiciones de vida de los más pobres".

En paralelo, el G-20 ha decidido reforzar otras instituciones financieras internacionales, y entre ellas el Consejo de Estabilidad Financiera, que en abril ya se decidió que incluyera a todos los países del G-20, lo que ahora ocurrirá también con el Foro Mundial de
Transparencia e Intercambio de Información.

Este foro mundial es un órgano vinculado a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Economico (OCDE) que trabaja para la transparencia y cooperación en materia fiscal.

El Consejo de Estabilidad Financiera, por su parte, se convertirá en la herramienta central del G-20 para impulsar reformas del sistema financiero mundial.

La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de Pittsburgh arrancó ayer con una cena de trabajo, y concluirá hoy con la difusión de un comunicado con los acuerdos a los que ha llegado el G-20.

Entre otros puntos incluidos en el borrador de declaración, figura la necesidad de exigir una mayor capitalización de la banca, vincular los salarios de los directivos de los bancos a objetivos a largo plazo y poner en marcha medidas que permitan desarrollar un crecimiento sostenible y equilibrado.

Además, se quiere reformar el sistema de voto del Fondo Monetario Internacional (FMI) para dar más peso a los países emergentes. EFE

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