Análisis de Vladimir Gessen: Chávez atrapado ¿sin salida?

Militarmente toda estrategia involucra una contienda con un adversario y de esta forma piensa el presidente Hugo Chávez y su entorno militar. Asimismo, toda estrategia implica escenarios de confrontación y el momento oportuno para aplicarla. Pero, una estrategia se puede derrumbar por no ejecutarse en el escenario correcto o en el tiempo oportuno, o por perder su comando.
De forma permanente, el comandante ha explotado dos escenarios: Uno, el del presente versus el pasado y dos, la lucha de clases, usando el odio social como motor de su revolución. A veces, adornada con “su amor a Venezuela”. El oficialismo además ha tenido hasta el presente un claro liderazgo, una propuesta: el socialismo, y una organización política –PSUV- en crecimiento.
Por el contrario, la oposición no definía un líder y mantenía una conducción colectiva. No había una propuesta nueva, confundiéndose con un “volver al pasado” y no enfrentaba ideológicamente al neo-comunismo o socialismo del siglo XXI de Chávez. Tampoco la oposición presentaba un cuadro organizativo para enfrentar al PSUV. La historia nos indica que los cambios profundos requieren de un planteamiento diferente al status anterior, una ideología (principios, conjunto de creencias o una propuesta), una organización política (o militar) y un liderazgo. Sin ellos no puede haber éxito. Ejemplos históricos sobran: Haya de la torre, el APRA y la Socialdemocracia, Betancourt, AD y el Plan de Barranquilla, Caldera, Copei y el socialcristianismo, Lenin, los bolcheviques comunistas y el Marxismo, Mao, el Partido Comunista Chino y el “Maoismo comunista, Pinochet, la Fuerza Armada y los “Chicagos’s Boys”, Fidel Castro, el Movimiento 26 de Julio y el antimperialismo marxista, el propio Bolívar, su Ejército Libertador y la Independencia. La oposición, sin líder, sin organización política y sin propuesta política –el “antichavismo” o “salir de Chávez” no lo son-, era imposible que desalojara al comandante del poder, por ninguna vía.
Al mismo tiempo, la oposición:
1. No había presentado ni popularizado una propuesta de futuro, distinta, viable y contrapuesta al oficialismo.
2. Se encontraba dividida.
3. La mayoría de los venezolanos opuestos al proyecto del presidente Chávez querían algo distinto: Un proyecto alternativo al gobierno, pero que no representara el pasado. Los venezolanos NO desean volver atrás. No quieren a Acción Democrática ni a Copei, ni a la forma de hacer política del pasado.

Ese es el escenario ideal de Chávez o de su sucesor en la conducción del PSUV: Presente versus Pasado: Su proyecto versus volver a ser gobernados por el adecopeyanismo. El problema que se le presentaba a la mayoría de venezolanos que ya no quieren a Chávez ni a su proyecto, es que tampoco quieren el regreso antihistórico al pasado. Esa es la realidad.

En 2004 quienes creemos en la información equilibrada y en el balance social nos planteamos originar una ola de pensamiento que promoviera grupos de tolerancia, fuerzas de Integración, movimientos de participación y de cohesión social y movimientos de amor social. Era necesaria la creación de un marco conceptual para la opción alternativa que defendiera los espacios democráticos, que impulsara a la sociedad a aceptar y regirse por la Constitución Nacional. Rechazamos cualquier opción golpista y manifestamos que la opción era democrática y lograr el cambio en libertad.

Para ello era indispensable evitar la lucha de clases y el odio social. Marx en su Manifiesto Comunista escribía que “Toda la historia de la humanidad… es una historia de luchas de clases. Opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de las clases dominantes”. Marx enseñó así el método: La lucha de clases. Luego, Lenin estableció otro parámetro: El odio de clases al cual denominó el motor de la revolución bolchevique, y Chávez le agregó la noción de estrategia militar del curso de estado mayor de la Escuela de las Américas: “Toda estrategia involucra una idea de presión, coacción, competencia o combate contra algo o alguien, de lo contrario, si no hay opositor o enemigo, no existe estrategia porque no habría contra quien aplicarla… Se debe alcanzar mediante operaciones Ofensivas, Defensivas, Directas, Indirectas, Debilitamiento, Inhabilitación, Engaños, Apoyos, Neutralización, Destrucción, Distracción, Penetración, Ruptura, Envolvimiento, Disuasión e Imposición”. Esto es muy importante, porque el segundo escenario de Chávez -o de quien haga su papel- es la confrontación.

