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¿Transición? Sí… ¿Hacia dónde?

Rafael Gallegos: ¿Transición? Sí… ¿Hacia dónde?

El siglo XXI es un siglo de transiciones, de caminos hacia estadios diferentes. Transición climática, energética, tecnológica. Y en Venezuela muy pendiente de la transición hacia la democracia.

Las rutas de la transición están planteadas por la dinámica, o por la imperiosa necesidad de sobrevivir. Es necesario tener claras las metas y las estrategias para para transitar exitosamente los caminos. Evitar que se materialice el decir del gato de Alicia en el país de las maravillas: el que no sabe para dónde va, todos los caminos son iguales. Y en el caso de la humanidad, equivocaciones en la transición energética y climática pueden significar incrementos de contaminación y temperaturas que afecten drásticamente nuestras vidas.

Los valores y las pasiones juegan un rol muy importante en las transiciones. Desde la época de las cavernas y sobre todo en los últimos siglos, la evolución de la tecnología ha subido por el ascensor y las pasiones de los seres humanos apenas lo han hecho lánguidamente por las escaleras. Claro que ha habido muchos avances sociales, a lo largo de la historia. Los hemos registrado en cuanto al racismo, la esclavitud, el rol de la mujer, la democracia, la conciencia ambiental, la preocupación por la pobreza. Pero muy superior ha sido el avance de la tecnología. Tal vez por ello nuestros valores y pasiones no están a la altura de su uso.  Así, todos tenemos una espada de Damocles nuclear en nuestra frente, una amenaza climática que puede elevar los mares acabando con miles de ciudades costeras, o convirtiendo la amazonia en un desierto. La pobreza y las dictaduras, siguen galopantes en buena parte del globo. El desarrollo de la tecnología de información es vertiginoso; pero su mal manejo lo puede transformar en vorágine.

Ya están naciendo los niños que serán hombres y mujeres de menos de ochenta años en el siglo XXII. De nuestra generación heredarán un peligroso cóctel de increíbles avances tecnológicos, mezclado con peligros globales llenos de fatalidad como no se han vivido.  Esperemos que se imponga la fuerza de la vida, se materialicen a tiempo las energías limpias, se modere el clima y la contaminación, se aleje el riesgo nuclear, se supere la pobreza y se impongan las democracias.

 

VENEZUELA, ENTRE EL AVE FÉNIX Y EL TOTALITARISMO

Venezuela se ha convertido en un sumidero de la problemática del siglo XXI. A los problemas descritos que padece la humanidad, agrega el que ha creado la “revolución” que nos ha convertido en casi un ex país.

Y decir ex país tiene su sentido. Haga una panorámica de los últimos veinte años : ex ingresos, ex empleo bien remunerado, ex vacaciones, ex nevera llena, ex seguro médico, ex periódicos y revistas, ex emisoras de radio libres, ex elecciones libres, ex alternabilidad de poder, ex hospitales sanos, ex presupuesto de su casa, ex jubilaciones, ex tarjeta de crédito, ex familias cerca, ex triunfos electorales coincidentes con pareceres de la mayoría,  ex carros en los concesionarios, ex haciendas, ex producción de alimentos en el agro, ex Pdvsa, ex refinerías y ex gasolina, ex empresas de hierro y aluminio, ex represa del Guri en óptimas condiciones, ex buen servicio eléctrico, ex buen servicio telefónico, ex compañías donde trabajar, ex crecimiento de la estatura de las nuevas generaciones (increíble que el 20 % de los niños estén desnutridos, ¿para eso era la “revolución”?), ex estrenos en diciembre, ex familia unida en Navidad, ex restoranes con la familia de vez en cuando, ex brindar un cafecito, ex esperanza de un futuro mejor. Parece que los venezolanos nos hubiéramos divorciado de la prosperidad y ésta fuera… nuestra ex.

Nuestra vida es ex, a excepción del hambre, el autoritarismo y el rompimiento de las familias por la diáspora.  Todo, fue. Todo es nostalgia. Todo es un pasado que, ante este desastre, hace la ilusión de observar a los adecos y a los copeyanos como ‘chúrchiles’, ‘rúsveles’, o ‘degoles’.

