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Pixabay Venezuela

Egildo Luján: ¿Es la Constitución un documento de máxima burla y permitido incumplimiento?

En estos días, a título de opinión y curiosidad, entrevistamos a varios estudiantes de los tres niveles educativos, primaria, bachillerato y universitaria, con base en un tema del mayor interés para cualquier venezolano: " La Constitución Nacional ". ¿Objetivo?: posible interpretación o comentarios de los muchachos y jóvenes estudiantes¿Resultado?... Tristeza, decepción y una gran preocupación.

Los estudiantes de primaria, niños entre 6 y 12 años, no tenían ni idea de lo que se les preguntaba. Ellos obviamente, conforman una generación que no ha sido motivada a tratar el tema. 

Años atrás, en cambio, tal planteamiento se trataba en el cuarto grado de primaria. Sucedía cuando se impartía una materia que se denominaba " Formación Social, Moral y Cívica". Entonces, se instruía al estudiante acerca de la importancia de ser un buen ciudadano. Además, era obligatoria la lectura e interpretación básica sobre la Constitución, deberes y de los ciudadanos. Se trataba como la más acertada respuesta a lo que denominaban buena educación, mejor conducta y excelentes modales. 

Como parte de esa materia, también era obligatoria la lectura y el aprendizaje con base en el contenido de un inolvidable producto académico, como es   "El Manual de Carreño", sin duda alguna, un avanzado bien para la época y que, actualmente,  sería tan valiosa su lectura, como todo lo que una sociedad cualquiera necesita   para corregir el vigente y predominante menosprecio al respeto, mientras nadie se ocupa de detener el avance incontenible de la chabacanería.  

Lo increíble es que existen hogares en los que el tratamiento del tema, sencillamente, es calificado de "pavoso y de oxidación familiar". Es decir, todo lo contrario a lo que en otros momentos de la historia del país, y cuando se analizaba el tema educativo, se le consideraba indispensable para la formación de  los niños, por aquello de que  es a esas diversas etapas de la vida infantil  cuando más y mejor se asimilan durante la enseñanza, los conceptos morales y el comportamiento de por vida en un ambiente de valoración del respeto al prójimo, como de la convivencia familiar y social. 

En cuanto a los estudiantes de bachillerato, comentaron que, en cuarto y quinto año,  parte de su formación académica se rige por una materia identificada como "Formación para la Soberanía Nacional", y que, si se quiere, se imparte  con mucha ligereza, por no calificarlo de superficialidad y despreocupación.  

Alguno de ellos, sin entrar en el tratamiento del origen de su expresión, hizo un comentario que, obviamente, no dejó de inquietar, sobre todo, cuando lo relacionó con los componentes de la formación, la instrucción y la enseñanza en un ambiente en el que la escasez de educadores es "otro" mal nacional: "duele decirlo de esta manera, pero hay quienes, entre reclamos y observaciones, siempre terminan expresando lo mismo: al final, todo se soluciona a punta de real".  

En cuanto a los estudiantes universitarios presentes, los que están comenzando la exigente carrera de Derecho, concluyeron la amena, respetuosa e interesante conversación puntualizando que, en cuanto al tema lectura, aprendizaje, acatamiento y  cumplimiento de la Constitución, todo se circunscribe al hecho de que, "al final, todo da igual entre leerla y preguntarse si luego servirá para lo que la necesitamos como sociedad". 

En términos generales, el resultado de este intercambio de apreciaciones concluyó evidenciando que todos los que se atrevieron a intervenir, sin excepción, consideraron que el tema o la materia constitucional, definitivamente, es "poco importante". Y, en su debida oportunidad, le dedicaron atención y cruda reflexión alrededor de la aceptación de que si se trata de "leerla y aprobarla", bastaría con dedicarle tiempo y atención a la ventaja que te ofrece la "victoriosa posibilidad" del caletre. Mejor dicho, del aprovechamiento de la buena memoria, ya que, "como todo sabemos, es un tema que la mayoría lo califica de pura paja". 

Muchachos, jóvenes -o chamos- al final de la conversación, de modo muy natural y propio de su particular interpretación de lo que se les propuso como "entrevista", además,  de cada 10 palabras, 5 suyas no eran precisamente una demostración del mínimo interés por evitar que lo dicho pudiera ser considerado -o no- vulgaridad. 

En conclusión, en términos generales, lo que se aprecia al sostener una conversación en lo descrito, es que una parte importante de la población venezolana no ha leído la Constitución, ni le inquieta la idea ajena de quienes consideran que deberían hacerlo. Deducen cuáles pudieran ser  -o son- sus deberes y derechos constitucionales, pero también creen que eso no impide  que la Carta Magna pueda ser -o sea- violada constantemente. Pero, como, al fin y al cabo, eso no plantea la posibilidad de que todo se traduzca en una consecuencia o en una determinada reacción, entonces, razones abundan para que se considere qué somos realmente como sociedad, y a qué se debe que la figura del Estado sea la que hoy se tiene por igual, dentro o fuera del territorio nacional.

Mejor dicho, esa es la ¿justificada? razón por la que en Venezuela, la población está constituida mayoritariamente por habitantes y no por ciudadanos con deberes y derechos, cuando la verdad es que,  a todos, por obligación, les corresponde cumplir y hacer cumplir con los mandatos constitucionales expresados en la vigente Constitución aprobada en el año 1999.

Pero, "tanto va el agua al cántaro, hasta que éste revienta". De hecho, durante el vigente régimen se ha violentado tanto la Constitución, que sería muy prolongado enumerarlas. En consecuencia, el Soberano, acosado por tantas carencias y desesperación, está despertando, y ya sabe que cuando se une en protestas o fuerza civil, no hay fuerza que lo detenga.

El 20 de diciembre del 2020 culminó la "CONSULTA" hecha al pueblo soberano a nivel nacional como internacionalmente, y con casi 7 millones de votos se aprobaron 3 mandatos de obligatoria obediencia ciudadana y cumplimiento, según la Constitución Nacional: 1-Cese a la usurpación, 2-Elecciones libres y debidamente supervisadas por autoridades imparciales, 3-Aprobación de ingreso a la ayuda humanitaria internacional. 

El Soberano sabe perfectamente que la vigente Constitución tan promocionada por el régimen, como por los partidos políticos de la oposición, les otorga claros derechos, que les son violados con mucha impunidad y descaro muy a menudo. Y sin pretender citar todos los derechos violados, basta con citar uno que es vital, y que no permite contradicciones ni leguleyismos, además de que deja claro y sentado, que el Soberano es el único dueño de los destinos de la Nación:  Articulo 5 de la Constitución Nacional: “La soberanía reside intransferiblemente en el Pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley"… Foto: Pixabay

Egildo Lujan Nava