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Egildo Lujan: Tenemos que refundar a Venezuela

¿Crisis?. ¿Caos?. ¿Error histórico?. ¿Desenfreno moral?. ¿Ignorancia política?. ¿Derroche económico?. ¿Implosión cultural?. En fin. ¿Cuál es realmente el problema integral que hoy agobia a Venezuela como un todo y a los venezolanos individualmente?. 

¿Por dónde habría que comenzar a trabajar si es que, finalmente, se repite la experiencia vivida y sufrida con Juan Vicente Gómez, hasta que emerge el "pare" que obliga a asumir responsabilidades, dedicarle tiempo al país y demostrar que sí habían ciudadanos dispuestos a dedicarle amor a lo que en ese momento, como hoy, también se le llamaba Patria?.

Lo cierto es que la pérdida de moral, de honestidad, de aprecio, de dignidad y de patriotismo es un fenómeno social digno de un estudio sobre lo que ha acontecido en Venezuela, durante el devenir de los últimos  22 años. 

Es un caso que muchos califican de único en la historia de los distintos países que conforman el Planeta. Y lo citan de esa manera, a partir de la apreciación relacionada con juicios aplicados a un país que durante sus últimos 100 años dejó de ser pobre, motivado a su escaso desarrollo tecnológico, administrado por gobiernos encabezados por  caudillos o dictadores, y pasó a ser  una nación teóricamente rica, estable, gracias, entre otras causas, a la aparición de una enorme riqueza petrolera. 

De igual manera, al hecho de que despierta gran interés internacional, haciendo posible lo impensable: y es que dicha riqueza se convirtió en una especie de activadora del mayor interés en la economía extraterritorial, mientras que distintas generaciones  de venezolanos pasaron a ser artífices de los cambios que necesitaba Venezuela. Sólo que la fácil riqueza impulsada por un motivo natural se convierte en un factor intoxicador, el Estado se hace omnipotente, sus administradores se convierten en caudillos con trajes de lujo, y cada Jefe de Estado pasa a ser la nueva versión de auténticos amos absolutos del poder.

Ciertamente, la Venezuela petrolera pasó a ocupar ciertos puestos de decisión en el ámbito económico mundial, hasta que la potestad del mando hizo posible la adopción del gran paso de la estatización. De igual manera,  la ciudadanía en gestación pasa  a ser un habitante de ocasión, y se monta la gran trampa de que el hecho no era aceptable, ni se podía permitir que en el país un Estado Petrolero fuera capaz de normar, regir e imponer su autoridad por sobre la voz de mando del Estado asistido por la vigencia constitucional, y, si se quiere, de la expresión representada por el tipo de mandante.

Lo que sí es verdad, es que los hechos, sucesos y consecuencias  de entonces, terminan luego en la Venezuela del presente: en un país desmoralizado y en ruinas. Y  que, adicionalmente, dependiendo del sistema de vida que se ha impuesto en el alma de cada hogar, según el ingreso familiar que hoy hace posible cada uno de aquellos habitantes que no ha podido migrar, pasó a ser inevitable que otros 6 (seis) millones dieran el paso de salir al mundo en procura de las oportunidades y opciones hacia el bienestar que aquí se esfumaron.

Sin duda alguna, el fenómeno del desarrollo acelerado causó grandes desajustes y cambios sociales, al transformar un pueblo de mentalidad rural, austero y humilde, y convertirlo en un pueblo ávido de progreso, auto dependiente económicamente,  permitiendo el desarrollo de una clase media fuerte, pujante, emprendedora, progresista y de vanguardia,  necesitados y urgidos de capacitación. 

De igual manera, se dio la posibilidad de desarrollar un programa de educación, con nuevas escuelas y universidades a lo largo y ancho del país. Se creó un programa de becas  internacionales para capacitar  estudiantes venezolanos en las mejores universidades del mundo.  A la vez que se configuró y  se instaló un proceso democrático de gobierno donde se pasa de tener gobiernos caudillistas y dictatoriales, a gobiernos de libre elección democrática regidos por una Constitución Nacional definitoria de deberes y derechos ciudadanos.

Desafortunadamente, ese próspero país, en los escasos 22 últimos años, registró un giro negativo de 180 grados, dirigiendo  su rumbo a una destrucción de todos sus sectores de la vida nacional,  tanto económicos como sociales, hasta pasar a ser una de las naciones más pobres y moralmente más comprometidas del continente. 

La gran y peor consecuencia ha sido la reafirmación de la pobreza y de la miseria, que  han afectado y transformado a aquel venezolano respetuoso y emprendedor, hasta convertirlo en el emblema de un pueblo desesperanzado e incrédulo, sin perspectivas futuras, a la vez que se siente formar parte de un país convertido en un caos y en "un sálvese quien pueda". 

Esa dura expresión es el efecto palpable de la enorme corrupción y del  deterioro moral  que evidencial el país en general. Es, si se quiere, la consecuencia  propiciada por un régimen autoritario, hábilmente aprovechador de la ventaja de no haber tenido ante sí una fuerza opositora eficiente, experimentada y confiable, y que le permitió convertir al país en una amenaza real a nivel mundial.

Mejor dicho, en la referencia global de ser el asidero donde el blanqueo de capitales, el narcotráfico, el terrorismo y la enorme diáspora, han obligado al resto de los países del  mundo a fijar sus ojos con preocupante atención cuestionadora,  de lo que es y acontece en un país llamado Venezuela. 

Ya no es posible rescatar y encauzar al país sin la tutela y la colaboración internacional que exige su compleja problemática. Se considera que debería darse, apoyando a un gran movimiento de la Sociedad Civil, sin sectarismos internos, integrando una representación de todos los sectores económicos y sociales. 

Se considera que ese sería el paso para poder iniciar una auténtica refundación del país, libre de ataduras partidistas, y que le  permita a los partidos políticos un receso para que se reconstituyan y se reorganicen, como sucede en las organizaciones necesarias en toda democracia. 

Lo que está planteado, es la conducción del país, teniendo como norte la protección y los beneficios ciudadanos, y actuando con responsabilidad y sin privilegios. Eso sólo se puede lograr a partir del desarrollo de un proceso Constituyente, tal y como lo contempla la actual y vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela

Hay que estar claros: no basta con intentar resolver la terrible situación venezolana, a partir de la creencia de que  únicamente se necesita cambiar al Presidente o cualquier autoridad regional, y dependiendo de unas elecciones de cualquier tipo: regional o nacionales.  

Previamente, es menester  una profunda reforma constitucional que resuelva, de fondo, toda la estructuración y conceptualización de un Estado Republicano. Y que defina, con claridad, los deberes y derechos ciudadanos, así como el alcance y las responsabilidades de todos los entes y autoridades oficiales; además de completar una auténtica descentralización y municipalización del país. Y que, adicionalmente, permita la indispensable participación ciudadana en el manejo y desarrollo del mismo. 

Hay un reto. Y se traduce en que los venezolanos no lograrán consolidar ni realizar con éxito la auténtica y necesaria REFUNDACION del país, además de orientarlo por la vía democrática y su desarrollo sustentable, si desatienden, como obligación,  la inevitable proyección del gran objetivo que significa la  conversión de la nación en una auténtica República democrática progresista del primer mundo. Foto

Egildo Lujan Nava