Vladimir Gessen: 'Estados alterados' en tiempos de Trump

Presidente de Estados Unidos Donald Trump

Observando el comportamiento del presidente Donald Trump, no podemos dejar de pensar en la conducta que siguieron Lenín, Stalin, Mao, Fidel Castro, Chávez, Kim Jong Un, Hitler, Mussolini, al igual que otros líderes autoritarios que fueron extremistas a lo largo de la historia. El extremismo es adoptar ideas extremas en política. El extremista asume una posición radical en cualquiera de los polos sean de izquierda o de derecha. El extremismo se asocia con el fanatismo, intransigencia, sectarismo, intolerancia y obcecación. Los extremistas propugnan el odio social contra ‘enemigos' ficticios, que se crean para luego culpar a alguien por pertenecer a ese grupo “mal visto” o “denunciado”. Se promueve la mentalidad de “unos” contra “otros”, y allí nace el odio social. En la Alemania nazi los judíos fueron culpados por Hitler, como los responsables por los males de Alemania. En Cuba, Fidel Castro inventó a los “gusanos”. En Venezuela, para Chávez fueron los “escuálidos”. Así un pueblo unido en su identidad deja de serlo para dividirlos entre “patriotas y “traidores”, generando el odio social y creando la ‘enemistad’ entre los iguales. Se viola así la Constitución americana y la Carta de los Derechos Humanos, al practicar la discriminación. Pero el extremismo no es el único 'estado alterado', existen mas trastornos...

En la historia han existido presidentes alterados. Las personas “mesiánicas” tienden a mentir por cuanto necesitan crear un entorno irreal el cual les permita “salvar” al mundo que los rodea, y terminan asociándose con la Mitomanía. Los mitómanos son mentirosos patológicos. Van de mentira en mentira, elaborando relatos y explicaciones que llegan a creerse ellos mismos. Solo tienen una verdad absoluta: La propia. Se sienten por encima del bien y del mal.
De acuerdo con el Manuel Diagnóstico de enfermedades mentales (DSM-V), el Trastorno Afectivo Bipolar define a una persona que tiene episodios maníacos de euforia y los alterna con períodos de tristeza. En las fases eufóricas, muestra una autoestima exagerada, habla sin parar, exaltado, vehemente, y se deja llevar por sensaciones de grandeza. Amenaza a otros, es hostil y mantiene conductas inadecuadas. El individuo pasa de la euforia a la depresión de manera cíclica. Hugo Chávez fue un ejemplo de ello.

Otro estado alterado es cuando una persona siente desconfianza de todos, sospeche y se preocupe excesivamente que le vayan a hacer daño, dude acerca de la lealtad de sus cercanos, tenga temor injustificado a que lo traicionen o interprete alcances sombríos a partir de circunstancias o sucesos normales. Los psiquiatras llaman a este conjunto de síntomas Trastorno Paranoide de la Personalidad. Joseph Stalin ordenó la muerte de todos sus allegados.

Cuando un individuo viola los derechos de otros, no se adapta a las normas legales, miente, engaña y manipula a los demás con tal de conseguir algún provecho, toma decisiones sin pensar las pérdidas que pueda causar, sea impulsivo, violento y su conducta arriesgada, se manifieste seguro de sí mismo, arrogante, competitivo, sea mal perdedor y actúe creyendo que el fin justifica los medios, en psicología se le llama Psicópata, en sociología, Sociópata, y en psiquiatría, su estado se denomina Trastorno Disocial o Trastorno Antisocial de la Personalidad.

Cuando una persona necesita compulsivamente ser el centro de atención y trata de expresar sus opiniones con emotividad y teatralidad, y sea profundamente egocéntrica, el término científico es Trastorno Histriónico de la Personalidad. Fidel Castro entra como ejemplo en esta y otras categorías.

Un comportamiento de grandiosidad, con una elevada, más bien exagerada autoestima, necesidad de admiración y auto enamoramiento, fantasías de éxito ilimitado, poder absoluto, sentimientos de ser superiores, de hablar en extenso y con detalles inmorales o inapropiados padece el Trastorno Narcisista de la Personalidad.

Los ataques de ira que se caracterizan por episodios coléricos y violentos, en los que la persona no puede controlar estos impulsos de falta del control mental y emocional, sufre del Trastorno Explosivo Intermitente. Lo padecieron Mussolini y Hitler.

La Organización Mundial de la Salud define con la palabra comorbilidad a la coexistencia en una persona de más de un trastorno psiquiátrico, como la mayoría de los autócratas y dictadores de todas las épocas.

Lamentablemente, el discurso de los ‘alterados’, es sorprendentemente escuchado por las sociedades. Hitler se hizo del poder ‘democráticamente’ en Alemania, la sociedad más culta para la época de Europa. Lo mismo ocurrió en Italia y en Venezuela, los italianos encumbraron durante décadas a Mussolini y una buena parte de los venezolanos votaron repetidamente por Chávez, hasta su muerte.

El peligro radica en que no es el líder quien más preocupa, sino que una mayoría de los ciudadanos de un país voten por él, porque asumen su forma patológica de pensar y actuar. Esto es lo grave. La historia nos demuestra que sí, definitivamente los pueblos a veces se suicidan

.
¿Conoce o recuerda a algún presidente con estos síntomas?...

Vladimir Gessen
Psicólogo. Analista.
Otros artículos de Vladimir Gessen

Categoria: