Pedro Torres Ciliberto: Obesidad y pérdida del autocontrol, cuál es la causa y cuál es la consecuencia

En la conservación de la salud las artes escénicas también juegan un papel importante. Pedro Torres Ciliberto junto a Isabella Rossellini

En ocasiones se ha especulado si el desarrollar obesidad es el resultado de una falta de autocontrol por parte del paciente, haciéndole dar rienda suelta a sus apetencias, o si, por el contrario, es precisamente el ser obeso lo que hace que disminuya esta capacidad de controlarse.

Este fue el tema de una investigación realizada por un equipo de BrainsCAN de la Western University, en Canadá, dirigido por Cassandra Lowe, investigadora postdoctoral en BrainsCAN, en colaboración con Amy Reichelt, miembro postdoctoral de BrainsCAN, y Peter Hall, de la Universidad de Waterloo, en Canadá, y cuyos resultados fueron publicados el pasado 26 de febrero en la revista Trends in Cognitive Sciences. En su informe, los investigadores aseguran que la relación causa-efecto opera en ambas direcciones, en gran medida a causa de la actividad de la corteza prefrontal del cerebro, la cual es afectada por el tipo de alimentos que recibe el organismo pero, al mismo tiempo, puede ejercer influencia en la selección de dichos alimentos.

“No es solo el caso de que la obesidad esté causando estos problemas en la estructura y función del cerebro, sino que esta relación es recíproca: las diferencias en la estructura y función del cerebro pueden causar obesidad, eso es realmente importante. Nuestra revisión muestra que, tener una actividad prefrontal más baja, puede predisponer a comer en exceso, lo que a su vez puede conducir al aumento de peso y la obesidad”, expresa Cassandra Lowe.

Compartimos la presente información dentro del eje de actividades de divulgación preventiva en salud llevadas a cabo por la Fundación Torres-Picón.

Hasta el momento, los estudios neurológicos se habían enfocado principalmente en analizar la disfunción de las vías de recompensa del cerebro como causa de la obesidad, pero este estudio plantea que las características individuales de la corteza prefrontal, tanto en su estructura como en su funcionamiento, pueden también ejercer una considerable influencia en esta patología; en este sentido, ha sido demostrado que existen diferencias en la forma en que dicha región del cerebro se activa en cada persona al momento de tomar decisiones acerca de qué alimentos consumir, lo cual puede ayudar a predecir si determinado individuo es propenso a preferir alimentos de alto contenido calórico.

Explica Lowe que un individuo cuya corteza prefrontal tiene una actividad reducida puede presentar una mayor tendencia a comer en exceso, en especial si se ve expuesto a mensajes que involucran alimentos, como los anuncios publicitarios de comida, lo cual puede generar cambios en la corteza que inhiban aún más su funcionamiento y aumente la propensión a comer de más, estableciéndose así un círculo vicioso. “Al replantear el tema de la obesidad en torno a la actividad prefrontal, en lugar de recompensar la capacidad de respuesta de la región, podemos explorar tratamientos y medidas preventivas que pueden inhibir el aumento de peso no deseado”, señala.

En tal sentido, destaca la importancia del papel que cumple la actividad física: “Se ha demostrado que el ejercicio aumenta la actividad en nuestra corteza prefrontal, lo que a su vez nos permite ignorar mejor los antojos de alimentos, yendo mucho más allá de su función tradicional como un simple medio para deshacerse del exceso de calorías”.

La investigación también pone de relieve el valor de la práctica de la atención plena en la conducta alimentaria como una forma de mejorar en forma efectiva la actividad de la corteza prefrontal. “Al centrarnos en la salud y las consecuencias a largo plazo de los alimentos que estamos comiendo en lugar de solo probarlos, podemos tomar mejores decisiones alimenticias”, apunta la experta.

Por su parte, la coautora Amy Reichelt asegura que “hacer buenos hábitos alimenticios durante nuestra infancia formativa y en la adolescencia puede ayudar a preparar una alimentación saludable de por vida y garantizar que la corteza prefrontal funcione correctamente”; agrega que “a esta edad, la corteza prefrontal de un adolescente no está completamente desarrollada, lo que en parte explica la toma de decisiones impulsiva e insensata de nuestra juventud; el sistema de control aún no está completamente involucrado”, lo cual influye en una deficiente capacidad para la toma de decisiones que puede derivar en “malos hábitos alimenticios, con adolescentes que consumen más calorías innecesarias de comida basura que cualquier otro grupo de edad, un hábito que puede durar hasta la edad adulta”.

Las terapias del comportamiento, como la práctica de actividad física y la atención plena, para mejorar el funcionamiento de la corteza prefrontal y, en consecuencia, hacer frente a la obesidad, si bien pueden rendir resultados positivos, aún requieren de más investigación que permita determinar cuál es la forma más efectiva para su aplicación.

Especialmente, tenemos que velar por el estado físico, mental y emocional de los más pequeños, dijo Pedro Torres Ciliberto, en nombre de la organización y fundación Torres-Picón. Hay que tomar en cuenta y cooperar con los profesionales de la salud, mantenernos informados, entender así como acatar las recomendaciones de nuestro médico más directo, finalizó Torres Ciliberto.

GF/EDC

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