Pedro Torres Ciliberto: Existen 4 formas distintas de obesidad y cada una debe tratarse de manera diferente

En la conservación de la salud las artes escénicas también juegan un papel importante. Pedro Torres Ciliberto junto a Isabella Rossellini

La obesidad es un grave problema de salud. Y es un problema complejo, no solo por tratarse de una enfermedad provocada por una larga y siempre creciente lista de factores, como la alimentación inadecuada, la falta de actividad física, la genética o las condiciones ambientales, entre muchas otras, o por la gran cantidad de patologías que genera, muchas potencialmente mortales, como la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la hipercolesterolemia, el hígado graso, los trastornos óseos y musculares, varias formas de cáncer, los problemas socioemocionales y un largo etcétera.

Un nuevo elemento se suma ahora a la ecuación dados los descubrimientos logrados por una investigación reciente, llevada a cabo por especialistas de la Universidad de Brown de Providence, Rhode Island, Estados Unidos; en el estudio, publicado por la revista Obesity, se realizó un seguimiento a casi tres mil pacientes obesos de ambos sexos, los cuales habían sido sometidos a cirugía de reducción de peso; los datos arrojados por este seguimiento fueron estudiados mediante un avanzado modelo informático, denominado análisis de clase latente.

Los resultados obtenidos señalan que no todos los casos de obesidad son iguales sino que, por el contrario, existen cuatro tipos bien diferenciados de obesidad, lo cual indica que no todos los tratamientos destinados a combatir esta enfermedad tienen los mismos efectos en todos los pacientes, por lo tanto, antes de iniciar una terapia dada con un individuo es imprescindible determinar a cuál de los cuatro tipos de obesidad corresponde su caso.

Esta información la compartimos dentro del eje de actividades de divulgación preventiva en salud llevadas a cabo por la organización y fundación Torres-Picón.

El primer grupo corresponde a pacientes obesos que presentan muy bajos niveles del denominado colesterol bueno en sangre, al mismo tiempo que muy elevados niveles de glucosa; en efecto, en el estudio, el 98% de estos pacientes eran diabéticos.

El segundo grupo está conformado por los pacientes que sufren desórdenes alimenticios, tales como ortorexia, vigorexia, anorexia, permarexia o bulimia, entre otros. De los pacientes del estudio, el 37% admitió sufrir el llamado “trastorno por atracón”.

En el tercer grupo se encuentran las personas que han sufrido obesidad desde que eran niños y cuyo Índice de Masa Corporal (IMC) es de un 32 aproximadamente, siendo un IMC de 25 o más un indicador de sobrepeso.

El cuarto grupo incluye a todas aquellas personas que no presentan desórdenes alimenticios aparentes ni sufren trastornos metabólicos, pero que aun así desarrollan obesidad, probablemente causada por llevar un estilo de vida sedentario.

De los pacientes incluidos en el estudio, cada uno perteneciente a uno de estos grupos y todos sometidos a cirugía reductiva, si bien todos perdieron peso, los que recibieron más beneficios del procedimiento fueron los de los grupos segundo y cuarto.

“Necesitamos reconocer esta diversidad, ya que puede ayudarnos a desarrollar enfoques más personalizados para tratar la obesidad”, explicó la epidemióloga Alison Field, investigadora principal del estudio.

Para Pedro Torres Cilliberto, detener la epidemia global de sobrepeso y obesidad alertada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), supone considerar nuevos enfoques y visiones que permitan el diseño de estrategias integrales más efectivas.

GF/EDC

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