La lucha de clases y el odio social son nefastos. Es el odio a la gente en función de su clase social. Ese odio trajo como secuela algunos de los mayores y más terribles genocidios perpetrados en todo el mundo. Hitler, quien era adverso a los comunistas, aplicó el odio como motor de su “revolución” nacionalsocialista (nazi). La diferencia fue que disimuló la lucha de clases, para diferenciarse de los comunistas, como una lucha racial contra las “razas inferiores” como definió a la judía pero, presentándoles como los ladrones comerciantes y como la oligarquía que había robado al pueblo germano. En el fondo fue mezcla de racismo y lucha de clases. El odio dirigido en contra de razas o de ciertas clases sociales o étnicas es similar. Se fundamentan en la clasificación de la gente. La idea es crear enemigos ficticios quienes pasan a convertirse en reales para quien cree esa “verdad”, esa diferenciación. Se culpa a alguien por pertenecer al grupo “mal visto” o “denunciado” y se promueve la mentalidad de “nosotros” contra “ellos”. Los judíos en Alemania o los “gusanos” de Cuba son los "Escuálidos" o los “majunches” en Venezuela. No es más que una astuta y programada manipulación política de la conducta humana por parte de líderes de gobiernos autocráticos para imponer su poder y sus doctrinas. De esta forma se crea el escenario perfecto para el chavismo: La sociedad se divide en “Majunches Vs. Patriotas” o “Burgueses Vs. Socialistas” o “Buenos y malos” distorsionando la realidad y dividiendo a la sociedad. Al fin y al cabo de lo que se trata es de “odiar al enemigo”… a los “cochinos”.
El problema del odio social que genera este método de lucha política es que su final previsible, cuando se han aplicado sus parámetros, será la violencia o la segregación en contra del grupo odiado. En otros casos peor: ha derivado en genocidios, en guerras (Alemania, Kosovo, Croacia, los Balcanes, Africa o Camboya), guerras civiles (España, EEUU) golpes de estado (Chile) o revoluciones sangrientas.
Por consiguiente, la oposición debe evitar caer en esta trampa. Chávez se encuentra en su momento político más peligroso. Es su hora decisiva y va a hacer cuanto esté a su alcance para imponerse usando todos los recursos que halle disponibles para mantener la revolución con él o sin su presencia. Conservar el poder para el PSUV significará su historia y su gloria. Esto es lo que está en juego. El combustible que le da fuerza y sentido a su lucha es y será el odio social. De esta forma no hay tregua y se mantiene la confrontación. De hecho, es su táctica. Aunque –en cada vez más contadas ocasiones- Chávez trate de hablar del “amor”, pero quizás como lo diría el Che: Hay que endurecerse, pero sin perder la ternura jamás…

Henrique Capriles como Chávez en 1998

El escenario de la Unidad

El grave problema del oficialismo es que todo cambió. Mientras el líder del PSUV se debilita, la oposición tiene ahora un líder inteligente y carismático, Henrique Capriles y un cerebro político encabezado por Julio Borges y Ramón Guillermo Aveledo. La Unidad cuenta con una propuesta clara de progreso y desarrollo para todos los venezolanos sin discriminaciones, y una maquinaria electoral muy poderosa. Ahora sí cumple los requisitos para liderar un cambio histórico. Además, representa el futuro. Su escenario natural es “Pasado (Chavez) versus Futuro (Capriles)”, donde el pasado es precisamente Hugo Chávez y su proyecto gastado, amen de la cuarta república. Por decirlo en el idioma chavista es la sexta república versus la quinta.

