Venezolanos de Miami no parecen dispuestos a volver a su país

Pero cuando se les pregunta si regresarían a su país si llega a ocurrir una transformación real, muchos dicen que ya no se pueden imaginar su futuro en Venezuela. Han luchado para restablecer sus carreras en este país, o han descubierto que pueden dedicarse a otras cosas. Se han adaptado a la cultura estadounidense y sus hijos que han crecido aquí.

“Creo que nosotros ya estamos inexorablemente marcados por el exilio”, dijo Vilma Petrash, quien huyó de Venezuela en el 2004. “Como exiliados, nos enraizamos en la nueva realidad, un poco por la fuerza de la circunstancia, pero terminamos escogiendo con muchísimo amor al país que nos dio la oportunidad de tener libertad, de tener democracia, y de poder criar a nuestros hijos en paz, en democracia y con oportunidades”.

Claro que hay excepciones, como José Antonio Colina, presidente de la organización Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (VEPPEX). Colina, un ex oficial de la Guardia Nacional de Venezuela, dijo que regresaría inmediatamente a su país si se estableciera un cambio de liderazgo político y un sistema judicial autónomo.

“No tengo ninguna intención de mantenerme en Estados Unidos”, dijo Colina, quien arribó a Miami en el 2003. “No he querido hacer absolutamente nada que me ate a este país. Mantengo una condición transitoria”.

A propósito, Colina no se ha casado. No tiene hijos. Vive en un apartamento alquilado. Pero él mismo reconoce que son pocos los que han decidido vivir como él.

El antropólogo Alex Stepick, quien ha estudiado a comunidades de inmigrantes en Miami por tres décadas, opinó que uno de los factores más importantes que podría mantener a los exiliados en Estados Unidos es la economía.

“Para aquellos con trabajos, suele ser una decisión fácil porque casi siempre tienen un trabajo aquí y no tienen uno esperándoles allá”, dijo Stepick, un profesor en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y Portland State University. “En cambio, los empresarios tienen más facilidad de regresar, y muchos han operado sus negocios a larga distancia con visitas ocasionales para cuidar las operaciones [...] Para ellos, un actitud de esperar y ver es más probable”.

El año pasado, en anticipación de las elecciones presidenciales en Venezuela, el capítulo en Miami de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) realizó una encuesta entre los venezolanos en el sur de la Florida. Se les preguntó si regresarían a su patria si el candidato de la oposición, Henrique Capriles Radonski, ganaba las elecciones contra Chávez.

El 95 por ciento dijo que no regresaría.

“Es explicable, porque ya nuestros hijos, nuestras familias, nosotros mismos, nos hemos culturizado a este país”, dijo Mena, secretario ejecutivo de la MUD en Miami. “Hemos hecho una gran inversión en tiempo, en estudio, en trabajo para salir adelante aquí. Yo pienso que es muy difícil, por más que uno quisiera regresar a su patria y comenzar de nuevo allá, porque regresar es comenzar de nuevo”.

Mena, por ejemplo, fue diputado al Congreso Nacional de Venezuela. Cuando llegó a Miami hace 11 años, repartió pizzas y pintó casas mientras esperaba su permiso de trabajo. También volvió a la universidad para sacar una maestría.

“Han hecho sus vidas aquí, y les ha ido bien en Miami”, dijo Eduardo Gamarra, profesor de Ciencias Políticas de FIU. “Le han dado una nueva personalidad a Miami”.

Datos del Censo de Estados Unidos indican que la comunidad venezolana tiene mayores niveles educacionales y económicos que la mayoría de otros grupos de inmigrantes hispanos en el sur de la Florida. También ha sido una de las comunidades de mayor crecimiento desde que Chávez llegara al poder en 1999. En los condados Miami-Dade y Broward, la población venezolana creció de unos 30,000 a más de 70,000 entre el 2000 y el 2010.

Muchos venezolanos se han concentrado en Doral, donde el año pasado salió electo el primer alcalde venezolano, Luigi Boria. El miércoles, Boria dijo que no puede imaginarse volver a vivir en Venezuela, ya que ha residido en la Florida por 23 años.

Le gustaría poder regresar de visita pero teme por su seguridad. Como muchos venezolanos, Boria ha sido asaltado a mano armada en las calles de Caracas y aseguró que no ha vuelto desde aquella experiencia, en el 2007.

“Ha habido una destrucción de la sociedad”, opinó. “El problema social es un problema de mal liderazgo”.

Gamarra dijo que una mejoría en la seguridad podría motivar algunos venezolanos en la Florida a regresar a su patria. En comparación, dijo que durante los años 90, miles de colombianos se mudaron a Miami, huyendo la violencia del narcotráfico.

“Pero para mediados de la decáda del 2000, volvieron a Colombia, en gran parte porque las condiciones económicas y políticas mejoraron”, señaló, refiriéndose a las políticas bajo el gobierno del ex presidente Alvaro Uribe.

Stepick mencionó el caso de Haití tras la caída del gobierno del presidente Jean-Claude Duvalier, cuando también había un ambiente de esperanza de un cambio democrático en el país.

“Muchos inmigrantes haitianos regresaron, si tenían los recursos, para ver cómo estaban las cosas, pero concluyeron que no habían suficientes mejoras y que les iba mejor en Estados Unidos”, dijo Stepick.

Muchos de los exiliados venezolanos dijeron que agradecen las oportunidades de progresar en este país, aunque el proceso fue difícil.

Petrash, por ejemplo, había sido profesora universitaria en Venezuela. Cuando llegó a Miami en el 2004, empezó a dar clases en Miami Dade College y eventualmente se convirtió en productora para América-Tevé, del Canal 41. Recientemente fue contratada como vocera de la Ciudad de Doral. Ahora, cree que está en una posición donde puede ayudar a otras personas que llegan a Doral en búsqueda de oportunidades.

“El regreso se hace muy difícil cuando tu hijo tiene 20 años y está estudiando en la universidad”, dijo Petrash. “Cuando tu hijo pequeño tiene 14 años y sueña con ser estrella de fútbol. Cuando tus hijos son parte de este país ya, y cuando tú misma has pasado por este proceso de reinvención”.

Lorenzo Di Stefano, propietario del popular restaurante el Arepazo 2, dijo que emigró por sus hijos, y no por razones políticas.

En el 2000, la familia de Di Stefano se mudó a Sarasota para que sus pequeños hijos participaran en una academia de tenis.

“El plan original era pasar un par de años en Estados Unidos, y volver a mi país”, dijo Di Stefano. “Pero estando aquí, empecé a ver lo que pasaba en Venezuela y, en definitiva, me dejó tomar la decisión de quedarme”.

Entonces, la familia se mudó de Sarasota a Miami, donde pronto se adaptaron al “ambiente bastante latino. Te puedo asegurar que me siento en casa”.

Fuente: MELISSA SANCHEZ/ http://www.elnuevoherald.com/2013/03/06/v-fullstory/1424064/venezolanos-...

DJ

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