Pedro J. Torres: Problema de conexión cerebral hace que niños obesos no puedan dejar de comer

Gobiernos, empresas, universidades, centros de investigación y comunidades deben promover más la prevención en salud. Pedro J. Torres, de la Fundación Torres-Picón

Incontables estudios han demostrado los devastadores efectos de la obesidad infantil sobre la salud del individuo, incrementando el riesgo de sufrir un vasto número de enfermedades, en muchos casos potencialmente mortales, como la diabetes, las patologías cardiovasculares, la hipercolesterolemia, los trastornos óseo-articulares y varias formas de cáncer, entre otras muchas. Tal situación es particularmente preocupante en el caso de los niños, ya que dada la creciente expansión del fenómeno de la obesidad infantil, en los años recientes se ha registrado un serio aumento en el número de niños que desde muy temprana edad presentan estas dolencias, las cuales en el pasado se asociaban principalmente con individuos de edad avanzada. Y tales alteraciones no desaparecen al salir de la infancia, por cuanto un niño obeso tiende a convertirse en un adulto obeso, con todas las consecuencias que esta condición implica, además de las que ya se arrastran por haber sufrido de obesidad infantil. Esta información es compartida desde la Fundación Torres-Picón.

Es, por tanto, de vital importancia tomar medidas urgentes para frenar el crecimiento de esta virtual pandemia, medidas que incluyen, entre otras, el abandono del sedentarismo y la adopción de hábitos saludables de alimentación. Sin embargo, este último ajuste con mucha frecuencia ha resultado muy difícil de aceptar y aplicar, sobre todo para muchos niños y adolescentes obesos que no parecen ser capaces de dejar de comer en exceso.

Tal incapacidad, a menudo calificada como “descontrol”, “falta de fuerza de voluntad”, o simplemente “gula”, aparentemente tiene en realidad una base orgánica, tal como lo indica un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de São Paulo, Brasil, y presentado en el marco de la Reunión Anual 2017 de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA) celebrada en Chicago, EEUU; según los resultados de este estudio, el cerebro de los niños y adolescentes obesos presenta una falla en las conexiones entre las regiones encargadas de la regulación del apetito.

Para este estudio, un grupo de cincuenta y nueve niños y jóvenes de entre once y dieciocho años de edad, de ambos sexos, cuyo Índice de Masa Corporal (IMC) era igual o superior a 30 kg/m2, es decir obesos, y otro grupo de sesenta y un niños y adolescentes de la misma edad, sexo, nivel educativo y nivel socioeconómico, pero cuyo peso era normal, fueron sometidos a pruebas de imagen por resonancia magnética con tensores de difusión (DTI). La DTI es una técnica que permite medir la “anisotropía funcional”, o movimiento microscópico de las moléculas de agua entre las fibras de la materia blanca cerebral; valores bajos en esta medición indican alteraciones en la materia blanca.

Los expertos hallaron una mengua en la integridad de la materia blanca, es decir alteraciones microestructurales, en distintas regiones en los cerebros de los menores obesos, comparados con los de los jóvenes con peso normal; estas alteraciones representaban una disminución en la “anisotropía funcional” en varias regiones del cerebro, muchas de las cuales están directamente asociadas a la regulación del apetito, el control de los impulsos, las emociones y el sistema de recompensa relacionado con la comida.

Pamela Bertolazzi, directora de esta investigación, afirmó que “nuestros resultados revelan un patrón de participación entre las regiones cerebrales que juegan un papel importante en el control del apetito y de las emociones. En comparación con el grupo control, no se observó ninguna región con un mayor valor de anisotropía funcional en los pacientes obesos”.

En un contexto internacional en el que la obesidad infantil crece a pasos agigantados, se hace significativa la importancia de este estudio, ya que con base en estos hallazgos se abre la posibilidad de desarrollar nuevas herramientas científicas que permitan hacer frente a la obesidad infantil en forma efectiva.

“La DTI es una técnica de imagen relativamente nueva y escasamente empleada en el diagnóstico clínico. Sin embargo, y en caso de que seamos capaces de identificar los cambios cerebrales asociados a la obesidad, entonces esta técnica podría usarse para ayudar a prevenir la obesidad y evitar sus complicaciones asociadas”, explicó Pamela Bertolazzi.

Desde la Fundación Torres-Picón, enfocada en prevenir la obesidad y, especialmente, en compartir información relevante proveniente de fuentes calificadas que aporte conocimiento al manejo de este problema global, identificado como epidemia por la OMS, su portavoz y directivo Pedro J. Torres, insistió en que es indispensable mantenerse activo, en movimiento, ejercitarse desde pequeño, consumir alimentos sanos no procesados, y tomar más agua potable que otras bebidas. Además de ello, hay que visitar al médico, entender y cumplir sus recomendaciones, además de estar al día en cuanto a nuevos datos y descubrimientos, puntualizó Torres.

GF/EDC

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