Pedro J. Torres: Comida chatarra continúa amenazando la salud de los niños

Gobiernos, empresas, universidades, centros de investigación y comunidades deben promover más la prevención en salud. Pedro J. Torres, de la Fundación Torres-Picón

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), actualmente hay más de 600 millones de adultos y unos 42 millones de niños -globalmente- con algún grado de sobrepeso u obesidad; lo que este organismo internacional alerta y califica como una auténtica epidemia, por la cual se calcula que anualmente estarían falleciendo unos 2,6 millones de personas a consecuencia de patologías relacionadas y las crisis de salud resultantes. Los especialistas renuevan sus advertencias acerca del grave peligro que representa para la salud, especialmente la de los menores, el masivo consumo de comida chatarra, tan extendido en la actualidad. Esta información es compartida por la Fundación Torres-Picón.

Máximo Ravenna, médico psicoterapeuta y especialista en nutrición, ha explicado recientemente a los medios de comunicación que la comida chatarra o “fast food” es producto de la ingeniería de alimentos, está diseñada para hacerla irresistible y al mismo tiempo hacer que despierte el apetito; como resultado, la persona no puede dejar de comerla, “impulsada por un hambre emocional que estimula en el cerebro el placer más primario”.

Según un informe presentado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en los últimos años se ha registrado un importante incremento en la comercialización de comidas rápidas y bebidas azucaradas en toda América Latina, coincidiendo con un alarmante aumento en toda la región de las tasas de obesidad no hereditaria, es decir, la causada por hábitos alimentarios deficientes; lo más grave es que, según indica el mismo estudio, el 60% de los consumidores que visitan este tipo de establecimientos son menores de edad.

En el presente, la comida chatarra está presente en todas partes, principalmente en sus presentaciones más conocidas, como las hamburguesas o los “hot dogs”, pero también puede considerarse comida chatarra la procesada o semi procesada que se encuentra en los mercados, como por ejemplo en los denominados productos light; según Ravenna, para hacerlos más agradables al paladar, este tipo de alimentos viene con sustancias que sustituyen a los elementos naturales y empeoran su calidad.

Por su parte, el médico especialista en nutrición infantil Daniel Pérez Cuvit, detalla que, una vez superados los doce años de edad, si el joven no ha logrado regularizar su peso, es muy difícil que lo consiga más adelante, de allí la importancia de limitar, o mejor aún, suprimir el consumo de comida chatarra en los niños, ya que este tipo de comida no sólo es rica en sal, grasas y azúcares, sino que además posee un alto contenido de componentes aditivos que, además de ser nocivos para la salud, son sustancias potencialmente adictivas, lo que hace que una vez habituado a su consumo, el niño no pueda dejar de ingerirlas.

Agregó el experto que “la gran concentración de calorías que contienen puede ocasionar con su consumo excesivo ganancia progresiva de peso, alteración en la glucemia y mayor riesgo de hipertensión arterial (por su elevado contenido de sodio), y de esta forma aumentar los factores de riesgo cardiovascular”.

Pérez Cuvit destaca el hecho de que el 40% de los casos de sobrepeso y obesidad infantil proviene de estratos socioeconómicos vulnerables, es decir, niños que no cuentan con suficientes recursos para adquirir comida chatarra con frecuencia; en estos casos el origen de la obesidad está en el alto consumo de harinas, como pan o espaguetis, las cuales también son ricas en calorías vacías.

Señala además que estudios científicos recientes demuestran que los niños obesos tienen una mayor propensión a presentar desórdenes psicológicos, como la depresión; este problema se presenta en niños de ambos sexos aunque, sorprendentemente, se da más en los varones que en las niñas.

Explica Pérez Cuvit que “los niños obesos suelen desarrollar una autoestima pobre, inseguridad y dificultades para relacionarse con la gente de su edad, sufren el rechazo o las burlas de sus compañeros de colegio. El niño se siente inferior a los demás, cree que no posee cualidades por las que pueda ser valorado y se siente incapaz de participar y destacar en los juegos y actividades de los demás pequeños. Finalmente, este chico no hace ejercicio por gordo, y por gordo es apartado. Es un círculo vicioso muy triste”.

Estas advertencias y serias opiniones de profesionales de la salud, se vienen realizando en todo el mundo y también en nuestro continente americano, desde la Argentina hasta el Canadá, y aunque se han dado avances importantes en el diseño y aplicación de estrategias correctivas y preventivas de la obesidad y el sobrepeso, todavía falta mucho por hacer; comenta Pedro J. Torres, vocero y presidente de la Fundación Torres-Picón, enfocada en la tarea de prevenir la obesidad infantil e interactuar con los ámbitos de la cultura y las artes.

GF/EDC

Categoria: