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#Fueradelaula: ¡Hogar dulce hogar!

#Fueradelaula: ¡Hogar dulce hogar!

En los años que ejercí la docencia tuve la oportunidad de conocer muchos niños, y familias distintas. También diferentes formas de abordar el rol que ejercían los padres en cada uno de sus hogares.

En uno de los muchos grupos de alumnos que tuve, asistí a un niño que me marcó como persona y profesional. Aún con frecuencia me pregunto cómo estará. Era un chico con necesidades educativas especiales que se caracterizaba por manifestar apatía, rebeldía ante las actividades propuestas en la clase, desinterés en todo lo que significara un esfuerzo.

Su familia: mamá y tío en este caso, un tanto disfuncional. En su hogar no existían acuerdos ni reglas que cumplir. Simplemente cada uno de sus integrantes hacía lo que les gustaba más.

A José, con frecuencia, se le permitía desde muy pequeño, pasar mucho tiempo en las áreas cercanas del hogar hasta altas horas de la noche. Muchas veces insistí en la importancia de las normas en el hogar, cada miembro de la familia cumple con sus actividades, tareas, acuerdos y momentos de disfrute juntos.

José, mi alumno, tenía todas las condiciones y oportunidades para explorar el camino equivocado, sin rumbo, que lo llevaría a delinquir.

Fueron muchas las ocasiones en las que converse con su mamá.

En muchas oportunidades me pregunté, si las intervenciones como profesora y las del equipo que me acompañaba fueron suficientes para lograr el avance en formación académica y emocional que José necesitaba.

Unos pocos años más tarde, José desertó de la escuela. Comenzó en actos que su mamá calificó como poco importantes, una bicicleta en casa que no era suya, y otros objetos de poco valor monetario.

No obstante, los acontecimientos se presentaron en escalada, hasta llegar a conseguir un arma, droga y posteriormente, un asalto a un taxista el que terminó con un disparo.

Finalmente, José preso, pero por cosas del destino estuvo poco tiempo en la cárcel, Eso no impidió que su vida diera un giro.

Al poco tiempo, apareció implicado en actos delictivos mayores.

Definitivamente, la estructura familiar que acoge a los niños puede significar o un factor de protección o un factor de riesgo.

Esta historia pudo haber tenido otro final si las intervenciones en casa se hubiesen compaginado con las de la escuela:

  • Acuerdos claros en la dinámica familiar: Cada uno tiene una función que cumplir.
  • Mantener una buena comunicación con los hijos es fundamental: Cada miembro tiene distintas necesidades físicas, psíquicas y emocionales.
  • El castigo físico en estos tiempos no es la manera más efectiva de educar a nuestros hijos: La disciplina no es sinónimo de agresión física o verbal.
  • Ser coherente en la formación de nuestros hijos es una herramienta valiosa: Las acciones se basan en el respeto mutuo.
  • Ser flexible no es un indicativo de ser débil: Es probable que lo que hoy resulta eficaz con su hijo ya no lo sea tanto en uno o dos años, lo cual no significa que sus principios morales sean diferentes.

En fin, educar es sinónimo de amar, de brindar oportunidades que potencien habilidades que les permitan sentirse bien consigo mismos y ser felices.

Recuerden que cualquier comentario, sugerencia o participación pueden hacerla a cantares13@yahoo.es

Informe21/LJ (Foto: Pixabay)