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Carlos Blanco: La cuestión política esencial: el covid-19

Carlos Blanco: La cuestión política esencial: el covid-19

No hay cuestión en Venezuela que supere a la pandemia en importancia y premura. El país es un barco a la deriva, en medio de la niebla y la tempestad, que no se sabe dónde está ni adónde se dirige; mientras los piratas han tomado control de la sala de mando y, divertidos, cuando no lanzan por la borda a grupos de pasajeros para el almuerzo de los tiburones, los convocan para que –entre ellos- jueguen la ruleta rusa. La actitud del régimen respecto del covid no es producto de equivocaciones, de yerros involuntarios, sino que ha entendido a la perfección que también su manejo es un efecto de poder. Como sujetos con pensamiento estratégico, seguro no saben cómo manejar la enfermedad; pero sí saben cómo el desastre pueden usarlo a su favor.

Se comete una equivocación al suponer que se puede operar el tratamiento de la enfermedad como un tema humanitario, separado de la política. Hoy no hay asunto más profundamente político que la pandemia porque el poder define en términos gruesos a quiénes impacta y a quiénes no. La enfermedad no es política; la forma en la cual afecta a los ciudadanos sí lo es, porque depende de factores del contexto. Cuando las opciones son hambre segura en el encierro o enfermedad probable a campo descubierto la decisión es terrible porque las dos opciones son malas. Cuando no hay equipos por el despilfarro y el robo; cuando se prefiere pagar a la defensa de Alex Saab antes que traer vacunas; cuando se niega un entendimiento amplio en el marco del mecanismo Covax; en todos estos casos está la política y el poder.

El régimen ejerce su fuerza no solo en el manejo autoritario del confinamiento sino en la ausencia de relación con la comunidad científica organizada, al dejar a la intemperie a los profesionales de la salud, al esconder las cifras, y hasta llegar al abuso por parte de funcionarios que se toman un video para demostrar su trabajo… en la entrega de una mascarilla por persona a los profesionales de la salud. Mientras tanto, intenta eliminar la opción de que factores políticos, económicos o sociales, no gubernamentales, ayuden a aliviar la situación. Esto les quita poder.

La semana pasada sugerí en este mismo espacio una tregua humanitaria. La idea es que aun en la guerra que libra Maduro en contra del país podía caber un espacio para manejar la pandemia, entre el régimen y las fuerzas que se le oponen. Dije entonces: “Estuve y estoy de acuerdo porque la tregua es un momento de las guerras. El régimen libra una guerra contra el país y manipular con la vacuna, con la cuarentena, con fantásticas curas, mientras centenas de miles se enferman y no se sabe cuántas mueren, es un crimen brutal. Si se puede llegar a esa tregua para curar los enfermos, enterrar los muertos y preservar los vivos, hay que hacerlo”. Desde luego, no creo que haya sido una propuesta que concitara interés alguno en los actores relevantes; pero la creí oportuna y útil.

De no darse algo como lo propuesto, lo que va a quedar inexorablemente, para hoy, para mañana o para pasado mañana, es la fuerza humanitaria, desplegada sobre la base de la Responsabilidad para Proteger (R2P) y el Título VII de la Carta de Naciones Unidas que reza: “Artículo 39. El Consejo de Seguridad determinará la existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión y hará recomendaciones o decidirá qué medidas serán tomadas de conformidad con los Artículos 41 y 42 para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”.

“Artículo 41. El Consejo de Seguridad podrá decidir qué medidas que no impliquen el uso de la fuerza armada han de emplearse para hacer efectivas sus decisiones, y podrá instar a los Miembros de las Naciones Unidas a que apliquen dichas medidas, que podrán comprender la interrupción total o parcial de las relaciones económicas y de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, radioeléctricas, y otros medios de comunicación, así como la ruptura de relaciones diplomáticas”.

“Artículo 42. Si el Consejo de Seguridad estimare que las medidas de que trata el Artículo 41 pueden ser inadecuadas o han demostrado serlo, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas”.

Se conoce que Rusia y China pueden paralizar cualquier decisión en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero una campaña mundial con la exigencia de cesar la doble devastación que sufre Venezuela –la del régimen y la de la pandemia– señalan un curso político que podría alterar las relaciones domésticas de poder.

Casi todos los países del mundo han vivido o viven una situación de catástrofe por la malignidad del covid-19. Muy pocos países viven una doble catástrofe como es el caso de Venezuela: Maduro y la pandemia. Es el momento de centrar todos los esfuerzos en luchar contra esta enfermedad brutal. No se trata de “usar” la pandemia para arrinconar al régimen, sino de arrinconar la pandemia y hacer que una tregua se imponga o la fuerza internacional lo haga. @carlosblancog (Foto: Pixabay)

Carlos Blanco:La cuestión política esencial: el covid 19