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Noel Álvarez: La esencia de la democracia

Noel Álvarez: La esencia de la democracia

Los procesos electorales recuerdan la esencia de la democracia y procuran una reflexión de la sociedad sobre cómo hacer prosperar una República.  El acto de votar constituye, solo una, de las condiciones necesarias para cumplir con los fines de la democracia. La presencia de instituciones, el estado de derecho, el respeto a las leyes, la libertad y autonomía en la información, son otras de las condiciones para la existencia de vida democrática en un país.

La función de la democracia es crear condiciones para que exista limpieza y legitimidad en la elección de los gobiernos. En los últimos años se ha expresado el reconocimiento mundial a los avances y transformaciones políticas en los países en los que los procesos electorales han jugado un papel relevante. Los resultados obtenidos mediante ellos contrastan con los cambios políticos logrados por medios no institucionales.

Los procesos electorales, transparentes, son las formas legales y pacíficas para disputar y discutir, en el terreno político, las diferencias doctrinarias e ideológicas de los diferentes partidos políticos que contienden por el poder público. Las elecciones son un instrumento clave para designar gobernantes mediante la participación de la ciudadanía y la interacción entre partidos y grupos políticos. Las elecciones son un factor importante para la democracia, aunque su celebración, no garantiza el carácter democrático de un gobierno o país.

Una razón importante de las elecciones es que, es imposible que una sociedad entera pueda tomar decisiones de manera unánime, adecuada y oportuna. Se requiere, por tanto, dar cierto poder de decisión a un individuo o a un grupo de ellos para que, como representantes del pueblo, gobiernen en favor de los intereses de toda la población. A través del curso electoral es posible no solo elegir, sino sustituir pacíficamente a un partido o a un candidato que cause inconformidad en sus electores.

Las elecciones representan un medio de control indirecto sobre la actuación de sus gobernantes, quienes al saber que el electorado puede en cualquier momento retirarles su apoyo, están obligados en alguna medida a moderarse en el ejercicio del poder y a tomar en cuenta las opiniones y demandas de sus electores. En los países democráticos las elecciones se hacen dentro del marco constitucional, permitiendo a los ciudadanos evaluar el desempeño de sus representantes, ratificando o sustituyéndolos en sus cargos.

El voto, como derecho y como deber, es el corazón de la democracia.  Jorge Domínguez, catedrático de la Universidad de Harvard, señala que: “La democracia es un sistema político que requiere de una amplia participación y contiendas electorales diáfanas y libres, para seleccionar a quienes nos gobiernen, y que permite que la mayoría ejerza el poder bajo un marco constitucional”.

Los argumentos anteriores, nos permiten reflexionar acerca de cuáles deberían ser las cualidades de un gobernante. Cicerón contestó esta interrogante hace mucho tiempo: “Hombre o mujer capaz de guiar la república, de inspirar el pensamiento y debe ser considerado aquel o aquella que posee los instrumentos para crear y acrecentar la fortuna de la república, y se vale de ellos”.  Yo agrego, el gobernante ideal, además de respetar la inteligencia y la dignidad de los ciudadanos, debe ser capaz de guiar los destinos de la nación en un mundo donde lo único estable y seguro es el cambio.

Auscultando la frágil, por no decir inexistente, democracia venezolana, uno percibe a simple vista que lo único seguro en ella es … que no hay nada seguro. El 15 de diciembre de 1999, los mandones de turno presentaron y aprobaron un proyecto de constitución que solo ha servido para perseguir y contener a quienes los adversan, porque a la hora de cumplirla, pareciera que fue confeccionada con materiales talla única, ya que, les da para todos sus gustos y placeres: secuestran referendos y personas, por igual; convocan, instalan y sepultan constituyentes, pero dejando vivos sus efectos; nombran y destituyen magistrados, fiscales y cuanto funcionario se les ocurre, como si de obreros no calificados se tratara. Estos pseudo demócratas viven quejándose de que, solo sus afines ideológicos confían en ellos. Consecuencia directa de su actuación, la cual, a lo largo de su mandato, ha hecho de la mentira y el engaño, sus pasatiempos favoritos.

Ojalá que el pueblo venezolano haya asimilado algo de esta trágica lección, esculpida por la realidad sobre su propia carne y que, una vez superada la pesadilla actual, espero sea pronto, nunca más se deje encandilar por charlatanes que vengan ofreciéndole espejitos y sueños, con el único fin de poder mancillar el honor de dos de sus damas más queridas…Constitución y Democracianoelalvarezcamargo.wordpress.com

Noel Álvarez: La esencia de la democracia

(Foto: Pixabay)