Mejor de pie que acostada

Históricamente, las tribus y pueblos antiguos daban a luz a sus vástagos en posición vertical, ya fuera de pie, de rodillas, en cuclillas o sentados. Hoy en día algunas culturas siguen usando estas posturas, sobre todo en África, Asia y Sudamérica. Pero la medicalización del parto ha llevado a muchas mujeres a parir tumbadas. Esa horizontalidad se ha extendido también a las primeras fases del parto. Pero esta forma de traer hijos al mundo, además de no contar con la fuerza de la gravedad como aliada, podría restar eficacia a las contracciones del útero.

El último número de la revista publicada por The Cochrane Collaboration recoge una revisión de 21 estudios acerca de la duración de la primera fase del parto en parturientas que pasaban esa etapa en posición vertical u horizontal. En total, los ensayos, realizados en diferentes países desde la década de los 60 hasta 2007, sumaban 3.700 participantes.

"En la mayoría de países en desarrollo las mujeres están de pie o caminan a su antojo durante los primeros compases del parto sin que esto provoque efectos adversos", señala Annemarie Lawrence, especialista del Instituto de Salud de la Mujer y los Niños del Hospital Townsville en Queensland (Australia). "Esta revisión demuestra que estar en posición vorticial durante esta etapa tiene cierto beneficio y ningún riesgo", añade la autora.

Una hora menos

La preferencia por la postura horizontal se ha ido extendiendo debido a las numerosas ventajas clínicas que tiene. La monitorización del feto o de las contracciones, la palpación del útero o los exámenes vaginales son más sencillos si la madre está tumbada. Sin embargo, hay numerosas referencias en la literatura médica que indican que la presión del útero puede comprimir los vasos sanguíneos abdominales comprometiendo el riego y haciendo que las contracciones sean menos eficaces.

Al comparar la consecuencias de una postura y otra sobre la duración de la primera fase del parto, los investigadores se percataron de que para aquellas mujeres que permanecieron de pie, caminando o de rodillas esta etapa era de media una hora más corta, aunque en las primíparas este efecto era menos evidente.

Además, las parturientas que permanecieron en vertical necesitaron en menos ocasiones la epidural y una tasa sensiblemente más baja de cesáreas. No se observaron efectos sobre otros aspectos analizados, como las complicaciones o los problemas de los neonatos.

"Basándonos en estos resultados, recomendamos que se anime a las mujeres a adoptar aquella postura que les sea más cómoda pero evitando en la medida de lo posible estar tumbadas", concluye Lawrence.

Fuente:
El Mundo.es

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