Técnicas de relajación para niños

Técnicas de relajación para niños

Aprender a relajarnos cuando nos sentimos nerviosos es un gran recurso emocional que también podemos enseñar a los más pequeños. En este artículo te explicamos algunas de las estrategias más conocidas.

Las técnicas de relajación para niños son una herramienta muy adecuada para que aprendan a reconocer sus diferentes estados emocionales y aumenten el grado de conciencia corporal. Con estos recursos no solo sabrán cómo calmarse antes, sino que desarrollarán su inteligencia emocional.

Los niños pueden aprender a relajarse desde una edad muy temprana. Sin embargo, no todas las técnicas son adecuadas para todas las edades. Por ejemplo, el frasco de la calma puede resultar útil a los más pequeños. En cambio, la relajación progresiva de Jacobson es una apropiada para los más mayores.

El frasco de la calma: una de las técnicas de relajación para niños más pequeños
Esta técnica resulta muy eficaz debido a su sencillez. Puede utilizarse a partir de los 2 años. Para llevarla a cabo necesitamos lo siguiente:

Una botella de plástico o un frasco de cristal para niños más mayores.
Un recipiente ancho.
Un embudo.
Una cuchara para remover la mezcla.
Purpurina.
Agua caliente.
2 cucharadas de pegamento con purpurina incorporada o transparente.
Unas gotas de colorante alimentario.

Se mezclan los ingredientes en el recipiente y se incorporan al frasco o a la botella a través del embudo. El resultado del agua con purpurina ayuda a los pequeños a diferenciar cuando estamos en calma —la purpurina está en reposo en el fondo— de cuando estamos nerviosos o alterados, con toda la purpurina mezclada con el agua.

Se puede pactar con los niños cuándo utilizarlo. Por ejemplo, cuando detecten que están más ansiosos o enfadados. Agitar el frasco liberará parte de la tensión acumulada y observar la purpurina mientras desciende lentamente tendrá una acción relajante añadida.

Técnica de la tortuga

Entre las técnicas de relajación para niños más pequeños, una de las más habituales es la técnica de la tortuga. En ella se les explica a los pequeños que deben imaginar que son una tortuga. Para ello se colocan en el suelo boca abajo simulando la postura del animal.

A continuación, les decimos que se está haciendo de noche y que es hora de dormir. Para ser como las tortugas deben encoger brazos y piernas poco a poco hasta colocarlas debajo de la espalda, adoptando forma de caparazón.

Mientras están encogidos, podemos dar la instrucción de realizar respiraciones profundas como si estuviesen durmiendo. Dejamos pasar un par de minutos y les decimos que está saliendo el sol. Entonces, los niños estiran lentamente brazos y piernas simulando su despertar.

Técnica de la hormiga

Esta técnica funciona muy bien para trabajar la relajación en el aula. Los niños se sitúan en un espacio donde puedan moverse con libertad.

Luego les decimos que en ese momento se convierten en hormigas. Para ello les explicamos que sus brazos y sus piernas se encogen y se mueven de manera cada vez más lenta porque se están haciendo diminutos.

Una vez que se han convertido en hormigas y sus movimientos son muy lentos, les pedimos que relajen los músculos contraídos. El juego puede finalizar ahí o continuar dando instrucciones para que se conviertan en otro animal.

Técnica del globo

Para realizar esta actividad pedimos a los niños que se imaginen que son un globo. Para ello podemos ayudarlos con los brazos para simular la imagen redonda.

Les explicamos que somos un globo que acumula mucho enfado: estamos a punto de explotar porque tenemos emociones negativas y los pulmones se llenan de aire y la barriga se hincha. En esta fase inspiran por la nariz profundamente y retienen el aire unos segundos.

Para deshacernos de esa emoción negativa, exhalamos el aire por la boca y explicamos que cuando lo hacemos nos sentimos más relajados y más a gusto. El ejercicio se repite unas cuantas veces hasta que los niños dominan la técnica.

Con niños mayores podemos utilizar un globo real, siempre que haya supervisión. La primera fase consiste en soplar con intensidad para llenar tanto como puedan el globo. En la segunda, dejan ir poco a poco el aire de dentro.

Mindfulness: una de las mejores técnicas de relajación para niños mayores

El mindfulness, también conocido como atención plena, es una técnica en la que las personas aprenden a conectar con el momento presente. Hay muchos ejercicios de este tipo que podemos enseñar a los niños. Para practicarlos es importante que adopten una postura cómoda y estén en silencio.

Un ejercicio sencillo de mindfulness puede ser enseñarles a focalizar la atención en su respiración. Otra actividad puede ser contemplar la llama de una vela, el movimiento de las nubes o cerrar los ojos y concentrarse en los sonidos que les envuelven.

El mindfulness también puede practicarse en movimiento. Por ejemplo, una actividad que suele gustar mucho a los niños es ir a un parque o un bosque y allí experimentar con los sonidos de sus pisadas, la textura de las plantas y los árboles o los diferentes olores que se identifican en la naturaleza.

Relajación muscular progresiva de Jacobson

Este método es uno de los clásicos dentro de la psicología. Está basado en la contracción y relajación de diferentes grupos musculares. La ventaja de esta técnica es que puede practicarse en casi cualquier situación sin que las personas de alrededor se percaten, por lo que puede resultar útil ante un examen o situación que altere al niño.

Este debe situarse en una postura cómoda, ya sea sentado en una silla con los brazos apoyados sobre las piernas o bien tumbado en el suelo. Se recomienda hacer el ejercicio con los ojos cerrados y concretar algunas respiraciones profundas antes de empezar.

Luego damos instrucciones concretas de qué grupo de músculos tensar. Es habitual empezar con las manos: «Cierra tus manos tan fuerte como puedas sin hacerte daño. Concéntrate en la tensión de los puños y mantenla así durante unos segundos. Ahora, relájalos suavemente y percibe la diferencia entre la tensión y la relajación».

El mismo ejercicio se practica con brazos, hombros, espalda, piernas, pies, abdomen, ojos, mandíbula y cualquier otro músculo que resulte fácil tensar y destensar. El niño aprende a identificar la tensión en su cuerpo y cómo eliminarla de manera adecuada. Para que resulte eficaz en un contexto real es clave que incorpore el ejercicio a su rutina diaria o lo practique lo más a menudo posible.

Otras técnicas de relajación para niños

Además de las técnicas descritas, existen muchas otras estrategias que pueden ayudar a los niños a relajarse. Algunas de ellas son las siguientes:

Colorear mandalas.
Respiración profunda.
Visualización de imágenes relajantes.
Meditaciones guiadas adaptadas a un público infantil.
Crear una pelota antiestrés u objeto similar.
Practicar algunas posturas de yoga sencillas.
Las técnicas de relajación para los niños son variadas

Lo importante es encontrar la técnica de relajación para niños que se adecue mejor a sus características y de la que pueda sacar el mayor beneficio. En caso de que diversas técnicas no funcionen o el niño presente sintomatología que no sepamos cómo gestionar, es recomendable consultar con el pediatra o con un especialista en psicología infantil.

Con información de Mejor con Salud

EB

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