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Captura Pixabay

Egildo Lujan Nava: El mundo en general y Venezuela en particular están en peligro

Si se hiciera un pequeño repaso de la situación política y social global, por sus efectos e incidencia en la vida cotidiana de la población mundial, se apreciaría que el mundo se dirige a situaciones muy peligrosas, y que podrían llegar a poner en riesgo la vida humana en el planeta. 

Desde esta tribuna, y no por mezquindad, sino por lo exageradamente amplio del tema, oteando al mundo desde la ventana venezolana se hace inevitable citar nuevamente lo que he  expuesto una y otra vez. Y es que lo que está planteado, equivale a la definición de un símil equivalente a una gran canoa que se desplaza sobre lagos y ríos, pero que, aun cuando está ocupada por una multiplicidad de remeros, todos ellos, aun cuando desempeñan su accionar simultáneamente, lo hacen con distinta fuerza, con diferente ritmo y desconociendo la distancia para el arribo a una meta consistente.

En otras palabras, al final, entre tanta participación y esfuerzos, la canoa no es otra cosa en la que no hay convergencia ni coincidencias, ya que lo que la dirección y voluntariedad describe realmente es la participación de individualidades dando bandazos para todos lados, porque el sistema de transporte, definitivamente, no sabe cuál es la dirección por la que se debería estar desplazando.

El resultado, finalmente, no podía ser otro. Y es que, entre equívocos y conductores que arrean hacia ningún sitio, todo se ha convertido en un gran espectáculo, y en otra inevitable coincidencia humana: la de centenares de miles de habitantes obligados a reaccionar, ante el convencimiento de que no se está avanzando hacia ninguna dirección. Sólo que se reacciona, como es inevitable que suceda, tal y como se aprecia desde hace cuatro años: huyendo en estampida hacia otros rumbos; hacia los lugares en donde, de paso, se encuentran con que  no había ninguna  organización para recibirles y darles cobijo, por lo que, finalmente, han terminado siendo un volumen de humanos representados por millones de ciudadanos sin saber a qué atenerse. 

Siete millones de venezolanos, finalmente, conforman esa cantidad de ciudadanos -en este caso de compatriotas- que hoy no están en condiciones de programar cómo pueden hacerle frente a su presente individual o familiar, y mucho menos a su futuro.      

Adicionalmente, los que no han podido irse del país, o aquellos que se resisten a formar parte de la migración, en un 90% vive en estado de pobreza y, de ese porcentaje, más de un 70% en pobreza extrema. En otra palabra, conforman dentro del país que les vio nacer en lo que se considera que no tienen otro calificativo social, como es que se trata de víctimas de "Crímenes de Lesa Humanidad" en su propio hogar. Es decir, de esa especie de holocausto silenciado u oculto por algunos promotores y responsables, y otros que han permitido que se acometa, indistintamente de que terminen -o no- siendo crímenes humanitarios. Porque, al final, siempre todo va a terminar dependiendo del gusto de quien los quiera tratar de tales, o de la calificación conceptual que se insista en aplicar entre los "ocupados ojos de los analistas, y de aquellos que les basta con actuar siendo indiferentes ante todos los delitos que sucedan  en el mundo entero". 

En el caso venezolano, la única solución de esta gran tragedia está plasmada, clara y precisa, en la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Está consagrada en los artículos 1, 5, 70 y 347, como lo sugirió la Iglesia Católica, por intermedio de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana. Lo planteó, describió y precisó cuando dijo que  al país había que REFUNDARLO, RECONSTITUIRLO y CONCILIARLO con la concurrencia de todos los sectores sociales y/o económicos del país, sin anteponer posiciones políticas o ideológicas a los de la Nación.

Es cierto, lo que propuso la Iglesia no se trata de soluciones fáciles, ni de procedimientos caprichosos. Porque hay que tomar en cuenta que Venezuela, independientemente de sus múltiples problemas internos, está acusada de haberse convertido en un centro promotor de otras situaciones que han afectado el orden internacional. De hecho, como referencia o mostrario de casos de este tipo, figura lo expuesto por el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, quien declaró que el 50% de la droga que ingresa en su país, sale de Venezuela, pero, además, que muchas organizaciones terroristas internacionales también están atrincheradas en ese mismo país.

