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Daniel Limongi: En defensa de nuestros sistemas

Daniel Limongi: En defensa de nuestros sistemas

Yuval Noah Harari es un historiador israelí autor de “Sapiens: De animales a dioses”, un libro en donde se plantea la evolución de nuestra especie desde la aparición del primer Homo sapiens hasta nuestros días. Nuestro paso de recolectores a agricultores, nuestra adopción de la escritura como medida para preservar conocimientos y cómo nos organizamos para que, a pesar de que existan millones de personas que no se conocen, aún así se pueden llegar a acuerdos de convivencia.

El autor plantea que todos nuestros sistemas están basados en lo que nosotros imaginamos y no en un hecho objetivo como una ley natural, a esto él lo llama como un fenómeno intersubjetivo, “algo que existe en el seno de la red de comunicación que conecta la conciencia subjetiva de muchos individuos”. En palabras sencillas, son una serie de creencias que nosotros hemos decidido aceptar y tomar como ciertas, a pesar de que en muchos casos no haya un hecho objetivo que lo demuestre.

Esto se puede resumir en dos cosas: La primera es que nuestra supervivencia como especie se debe a que nos hemos podido poner de acuerdo en un marco normativo, y segundo que éste marco es sumamente frágil porque depende que el colectivo lo tome como cierto.

Vamos con dos ejemplos sencillos que usa Hannah Arendt a la hora de hablar de los sistemas más mortíferos del siglo XX. Primero el nazismo. Alemania de 1918 no era una sociedad nazi que quería dominar a Europa basándose en una teoría sobre la raza, pero producto de una teoría que se empezó a esparcir por las ciudades alemanas y con un líder populista y una campaña de propaganda, inició un régimen de terror que asesinó a millones de personas, Europa quedo devastada y Alemania siendo dividida entre los vencedores.

El estalinismo tiene un surgimiento parecido. La Rusia zarista de 1900 no era una gran unión de repúblicas soviéticas, sino un país aún feudal que era dominado por una monarquía, pero en cuestión de 18 años y con una revolución de por medio, Rusia se convirtió en la URSS y comenzó un proceso en el que hubo millones de muertos, guerras y varios fracasos económicos que llevaron a su disolución a finales del siglo XX.

Ahora bien, si vemos cómo llegaron y se mantuvieron en el poder nos encontramos con que ambos sistemas se sustentaron en lo mismo: una ideología que era aceptada por sus miembros. Sí, usaban la fuerza, pero no era la base sólida para mantenerlo. Ambas permitieron que un grupo elevado de personas se unieran por un objetivo y murieran por él. Una acabó con una monarquía y el otro derrumbó una débil democracia y llevó a su país a una guerra. No hubo coerción para que miles de jóvenes alemanes se unieran a las SS o a la Gestapo, hubo fiel creencia a que ellos debían luchar y morir por su patria y su raza.

Ahora bien, volvamos a lo nuestro. En este momento la democracia y nuestro sistema de valores se ven atacados. En las redes sociales hay varias voces que siguen llamando al fin de la democracia tal y como la conocemos. Desde grupos que abogan por la dictadura como modelo necesario, hasta grupos que quieren cambiar el sistema penal para beneficiar sus intereses llevándose por el medio años de estudios y la presunción de inocencia.

Claro, me dirán que son teorías que solo son aceptadas y compartidas por un grupo minúsculo de personas en foros de internet. Sí, pueden tener razón, el problema es que eso era el QAnon en sus inicios.

En sus inicios, el QAnon era un grupo de personas que se la pasaban buscando explicaciones en foros de internet y que vieron a este usuario Q como su mesías. Pero con el tiempo, la pandemia y Trump, el QAnon pasó a ser aceptado hasta por el 30% de los republicanos. Para que entiendan la magnitud del tema, 30% de los republicanos creían que había un cabal pedófilo en las filas del partido demócrata y por ende Trump debía quedarse en el poder para acabarlos. Imaginen que ese número hubiese aumentado al 70% de los republicanos y que estos se hubiesen organizado. Imaginen que Trump viendo esto hubiese aceptado abiertamente esto y hubiese iniciado un movimiento más radical para “limpiar el pantano”.

En palabras sencillas, parte importante del país hubiese aceptado cambiar los cimientos en los que se basan sus instituciones porque confían fielmente en una teoría nueva y en un líder que se vende como el salvador. Todo esto sin coerción alguna.

Puede ser apresurado preocuparse, al final, Trump y el QAnon fueron derrotados, pero fueron un aviso.

Y son un aviso de que nuestros sistemas tienen puntos débiles y las redes pueden explotarlos. Fake news, la postverdad y la polarización son el coctel de los autoritarios de nuestra época. Saben que es la mejor forma de crear dudas, generar pasiones y unir a los grupos para tu agenda, y es por esto que es deber de todos pararlos con tiempo.

Es deber de los medios retomar su credibilidad, es labor de los políticos fortalecer las instituciones y es deber de todos combatir a estos movimientos peligrosos teniendo como norte la defensa de los principios que como especie y tras décadas de trabajo se han perfeccionado y han logrado unirnos para permitir que todos busquemos nuestra felicidad en libertad. @dald96

Daniel Limongi: En defensa de nuestros sistemas