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Captura Pixabay

Rudi Cressa: ¿Hay una sensación de mejoría en la calidad de vida del venezolano?

En las últimas semanas se ha hecho recurrente escuchar sobre una mejoría en las condiciones de vida de los venezolanos. Desde Nicolás Maduro diciéndole a nuestra diáspora que el país está mejor que nunca, hasta influencers y reconocidas encuestadoras que resaltan una mejoría sustancial en la situación económica de Venezuela.

Datanálisis publicó los resultados de una encuesta, en la que el 50 por ciento de los consultados asegura que sus condiciones son mejores respecto a los últimos dos años. Desde el año 2019 la dinámica económica venezolana ha experimentado una serie de cambios que, entre otros factores, obedecen principalmente a un proceso de dolarización de facto y de una flexibilización y permisividad a nivel regulatorio y de fiscalización.

La dolarización de facto se ha presentado como un factor determinante para generar esa sensación de mejoría en algunos sectores de la población. Muchas personas cobran sus salarios y honorarios o reciben bonos en divisas, lo que les permite de cierta forma poder asumir sus gastos y , en algunos casos, poder ahorrar.

Estos cambios han fomentado el surgimiento de nuevos modelos de negocio, entre los que podemos encontrar desde servicios delivery, pasando por nuevos establecimientos de comida, hasta un auge en el negocio de los llamados bodegones; lo que a su vez se refleja en un incremento en la oferta de una variedad de bienes y servicios que antes no se comercializaban en el país.

La competencia, de cierta forma, ha conducido a una mejora en la calidad y precios de estos bienes y servicios que, sin embargo, siguen siendo prohibitivos para la mayor parte de la población venezolana. Estos modelos de negocio, en su mayoría, se enfocan en la comercialización de productos terminados y su inversión se concentra en inventario de alta rotación y su capacidad de generar empleos es reducida, por lo que en muchos casos terminan funcionando como estructuras para la captación de divisas.

En el mes de agosto, la inflación fue de 10,6 por ciento, según el Observatorio Venezolano de Finanzas. A pesar de que la inflación se ha desacelerado, aún se registran índices de inflación de dos dígitos y Venezuela se encuentra atravesando el cuarto año consecutivo en hiperinflación.

Quienes no perciben ingresos en divisas son los más afectados. Los precios de los bienes y servicios aumentan de forma constante, los niveles de productividad interna son muy bajos, el aparato productivo se encuentra operando a menos del 20 por ciento de su capacidad instalada, producir localmente y llevar ese producto hasta un anaquel se ha convertido en una verdadera odisea y las divisas pierden poder de compra en el territorio nacional. 

Si bien es cierto que se han generado nuevos nichos y existen sectores de la población que pudiesen estar mejor que en 2018, lo cierto es que el país continúa atravesando la peor crisis económica e institucional de su historia moderna. La economía venezolana se ha contraído cerca de 80 por ciento en los últimos 7 años, el stock de capital físico se ha reducido de manera estrepitosa, hemos perdido una cantidad considerable de capital humano que migra en busca de nuevas oportunidades, de hecho,  la Plataforma de Control Interagencial de Naciones Unidas  (ONU) contabilizó un total de 5,7 millones de personas han salido del  país, a esto hay que sumar que nuestra  principal industria no es ni la sombra de lo que llegó a ser hace dos décadas.

En las diferentes regiones del país existe escasez de combustible y gas doméstico. La calidad de los servicios públicos deja mucho que desear y los cortes eléctricos forman parte del día a día de muchas familias venezolanas. Bajo estas condiciones, resulta difícil creer que el grueso de la población realmente se sienta mejor que hace dos años.

Muchos venezolanos ansían que se alcancen los acuerdos políticos que lleven a una reinstitucionalización y recuperación del país. El optimismo y la resiliencia son actitudes propias de una población que se niega a rendirse y que busca mejorar sus condiciones, a pesar de todas las adversidades. Una población que merece un país que este en la capacidad de brindar la estabilidad y las oportunidades necesarias para aspirar a una mejor calidad de vida, más allá de sensaciones y espejismos que no sean sostenibles en el tiempo. Foto

Rudi Cressa