Científicos americanos inventan una píldora para acabar con las borracheras

El estudio intentará corroborar los resultados de un estudio piloto que mostró que tomar iomazenil facilitaba la posterior conducción: aquellos sujetos que tomaron el fármaco frenaban más rápido y permanecían por más tiempo en su carril que aquellos que no lo tomaron.

El objetivo: ayudar a los alcohólicos

A pesar de los hallazgos, los investigadores no quieren desarrollar un fármaco que sirva para que las personas puedan beber más sin temor a las consecuencias. Su objetivo, tal como busca el Departamento de Asuntos de Veteranos de los EE.UU que financia el estudio, es desarrollar una píldora que permita a los grandes bebedores estar sobrios por un tiempo, para que así conozcan de verdad las consecuencias de estar borracho y dejen definitivamente el alcohol. Otros usos de la píldora pueden ser perniciosos, pues aunque se anularan los efectos del alcohol sobre el cerebro, todavía no se conoce como hacer que no afecte al hígado y otros órganos.

El doctor Deepak D'Souza, investigador principal del estudio, explica en el comunicado de presentación de las pruebas que el fármaco “tiene el potencial de bloquear los efectos del alcohol en el sistema nervioso central y podría actuar como una medicación única para el alcoholismo y el tratamiento por intoxicación etílica”. En su opinión la importancia de su investigación es clara: “El abuso de alcohol está muy extendido, pero no hay ningún remedio conocido para las intoxicaciones”.

No es el primer intento

La idea de encontrar una sustancia que elimine o mitigue los efectos del alcohol en el cuerpo no es nueva. Se han hecho numerosas investigaciones al respecto, pero ninguna ha tenido el éxito esperado. Tal como ha estudiado recientemente un equipo de la Universidad de Salamanca, tras una revisión de toda la literatura científica referente al alcoholismo, en la actualidad hay aprobados tres compuestos utilizados para su tratamiento, con distintos enfoques terapéuticos: naloxona, "un antagonista de los opioides"; antabus, "que hace que el individuo que bebe tenga síntomas desagradables, como un aumento de la frecuencia cardiaca o el enrojecimiento, ya que bloquea el metabolismo del etanol"; y el acamprosato, que "bloquea el neurotransmisor conocido como glutamato".

Los tratamientos experimentales, en su mayoría realizados con ratas y ratones, están proporcionando "resultados muy interesantes", tal como ha explicado a la Agencia de Noticias para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología David Rodriguez, el investigador principal del estudio de la Universidad de Salamanca. Los experimentos se centran en observar el efecto de ciertos compuestos que actúan sobre los receptores de estos neurotransmisores, opioides y sustancia P. El iomazenil podría ser un nuevo compuesto para añadir a la lista.

Rodriguez advierte, de todas formas, de la dificultad que entraña encontrar un tratamiento específico que sirva para todos los individuos. Entre los fármacos que ya se utilizan, la naloxona es efectiva en alrededor del 65% de los casos, pero no todos responden igual. "Habrá que diseñar tratamientos personalizados, como ocurre en muchos otros tipos de enfermedades", explica el científico.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012/05/15/cientificos-a...

DJ

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