Los sueños, sin objetivos, siguen siendo sueños

Los sueños, sin objetivos, siguen siendo sueños

Marcarse una meta es el primer paso para triunfar en nuestra estrategia de ahorro. “Las metas son el camino para lograr los sueños, y no se pueden lograr sin disciplina y consistencia”, Denzel Washington.

En nuestros 17 años de experiencia como asesoría financiera, en Tressis, hemos compartido los sueños de numerosos clientes. En todo este tiempo, nos hemos encontrado con diferentes ilusiones, perspectivas y, sobre todo, circunstancias que estaban fuera de nuestro control. Pero hemos aprendido que lo más importante a la hora de emprender el camino hacia el ahorro y la inversión siempre es contar con un motor que nos ayude a avanzar hacia nuestros objetivos: los sueños.

Estos pueden ser muy diferentes: algunos vienen vacíos, otros aspiran a alcanzar grandes cimas, los hay realistas, pero también arriesgados. Tanto si quieres comprarte una casa o un coche, como invertir en un negocio, montar tu propia empresa o pagarte un Máster, vas a necesitar un plan. No importa lo grandes o pequeñas que sean tus metas, porque alcanzarlas siempre va a suponer un grado de esfuerzo que tenemos que ser capaces de calcular, y para poder medir este esfuerzo es necesario marcarse parámetros que sepamos que vamos a poder cumplir.

Por eso, desde esta sección, queremos servirte de guía, dándote algunos consejos que te ayuden a tomar decisiones. El primer requisito para trazar nuestro plan es saber para qué vamos a invertir, porque sin un objetivo no podemos marcarnos un itinerario.

Esta decisión no siempre es fácil, pero es fundamental para poder ponernos a trabajar, al igual que priorizar a la hora de tomar decisiones. Nuestra vida no es un camino independiente: tiene muchas líneas que se van trazando en paralelo y afectan a nuestras decisiones, como la familia, la salud o el trabajo. Además, estamos expuestos a circunstancias fuera de nuestro control, como la enfermedad, el desempleo o la propia muerte.

Todos estos factores pueden obligarnos a dar un giro radical a nuestros planes, cambiando nuestro orden de prioridades según el momento. Como seres humanos, tendemos a huir de estos temas porque nos generan angustia vital, y tendemos a posponerlos.

Pero por mucho que los ignoremos, no podemos escapar de ellos, por eso es mejor dejar actuar al ser racional que llevamos dentro y enfrentarnos a estas cuestiones. Tenemos que ser conscientes de que una adecuada planificación financiera de estos elementos dentro de nuestra vida nos facilitará la consecución de los objetivos que nos hemos marcado.

Para ello, empezaremos por determinar cuál es nuestra estructura de ingresos y gastos o, en su defecto, cuál es nuestra capacidad de ahorro.

Después tendremos que definir cuáles son nuestros objetivos y que estrategia adoptaremos para cada uno de ellos. Una persona puede ser conservadora para un objetivo y arriesgada para otro, en función del importe de nuestra meta y el plazo del que disponemos para su consecución.

También tendremos que ser realistas respecto a la rentabilidad que esperamos. En este sentido podemos usar la famosa regla del 72, que indica la rentabilidad necesaria para doblar el capital en un periodo determinado. Así por ejemplo, para doblar nuestro capital en 10 años, será necesario obtener una rentabilidad anual del 7,2%.

Será fundamental decidir en manos de quién dejamos nuestro dinero y no limitarnos a introducir monedas en ese cerdito sonriente. Aportar 100€ mensuales durante 10 años al 5% supondrían 15.633€ al final del periodo, mientras que si estuvieran al 2% serían 13.285€. En plazos largos, las diferencias de rentabilidad son cruciales.

Igualmente relevante será asesorarnos sobre la manera de ser más eficientes fiscalmente dado que no es indiferente, por ejemplo, tributar en una u otra comunidad autónoma, ni será neutral el vehículo que utilicemos para nuestro ahorro (fondos de inversión, planes de pensiones…), ni será igual planificar nuestra sucesión patrimonial de una manera o de otra.

Por último, es importante entender el impacto que la inflación tiene sobre nuestro patrimonio y hacer nuestros cálculos no en términos nominales sino en términos reales. También será esencial entender el poder de la capitalización y que el dinero cuanto antes se invierta, mejor.

Y no empecemos mañana, pues hacer algo mañana significa que no lo haré hoy y, entonces, nuestros sueños… seguirán siendo solo sueños. ¿Empezamos?

Fuente: telecinco / MF

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