Pero estos ex no deben transformarse en ex patria. Al contrario, ese sentimiento de patriotismo debe estar más vivo que nunca porque es el que nos ayuda a mantener la lucha por lograr la principal transición que nos corresponde a los venezolanos, que es la transición hacia la democracia.

Porque aquí entre nos, el gobierno tampoco está bien. Sólo algunos enchufados; pero el gobierno no tiene presupuesto. Antes, con todos sus defectos manejaban ingresos equivalentes a decenas de miles de millones de dólares. El actual apenas llega a menos de ocho mil con un ingreso en las arcas fiscales que no supera cuatrocientos millones de dólares. Es decir, el gobierno está quebrado y sobrevive con la hiperinflación que le permite esas dádivas devaluadas que de paso ya ni engañan ni satisfacen a nadie.

Ante la evidencia de los hechos, el gobierno reconoce que todo está destruido, los servicios, los ingresos de hambre… la destrucción. Sólo que no asumen su responsabilidad y fanfarronean culpando a las sanciones de Trump, al bloqueo criminal, a la inflación inducida, a las iguanas terroristas. Al sabotaje petrolero, para justificar la increíble destrucción de Pdvsa, intentando fallidamente de ocultar el largo sabotaje gerencial de veinte años rociado de una corrupción tan gigantesca, que todavía entre ellos mismos se “privan de libertad”.

Toda una cuentología que han inventado para excusarse; pero que ya no engaña a nadie. Venezuela sabe que el desiderátum de esta “revolución” fue destruir al país “para comerte mejor”, como diría el lobo feroz. Pero se les fue la mano y ahora están tan quebrados como Cuba luego de la caída del comunismo soviético, a la cual Chávez le tiro un salvavidas de petróleo. El problema es que hoy nadie, nadie, los auxiliará como Chávez a Cuba. Si acaso un palo de madera. Y ellos lo saben.

¿Qué le ofrece la “revolución” a Venezuela para el 2030? Hablan de una Venezuela potencia, figura etérea que nadie cree. No ofrecen la mínima estrategia para levantar a un país cuya primera dificultad es desayunarse. Un liderazgo agotado que no manda sino asusta. Como Churchill tan solo pueden ofrecer sangre, sudor, y lágrimas, y contrario al gran estadista, represión y hambre. El modelo cubano. Puro Ave Fénix que se queda en sus cenizas. El final del camino populista socialista, al que sólo le queda para sobrevivir la ruta del totalitarismo.

 

LA HORA DE LA TRANSICIÓN

¿Transición hacia dónde? Hacia la Democracia.  Para ello es imperativo replantear las estrategias de la oposición. ¿Seguiremos sin participar en elecciones y perdiendo todos los espacios? ¿A cambio de qué?, ¿de una invasión… de un milagro, de un “arreglo” con Biden?

 Ya los líderes deberían estar rompiendo el marasmo popular. Es urgente que el liderazgo le explique a la ciudadanía las estrategias para recuperar la democracia. Ya basta de tanta desesperanza de tanta anomia.

Los líderes, o están en la calle exigiendo elecciones limpias y liderando (valga la mala intención de la redundancia), o explicando asertivamente cuál es el camino si no fuere el electoral.  Pero YA. Es urgente que el liderazgo le explique a la ciudadanía las estrategias para recuperar la democracia. Ya basta de tanta desesperanza de tanta anomia. ¿Seguirán los líderes separados en miles de archipiélagos y el pueblo desesperanzado?

¿Dejaremos pasar las elecciones regionales y locales y el revocatorio? ¿A cambio de qué?

Y cuantimás ahora que el gobierno está consciente de su fracaso, de que nadie los quiere y de que acabaron con los ingresos que alimentaban el presupuesto. 

¿Qué hacer? Ya basta de derrotas. El pueblo (y no los pobrecitos sino usted, su vecino y yo) se muere de hambre y de desesperanza. El cuadro de Venezuela es dantesco.  Es la hora de los cambios.

Es la hora de la transición y del cambio. Como dijo un dirigente en los noventa: el cambio viene, con nosotros, sin nosotros, o contra nosotros. Pero viene.

Cuidado con un sunami. (Foto: Pixabay)

Rafael Gallegos