Hablando de idioma… La Unidad tiene ahora su propio lenguaje y el presidente se encuentra, al menos incómodo. La oposición ha logrado fijar la agenda del debate. Se acuerdan, antes la oposición solamente se pronunciaba sobre lo que Chávez hacía o decía. Ahora es al revés, Chávez lleva varías cadenas predicando –o más bien insultando- a Henrique Capriles y lo que hizo la oposición en las primarias, y tratando de “enseñarles” lo que deben hacer. Insiste que deben confrontarse, es decir traer a la MUD al escenario del enfrentamiento. Chávez explica, una y otra vez, que Capriles representa a la cuarta, a la burguesía, al imperialismo… o sea, que es el pasado y no el futuro, para intentar que el candidato de la unidad caiga en el escenario “Presente versus Pasado”, el cual el comandante requiere para ganar. Sin embargo, como llamar “pasado” a un hombre que está en los treinta. Cómo llamar “cuarta República” a Capriles que –aunque de oposición- derrotó a AD y a Copei en las primarias y ha gobernado es durante la “quinta República”. Cómo llamar del pasado a un lenguaje innovador, equilibrado, abierto, sin insultos, llamando al encuentro entre todos, hacia el progreso, el bienestar social, un lenguaje lleno de amor social, incluyente, hasta a quienes han estado con Chávez.
Es muy difícil que el oficialismo impida que Capriles sea percibido como la verdadera opción de futuro.
Lo peor para el gobierno es que esta opción de futuro hace suya y defiende la Constitución Nacional. Comparte y apoya los planes del gobierno que considera positivos y se opone a los actos de gobierno contrarios a la Carta Magna, o a los principios democráticos. Fomenta el amor social inspirado en la tolerancia, la integración, la cohesión social y en el pensamiento de Martin Luther King, Mahatma Gandhi o Jesucristo. Se dirige a las clases populares fundamentalmente. Elabora planes de estado alternativos al oficialismo. Procura convertirse en alternativa de poder, sea local, regional o nacional usando los mecanismos constitucionales. Se ubica en el centro político. Promueve la libertad. Cree en la solidaridad productiva, defiende la propiedad y le habla claro a las fuerzas armadas sin planes siniestros.

En 2004 nos declaramos parte de los “con-con”, que era otra forma de llamar a los “ni-nis”. Era en ese entonces complicado ubicarse en el centro político en Venezuela. Por un lado, los oficialistas radicales consideraban y consideran como su enemigo a quien no comparta al cien por ciento sus criterios y pensamiento. Por la otra parte, cuando se reconocía alguno de los aciertos del gobierno, los opositores le etiquetan de “chavista” a quien lo haga. Para esa fecha señalamos que el extremista asume una posición radical en cualquiera de los polos. Existen extremistas de izquierda y de derecha, del gobierno y de la oposición, de una u otra religión. El extremismo se asocia con fanatismo, intransigencia, sectarismo, intolerancia y obcecación. En aquellos días y hasta el 2008 aproximadamente, el oficialismo y la oposición nos “insultaban” llamándonos “chavistas” u “opositores” para cada caso. Entonces y durante varios años criticábamos el extremismo de emisoras radicales como VTV y Globovisión y, obviamente, ambos canales y sus dueños nos atacaron. Junto a los mal llamados “ni-nis” proponíamos llamarnos “con-con” porque en realidad estábamos “con” el amor social, “con” las libertades, “con” los derechos humanos, “con” la inclusión, “con” la tolerancia. En fin, “con” una nación donde -todos unidos- impulsáramos al país hacia el progreso económico y el desarrollo social.

Menudo problema tendrá Chávez o el candidato del PSUV si no lo puede ser el comandante, para lograr que quienes no estamos comprometidos con ninguno de los lados, votemos por el enfrentamiento o conflagración que el presidente pregona.

