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Carlos Blanco: Proyecto político en el gremio empresarial

Carlos Blanco: Proyecto político en el gremio empresarial

La Asamblea Anual de Fedecámaras, celebrada el pasado 20 de julio, tuvo especial impacto por las aristas políticas que adquirió. La presencia de la representante del régimen pareció la causa del escándalo; pero, si se le ve bien, es apenas la consecuencia de una visión que la cúpula empresarial ha adoptado en los tiempos recientes. Delcy Rodríguez no llegó allí porque la invitaron y ¡oh, sorpresa!, aceptó la invitación. No, llegó allí como parte de un viraje político de la cúpula empresarial que tiene su expresión más acabada en el discurso del saliente presidente, Ricardo Cussano.

El ahora expresidente sostuvo que “debemos asumir un compromiso con el país, sin importar el ataque de los radicales, o si la comunidad internacional no entiende lo que está sucediendo”; también que “tenemos que rescatar el voto como la única vía de solución de diferencias”. Además de una defensa del “diálogo” con el régimen para resolver los problemas. Esta es la agenda de la directiva gremial y, curiosamente, la del régimen también. Como se sabe, “los radicales” es la designación-código para etiquetar a los que procuran el cambio de régimen o lo que se llamó en tiempos idos “el cese de la usurpación”. Se plantea así, sin más, el reconocimiento de Maduro como presidente por parte de la cúpula empresarial, que es la condición que este pone para sentarse a hablar. Concedido.

Argumentan los doctrinarios de esa cúpula que quien levanta el teléfono en Miraflores es Maduro y que ese hecho no se puede desconocer. Aquí introducen una falacia: sí, Maduro está en Miraflores y una cosa es reconocer un hecho de fuerza –Pérez Jiménez y Hitler por unos años respondían también el teléfono– y otra es otorgarle legitimidad. Argumentan que hablan con ellos para relanzar la economía, pero, ¿dónde quedan las miles de empresas cerradas, confiscadas, expropiadas, arruinadas? ¿Dónde está la defensa de los medios de comunicación –empresas también– como Radio Caracas Televisión y El Nacional, los portales censurados para poner solo algunos ejemplos? ¿Dónde queda el compromiso por la libertad, en general, la de los presos, la de los exiliados, la de los arruinados?

A veces dicen que lo suyo es la economía, que la política se la dejan a los partidos. Argumento falaz como pocos porque Fedecámaras ha sido un actor político, como le corresponde, desde siempre, porque ha formado parte de la estructura de poder de la sociedad. Ha sido actor político cuando ha asumido la representación de empresariado y ha sido actor político cuando ha confiscado esa representación para defender los intereses parciales de su cúpula; en todos los caso ha sido un actor político. Fue parte de “los radicales” al lado de la CTV y la Iglesia; ahora es parte de la cohabitación.

Por otro lado, en presencia de un personero del régimen, desestimar el compromiso de la comunidad internacional con el rescate de la democracia en el país, es música celestial para los que atienden el teléfono en Miraflores. Si la cúpula empresarial estima que la comunidad internacional no entiende lo que está sucediendo, lo que hace es desechar en una frase lo que ha costado tanto construir y que ha significado muertos, torturados, enjuiciados, exiliados, aprisionados, y perseguidos. Ha sido con su sacrificio que los gobiernos y partidos de muchos países han vuelto sus ojos hacia Venezuela y se han sumado a la causa de la libertad de los venezolanos.

La polvareda levantada llevó a algunos ilusos a afirmar que, bueno, menos mal, Fedecámaras es noticia nacional. La verdad es que el grueso de la opinión pública reaccionó en contra. El nuevo presidente del gremio, Carlos Fernández, hizo un discurso interesante porque intentó rectificar –dada la presión pública de “los radicales”– el mensaje de su predecesor al plantear temas como la vuelta a la democracia. Lo hizo con una arrogancia que no le conocía y con la condescendencia de quien sabe la verdad y se lamenta que los ignorantes no la alcancen con facilidad. Como dice Álvaro Benavides, un buen discurso para una Venezuela que no existe.

Sin embargo, el nuevo presidente de la cúpula empresarial hizo un planteamiento falaz: dialogamos porque no tenemos otra opción; algo así como la muletilla del extinto José Vicente Rangel: “o nos entendemos o nos matamos”. Falacia que supone que la única alternativa a no entendernos es matarnos; traducido en lenguaje actual: o dialogamos o nos matamos. El problema es el diálogo para qué, quién dialoga y cuál es la agenda. ¿Está la libertad y la democracia en la agenda? ¿Cómo se dialoga con un régimen criminal si no hay fuerza y sin procurar construirla? Por cierto, para eso, para tener una porción de esa fuerza sirve también la despreciada comunidad internacional.

Hay diálogos de diálogos. ¿Está ese diálogo encaminado a la liberación de Venezuela o a la articulación ventajosa con el régimen? Se dirá: nuestra responsabilidad es defender a los agremiados, “no hacer política”; muy bien, ¿y cómo se defienden los agremiados si no se defiende la libertad, la propiedad privada y el estado de derecho? ¿Cómo se defiende a los agremiados frente a un régimen que los aplasta?

Hay un tema esencial en todo esto. La representación del empresariado es para defender al sector en su conjunto y lo fundamental, irrenunciable, lo que toca la esencia del ser del empresario es la libertad, el derecho a la propiedad y la vigencia de la institucionalidad, no para defender los intereses parciales de algunos empresarios, su proyecto político de poder o el acomodo circunstancial con el régimen. Este es el asunto y no otro.

Carlos Blanco: Proyecto político en el gremio empresarial