Adicionalmente, según el mismo funcionario, el producto del tráfico desde Venezuela y de otros países en el mercado ilícito de drogas, como es el caso del oro, coltán y ciertos minerales, y que son generadores de grandes masas de dinero a nivel global, han logrado contaminar los sistemas financieros internacionales.  Ahora, esos problemas: ¿son acaso solucionables exclusivamente por los venezolanos, sin participación internacional, especialmente de instituciones y demás países que se sienten ser víctimas de los mismos presuntos delitos ?. 

Lo innegable, por tratarse de situaciones que exigen aclaratorias, responsabilidades y sanciones correspondientes, es que, además, existen determinados hechos a los que se les puede minimizar o ignorar. Y se trata de aquellos sucesos ante los que está pendiente una gran parte del interés global, como es el de las confesiones del Sr. Alex Saab y del ex General venezolano Hugo Carvajal (alias "El Pollo Carvajal"), especialmente por las eventuales consecuencias y posibles revelaciones que ambas personas, a partir de sus opiniones, puedan hacer señalamientos de complicidades venezolanas en el mundo del delito. 

A dichos personajes, por estar presuntamente relacionados con delitos en Venezuela y en representación del país, se les conocerá con mayores detalles y en su comportamiento, cuando pudieran ser extraditados a los Estados Unidos. Y cuando los respectivos juicios sean convertidos en la oportunidad para despejar dudas y evidenciar responsabilidades y culpabilidades.

Ante estos hechos, por otra parte, que  dejan entrever la existencia de severas consecuencias en el orden mundial y específicamente en el caso venezolano:  ¿qué hacen las grandes naciones o las organizaciones mundiales, como es el caso de  la Organización de las Naciones Unidas, de la Comunidad Europea, la 0rganización de Estados Americanos, y de tantas otras?. 

Indiscutiblemente, la indiferencia e inacción y, en algunos casos, obvias evidencias de complicidad pudieran contaminar con los mismos vicios a todo el Continente Americano, como al Europeo. ¿0 es que acaso puede ignorarse la muestra evidente de lo que ha estado sucediendo en España, que ya tiene fiebre por el incidencia del llamado virus chavista venezolano y altamente contaminante? 

Lo cierto es que toda esta situación, definitivamente, ya no aguanta más discursos ni pérdidas de tiempo. La diversidad de mascarillas a las que se echa mano para hacerle frente al Covid-19, sin duda alguna, pudiera ser funcional, y dependiendo del uso que puedan dispensarle quienes le teman al virus chino. Pero en el caso de aquello en lo que se traduce la evolución política internacional, y que tiene sus particulares características en Venezuela, la única vacuna funcional y eficiente contra esta otra pandemia, sin duda alguna, se llama DEMOCRACIA, JUSTICIA Y PROGRESO, todos impuestos y respaldados  por el orden mundial de países democráticos.

Países entre los que, por sobre las dificultades y los graves problemas de los que son víctimas, desde luego, no se puede ser indiferente, cuando, adicionalmente, se dan otros casos que no merecen distinto tratamiento al de acciones inútiles, y que promueven individuos como el diplomático Josep Borrel.

Inútiles, inconvenientes y perjudiciales se consideran acciones de cierto tipo, cuando el citado diplomático, obedeciendo a su rol de ministro y Alto Representante de la Unión Europea, decide enviar a Venezuela una “Misión de Observación Electoral" para supervisar unas elecciones regionales y que, por anticipado, han sido calificadas de ilegítimas, además de haber sido rechazadas mayoritariamente a nivel nacional e internacional. ¿Y la causa?:  por tratarse de "procesos controlados por un ente electoral sumiso y sometido a la voluntad  del régimen". 

Lo cierto es que, a partir de dicha decisión, al señor Borrel se le ubica en la lamentable posición de estarle haciendo un flaco servicio a un país que ha sido destrozado y arruinado por un régimen desconocido por la misma Comunidad Europea. 

Es decir, el funcionario recurre a una decisión política y administrativa para validar una acción, con base en la cual se tiende a legitimar la usurpación del poder y la continua propagación de daños al país. A la vez que, adicionalmente, deteriora la posibilidad de REFUNDAR Y DE RESCATAR  a Venezuela, otrora próspera y democrática nación latinoamericana, hoy urgida de  ser defendida y acompañada en la exigente batalla que rinde por el rescate de su libertad. Foto

Egildo Lujan Nava