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Gustavo Tovar-Arroyo: El objetivo final es conquistar a los Estados Unidos de América

La anuencia suicida de los nuestros: Estoy convencido que el secuestro histórico –criminal y ruinoso– que hemos sufrido en Venezuela fue ideado y planificado con mucha anticipación. No creo que haya sido el resultado de eventos espontáneos ni casuales. Creo además, hay demasiadas evidencias para corroborarlo, que el curso de eventos que estamos viendo en Perú, Chile y Colombia tienen relación directa con lo acontecido en Venezuela antes del chavismo: saqueos, sacudidas sociales, crispación política.

El comunismo, por diseño, entra en nuestras sociedades con la anuencia suicida de nuestra élite y con la ceguera oportunista del pueblo. Nada que lamentar cuando fuimos nuestros propios verdugos.

El ejecutor del plan:

Con el dinero proveniente del petróleo venezolano, el comunismo se expandió por América Latina sin esfuerzo. La conquista de Venezuela era primordial desde el punto de vista estratégico. Lo intentaron de todas las formas posibles: invasiones, guerrilla rural y urbana, partidos políticos, hasta que penetraron en el estamento militar y desde él presionaron al quiebre institucional y político del país. Golpes de Estado, presión social y política hasta que lo lograron.

El teniente coronel Hugo Chávez fue el ejecutor del plan. Un país absolutamente delirante lo benefició y apoyo hasta el suicidio nacional.

Nada que reprochar cuando fue nuestra inmoralidad la causante.

 

Un arrebato de crueldad:

Lo que está ocurriendo en Nicaragua: la detención descarada de líderes opositores por parte de la dictadura de Daniel Ortega es un reflejo del descaro –casi venezolano– que pueden desarrollar las dictaduras comunistas confeccionadas mucho antes de su llegada al poder. Atacan, encarcelan, asesinan sin remordimiento de ningún tipo. Sin duda, nos tomó por sorpresa, nuestras sociedades no estaban preparadas para un arrebato de crueldad tan profundo y prolongado.

Cien años de perfeccionamiento soviético combinado con malandraje, terrorismo islámico, narcotráfico y corrupción militar llegaron para quedarse.

Nada que reclamar porque este es el fruto evidente de no luchar, de someterse.

 

Las cínicas convivencias:

Todo, además, parece empeorar. La hegemonía criminal venezolana cada día evade más las sanciones económicas a través del narcotráfico y se burla de la persecución mundial que reposa sobre los criminales que la dominan. Por otro lado, unos se acostumbran al comunismo y otros se acomodan con él. El modelo soviético se tropicaliza y se esparce por Las Américas, ya vemos el fenómeno por todas partes, la gente ni siquiera se escandaliza, las elites se adaptan, quieren hacer negocios. Los hacen. Perú quiere ser como Venezuela, hay que echarle bolas a esa locura.

Los políticos de oposición, consciente o inconscientemente, ante su propia incapacidad de respuesta se paralizan: inventan, como Capriles, fraudes electorales o cínicas convivencias.

Nada que censurar si nuestro propio “liderazgo” político se arrastra.

 

La revancha comunista:

El objetivo final –que ya han logrado en gran medida– es conquistar a los Estados Unidos de América. Están muy adelantados. No sólo el narcotráfico ha entrado, también el fundamentalismo islámico y ahora el comunismo. Escuchar a políticos de esa maravilla de país, de la democracia más avanzada de la civilización, anhelar comunismo no es vergonzoso, es peor, es aterrador. ¿Cómo el país que derroto –luchando– al comunismo el siglo pasado ahora cede a la tentación y se deja vencer por su mentira?

Básico: porque el país está drogado, porque las drogas comunes y las psiquiátricas lo tienen dormido, porque no hay ni visión ni valores. Porque no hay ciudadanos sino autómatas.

¿Venezuela será el mundo entero? ¿Cómo evitarlo? Luchando… Foto: Pixabay

Gustavo Tovar-Arroyo