Taquillero e inagotable cine bíblico
- Aquilino José Mata
- hace 1 día
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Ya cercana la Semana Santa, es oportuno referirse al cine bíblico, un productivo subgénero que cuenta con numerosos títulos memorables, un apreciable filón de recaudación que Hollywood ha explotado desde los albores de la industria hasta hoy. Su mayor auge fue en la década de los años 50, con títulos tan representativos como Quo Vadis (Mervin Leroy/ 1951), El manto sagrado (Henry Koster / 1953), El cáliz de plata (Victor Saville/ 1954), Los 10 mandamientos (Cecil B. De Mille/ 1956) y Ben-Hur (William Wyler/ 1959), entre muchos otros.
Y en los 60, se produjeron sucesos de recaudación como Barrabás (Richard Fleischer/ 1961) y La historia más grande jamás contada (George Stevens/1964), por sólo mencionar dos de los más resaltantes de esta década.
En los años 70, el tema siguió interesando a Hollywood, aunque en menor escala y con diversas propuestas formales o estéticas, como los musicales Jesucristo Superstar (Norman Jewison/ 1973) y Godspell (David Greene/ 1972), además de la serie sobre Jesús de Nazareth, de Franco Zeffirelli, y la controversial La última tentación de Cristo (Martin Scorsese/ 1988), que llegó ya muy entrada la década de 1980.
La llama del cine bíblico se fue apagando progresivamente, hasta que en 2003 Mel Gibson encaró el proyecto más arriesgado de su carrera como director. Cuando todos los grandes estudios le cerraron las puertas, sacó 30 millones de dólares de su propio bolsillo y rodó La pasión de Cristo, muy discutida por la carga de violencia sangrienta que le imprimió al martirio de Jesús. Los resultados fueron extraordinariamente rentables, pues recaudó más de 600 millones en todo el mundo, a pesar de estar hablada en latín, arameo y hebreo, un riesgo que obtuvo los mejores resultados.
Después llegó María Magdalena (2018), del director australiano Garth Davis (Lion), quien centró su segundo largometraje en una de las figuras del Nuevo Testamento más enigmáticas e incomprendidas para el cristianismo. Aquí vemos a la heroína del filme como una joven que, no conforme con las convenciones sociales y religiosas de su tiempo, desafía las jerarquías y se enfrenta a su propia familia, de ideas tradicionales, para unirse al nuevo y revolucionario movimiento que lidera Jesús de Nazaret. Este renovado enfoque sirve para abordar temas de gran actualidad en torno al papel de la mujer en la sociedad, la igualdad y el feminismo, a pesar de estar ambientada hace dos mil años.
Rooney Mara despliega una interpretación medida, pero convincente, de María Magdalena, mientras Joaquin Phoenix, haciendo gala de su pericia actoral, encarna a un Jesucristo ajeno al estereotipo. Destaca también Chiwetel Ejiofor, quien se mete en la piel de un muy particular apóstol Pedro de raza negra.
Pero todo no quedará aquí. Mel Gibson ultima una secuela de La pasión de Cristo, con guión de Randall Wallace, escritor de la oscarizada Braveheart. “Hay todavía mucha historia que contar”, asegura el guionista. La trama arranca con los episodios que se desencadenaron en Jerusalén a partir de la resurrección de Jesús. Es evidente que aún hay demanda de cine religioso, como para demostrar que sigue gozando de muy buena salud.
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