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Gabriela Calderón de Burgos: Comerciantes y tribales

Gabriela Calderón de Burgos: Comerciantes y tribales

El escritor e historiador Johan Norberg publicó su libro Abierto: La historia del progreso a fines de 2020, tal vez un mal año para publicar un trabajo cuya tesis consiste en que la apertura —a las nuevas ideas, a otras culturas, al comercio, a la experimentación e innovación— hizo posible el progreso humano. O quizás no, porque el año en que irrumpió la pandemia era precisamente el momento en que necesitábamos recordar por qué la apertura importa y siempre está amenazada. 

Los seres humanos somos por naturaleza sociables, colaboradores y esto nos predispone al comercio. Norberg señala como evidencia de esto que los chimpancés, por ejemplo, tienen la esclerótica (la parte blanca que rodea a la pupila del ojo) café para esconder su mirada de otros chimpancés. Los seres humanos, en cambio, tenemos la esclerótica blanca, exponiendo al público nuestra mirada, lo cual “sugiere que nos beneficiábamos de compartir información más que de mantenerla en secreto”.

Contrario a lo que nos dirían los neo-maltusianos, Norberg sostiene que mientras más personas hay en el mundo, mayor es la probabilidad de encontrar soluciones a los problemas actuales y del futuro. También, agrega, mientras más diverso es un grupo, más probable es que resuelvan problemas. 

Uno de los aportes importantes del libro es que reconoce que el progreso no es algo exclusivo de la cultura del mundo anglosajón: “Lo que ahora consideramos como Civilización Occidental es una combinación del legado filosófico de los griegos, religiones del Oriente Medio, interpretadas de manera creativa por los romanos en lo que ahora es Turquía, e ideas científicas prestadas de los árabes y chinos. Obtuvimos nuestros alfabetos de los fenicios, y nuestros números son llamados ‘numerales arábigos’ porque los aprendimos de los matemáticos en Bagdad, quienes los obtuvieron a su vez de los indios”.

El libro presenta recurrentes ejemplos de imitadores orgullosos. Norberg relata que en 1085 la ciudad de Toledo fue reconquistada por los cristianos y se convirtió en un importante centro de traducción, interpretación y debate de libros provenientes del mundo musulmán. Luego, entre 1150 y 1215, las primeras universidades del mundo en Paris, Oxford, Cambridge, Bologna y Salamanca empezaron a debatir y circular el nuevo conocimiento importado. 

Indica que el progreso se dio allí donde los gobernadores fracasaron en su intento de imponer su voluntad al resto, particularmente porque en lugares como la Europa anterior a las revoluciones Gloriosa e Industrial, había un continente demasiado dividido como para que cualquier gobernante o élite le pueda imponer una ortodoxia, cosa que sí lograron en la China unificada. La competencia entre los distintos reinos por estar a la vanguardia de la civilización, sostenía el filósofo Immanuel Kant, resultaba en que ninguno de ellos podía cerrarse al mundo sin perder poder e influencia en relación al resto.

Este libro es un curso en la historia del progreso humano, con un original enfoque que nos introduce a hallazgos en campos tan diversos como la historia de las ideas y las civilizaciones, conceptos básicos de economía, psicología evolutiva y más. Se percibe en el autor su fascinación con el ser humano tal y como es: con su capacidad innata para cooperar y su instinto tribal. 

elcato.org

Gabriela Calderón de Burgos: Comerciantes y tribales

(Foto: Pixabay)