Pedro J. Torres: Consumo diario de refrescos y bebidas endulzadas con fructosa produce obesidad

Es saludable disminuir el consumo de bebidas azucaradas y aumentar el de agua potable. Pedro J. Torres con el Chef Roel Rabouchon

En décadas recientes, la prevalencia del sobrepeso y la obesidad a nivel mundial se ha venido extendiendo en forma alarmante, y con ello también se ha extendido la aparición de otras enfermedades de las cuales el peso excesivo es factor de riesgo importante, como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, las patologías cardiovasculares, diversos trastornos osteomusculares y hasta ciertos tipos de cáncer, entre muchas otras, recuerda la Fundación Torres-Picón.

Las razones de este fenómeno han sido estudiadas y se siguen estudiando profundamente, a fin de identificar y prevenir las causas de este mal, al que ya en 1996 la Organización Mundial de la Salud calificó como epidemia mundial. Ha sido demostrado que uno de los factores desencadenantes de esta epidemia es el consumo de refrescos y bebidas azucaradas de alto contenido calórico; en efecto, una botella de refresco de 600 ml contiene entre quince y dieciocho cucharaditas de azúcar, lo que equivale a 240 calorías, en tanto que la denominada botella familiar de dos litros puede contener el equivalente a 800 calorías aproximadamente.

Sin embargo, la ingesta de estas bebidas no produce sensación de saciedad, así que quienes las consumen comen tanta comida como si no las bebieran, por lo que el contenido calórico de las bebidas no es compensado con una disminución del contenido calórico de los alimentos sólidos, sino que, por el contrario, se suman las calorías de las bebidas a las calorías de los alimentos, con lo que cada almuerzo y cada cena puede llegar a doblar el contenido calórico recomendado, vale decir, puede llegar a engordar el doble.

No se trata solamente de que el consumo de este tipo de bebidas se ha hecho más frecuente, sino que también el tamaño de las porciones ha aumentado paulatinamente; en los años 50 del siglo pasado, una botella de refresco tamaño estándar contenía unos 200 ml, equivalentes a un vaso grande, posteriormente han aparecido en el mundo presentaciones de 350 ml, casi dos vasos; 600 ml, tres vasos; en la actualidad existen presentaciones de un litro y medio, dos litros y medio e incluso de hasta tres litros. Y con este aumento en el tamaño de las porciones se ha producido también un incremento en el porcentaje de calorías diarias consumidas a través de estas bebidas, es así que se calcula que hacia 1970 el porcentaje de calorías diarias aportado por estas bebidas era de un 5%, en tanto que para el año 2001 este porcentaje había subido al 10%, y según se estima, entre los años 2000 y 2005, el consumo entre los niños se dobló, es decir que aumentó en un 100%.

Pero esto no se limita a las bebidas azucaradas y refrescos tradicionales, lo mismo puede decirse de las denominadas bebidas energéticas o deportivas, lo que convierte su consumo en una ironía, ya que generalmente quien las consume hace ejercicio para mejorar su salud, pero luego rehidrata su organismo con una bebida que le repone también las calorías consumidas, y más.

CON EL DULCE Y LOS ENDULZANTES NO SE JUEGA

En un estudio realizado en los Estados Unidos durante veinte años, se realizó un seguimiento a un grupo de 120.000 médicos y enfermeras para analizar las consecuencias del consumo de refrescos y bebidas azucaradas; se determinó que quienes tomaban un vaso y medio diario de estas bebidas aumentaron un kilogramo de peso cada cuatro años; quienes consumían una lata de refresco diaria durante veinte años presentaban un riesgo 20% mayor de sufrir un ataque cardiaco y un 75% más alto de padecer de gota.

Está demostrado que quienes ingieren una lata de refresco común diariamente presentan un riesgo de sufrir diabetes tipo 2 un 30% mayor que quienes no las consumen o las consumen raramente, riesgo que se incrementa en el caso de las personas jóvenes. Asimismo, diversos estudios demuestran que la reducción del consumo de bebidas azucaradas mejora notablemente el porcentaje de reducción de peso en los niños.

La razón detrás de todo esto es que dichas bebidas son endulzadas con un monosacárido denominado fructosa, llamado también levulosa o azúcar de las frutas, un tipo de azúcar que es perfectamente sano y natural en las frutas. Para endulzar estas bebidas usualmente se utiliza la fructosa que proviene del procesamiento del maíz, a ésta se le denomina jarabe de maíz alta fructosa y su abreviatura es JMAF.

El problema surge porque esta fructosa no es detectada por el organismo humano, por lo tanto no produce sensación de saciedad; así, quien la consume sigue comiendo y bebiendo, y acumulando calorías. Un refresco o una bebida endulzada tomada de vez en cuando no produce mayores efectos, pero si se consumen regularmente, a la larga producen efectos perniciosos para la salud; en tal sentido, lo más aconsejable es ingerir bebidas naturales, sin azúcares añadidos, o mejor aún, sustituir estas bebidas con agua.

Todo este alerta, constituye un exhorto más para que cuidemos la salud y para que especialmente no desmayemos en la tarea de apoyar o impulsar medidas preventivas de la obesidad y el sobrepeso. Nuestros niños y jóvenes pueden librarse, salvarse, de esta amenaza a la salud pública que con carácter de epidemia global se ha esparcido, comentó Pedro J. Torres, vocero y presidente de la Fundación Torres Picón, enfocada en la prevención informativa del problema, así como en la promoción del arte, la cultura y la educación como medios para la superación personal y el desarrollo.

GF/EDC

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