Skip to main content
Pixabay Centavos de dólar

Rudi Cressa: En Venezuela el salario mínimo perdió representatividad como indicador de calidad de vida

El primero de mayo de 2021, se anunció un aumento salarial equivalente a 300 por ciento en términos nominales. Tras el incremento, el salario mínimo integral se ubica en 10 millones de bolívares soberanos, 7 millones de bolívares correspondientes al salario y 3 millones de bolívares al bono de alimentación. De acuerdo con el tipo de cambio de referencia publicado por el Banco Central de Venezuela, el nuevo salario integral equivale a 3,54 dólares mensuales o 12 centavos de dólar diarios.

Durante más de dos décadas se han realizado 55 aumentos de salario mínimo, en términos nominales; pero lo cierto es que ha sido pulverizado en términos reales. Para el año 1998, el salario mínimo venezolano equivalía a 337 dólares americanos. Durante los 23 años de revolución socialista, el salario mínimo calculado en divisas se ha reducido cerca de un 99 por ciento.

Mientras Nicolás Maduro declara su “empeño en recuperar el ingreso” y como han tenido que “parir los recursos” para decretar este aumento salarial, lo cierto es que este nuevo salario no cubre el costo de un cartón de huevos, un kilo de queso o un kilo de carne. El costo de la canasta alimentaria se ubica alrededor de 230 dólares, de acuerdo con las cifras publicadas por el CENDA, bajo estas condiciones se requerirían más de 45 salarios mínimos integrales para cubrirla.

No se manejan cifras exactas sobre qué porcentaje de la población venezolana percibe un salario mínimo. Sin embargo, este tipo de anuncios tienen efectos directos sobre las estructuras de costo, debido a las escalas salariales de las nóminas privadas y además incrementan los recursos necesarios para el pago de la nómina pública, que ya había recibido un aumento salarial de 50 por ciento en el mes de marzo. En una economía que transita su cuarto año en hiperinflación y en la que la mayoría de las transacciones comerciales se realizan en divisas, es cuestión de semanas para que este aumento pierda efecto en términos reales.

El salario mínimo venezolano ha dejado de tener representatividad como indicador de calidad de vida y sus efectos se evidencian de manera inmediata en los indicadores de liquidez monetaria. Dadas las restricciones presupuestarías del Estado, la reducción de los ingresos y la imposibilidad de acceder a financiamiento, el incremento en el gasto público como consecuencia de los decretos de aumentos salariales, ha venido siendo financiado de forma consistente a través de la emisión monetaria, lo que genera mayores presiones inflacionarias.

Entre las patologías macroeconómicas que experimenta Venezuela, se evidencia una pérdida en el poder de compra de las divisas que estaban siendo utilizadas como un mecanismo de cobertura. Las expectativas de los agentes, la inercia hiperinflacionaria y las condiciones competitivas de nuestra economía, entre otros factores, hace que, el coeficiente de traspaso entre la tasa de cambio y la inflación, sea superior a la unidad, lo que produce un fenómeno de apreciación real que se refleja en un incremento sostenido de los niveles de precios, incluso cuando se calculan en divisas. Ante la imposición del dólar americano como moneda transaccional, pareciera cuestión de tiempo para que la inflación en bolívares pierda fortaleza a nivel analítico y explicativo de la dinámica comercial y económica venezolana.

En cualquier economía los salarios deben ser determinados por la productividad de los factores, por lo que resultaría difícil visualizar una recuperación en Venezuela del salario en términos reales, dadas las condiciones de las industrias nacionales y las restricciones que enfrentan. La destrucción del aparato productivo venezolano y la pulverización del salario en términos reales, de cierta forma han interrumpido el flujo circular de la economía y han llevado a un porcentaje importante de la población a tener que depender de más de un ingreso, bonos, subsidios e incluso remesas, tan solo para poder cubrir sus necesidades básicas.

La recuperación económica, pasa en gran medida, por recuperar el  poder adquisitivo y lograr un aumento en los niveles de consumo, que a su vez permita incrementar de manera sostenible la producción de bienes y servicios, recuperar las industrias y generar empleos debidamente remunerados. Mientras no se tomen medidas integrales para la estabilización y recuperación económica, los aumentos salariales tendrán un efecto transitorio, que no tardará en ser absorbido por la hiperinflación. Foto: Pixabay

Rudi Cressa