Si los venezolanos seguimos hablando de amor social y nos negamos a continuar con tanta peleadera y confrontación, Chávez -o su designado- se verá obligado a ir al escenario de amor social que plantea Capriles Radonski. Pero si esto pasa, el eje de la campaña presidencial que comienza a ser el gobernador de Miranda se consolidará y todo el proceso girará en torno a Capriles y no, -como hasta hace poco- de Chávez. Mucho menos si el PSUV tiene que improvisar un candidato.

La cuestión militar

La transformación que vive Venezuela no es cosmética. Es, por el contrario, muy profunda. En estos años se ha consolidado el poder militar, luego de más de 40 años sin interrupción de ejercicio del poder por parte del Poder Político. Los militares volvieron al poder en Venezuela, pero lo han hecho manteniendo un régimen de libertades y en buena medida respetando los derechos humanos.

Cuando Rómulo Betancourt tomó el poder en el 59, no fue él quien lo tomó: fueron los partidos. Rómulo pudo haber sido cambiado por Leoni, Caldera o Carlos Andrés, pues el poder lo detentaban los partidos. Ahora lo detentan los militares. Ellos mañana pueden remplazar o suceder a Chávez, igual que los partidos pudieron haberlo hecho con Betancourt. La diferencia es que a Chávez sólo lo puede sustituir ahora un militar activo, o retirado como Diosdado Cabello. Chávez tomó la decisión de gobernar con el sector militar y ellos aceptaron. Se convirtieron en gobernadores, ministros, viceministros, presidentes de institutos autónomos, embajadores, generales en jefe; en fin, administran los recursos económicos más importantes del país. Más reciente, y ante la enfermedad, el presidente Chávez ha consolidado al poder militar en su gobierno y disminuido la presencia en la jefatura del poder y del partido, de los líderes civiles. Bueno, el asunto es que el poder militar ha ocupado el espacio que antes tenía el poder político y es difícil que éstos ahora lo suelten.
Es por esto que un triunfo de Capriles Radonski preocupa. Sin embargo, creemos que en Venezuela se encuentran dadas las condiciones para una profunda transformación, pero es preciso abandonar a toda costa el pasado. Esa es la condición para poder salir del presente y poder saltar al futuro. El sector militar mantendrá una cuota importante de poder hasta tanto los otros poderes se nivelen y el poder político recobre su espacio, junto al social y el económico. El periplo puede durar años, sobre todo si no se presenta la estrategia adecuada.
Ahora bien, de lo que sí estamos seguros es que el sector castrense, ninguno de sus generales, tomará el camino de desconocer la Carta Magna. Nadie querrá el destino de Muamar el Gadafi, de Hosni Mubarak, o vivir los momentos actuales de Bashar al Assad en Siria. Tampoco se han olvidado los casos de Hussein y de Pinochet. El mundo contemporáneo no aceptará una dictadura en Venezuela, ni los venezolanos lo permitiremos. Eso lo saben los cuadros de mando de las fuerzas armadas. También están al tanto de que ningún golpe militar desde 1957 ha tenido éxito en Venezuela. Desde el del del 1° de enero del 58, pasando por el del general Castro león, el Carupanazo, el Porteñazo, entre otros movimientos conspirativos hasta el del mismo Chávez el 4 de febrero, el de noviembre de 1992 y el de abril de 2002. Militarmente no se puede tomar el poder en nuestro país. Son los movimientos populares quienes se quedan con el poder. Si el pueblo vota mayoritariamente por Capriles, significará que entre los militares -que también son venezolanos- Capriles tendrá mayoría de simpatizantes. Por ello, el alto mando reconocerá a quien gane las elecciones, pero eso sí, no permitirán que se les atropelle y exigirán apego a lo pautado en la Constitución Nacional y algunas garantías. Si Chávez puede ser candidato y gana las elecciones, se mantendrá el cuadro actual y si triunfa Capriles quien ha demostrado gran habilidad política, no dudamos será capaz, en su condición de comandante en jefe de las fuerzas armadas y presidente, de lograr las bases conjuntamente con el alto mando castrense para un entendimiento cívico militar. Se establecerá sin dudas un equilibrio de fuerzas.

Vladimir Gessen

Vladimir Gessen
Director General de Informe 21

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