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Fernando Luis Egaña

Lo bueno de lo malo

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En medio de la catástrofe humanitaria, de la propagación acelerada del coronavirus, de la cuarentena político-militar, entre otros horrores que padece Venezuela, la hegemonía roja ha desplegado una enésima ofensiva despótica para terminar de extinguir la soberanía popular, como bien señala Gehard Cartay. Para obstruir o bloquear cualquier posibilidad de participación electoral. El proceso para llegar hasta acá ha sido paulatino y habilidoso, pero creo que no deberían quedar más excusas que justifiquen los asaltos.

El "desconfinamiento" venezolano…

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La palabra desconfinamiento, en relación con el levantamiento progresivo de las medidas de cuarentena, suspensión o restricción de actividades económicas y sociales, y en general del confinamiento colectivo, por causa del coronavirus, se ha puesto muy de moda… Acaso prematuramente como lo indican algunos reportes de rebrotes del virus en zonas en que las autoridades comenzaron a atenuar el confinamiento.

Las cosas por su nombre

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Una de las «técnicas» más notorias de los regímenes despóticos para dominar a sus sociedades tiene que ver con la distorsión sistemática de los significados de conceptos y palabras de resonancia política. De pronto esto suena muy abstracto, pero no lo es. Al contrario, es sumamente práctico porque consiste en la manipulación del entendimiento, de la conciencia, del lenguaje primario, para facilitar el control político y, en particular, para justificar el control despótico.

Breves reflexiones de Semana Santa

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Esta es una Semana Santa singular en todo el mundo, pero sobre todo en Venezuela, porque la devastación padecida en estos años se hace más patente con la pandemia del covid-19. Las Iglesias están cerradas y los feligreses, en general, han tomado conciencia de las razones que así lo justifican. Sin embargo, se ha producido una verdadera explosión de creatividad, en Venezuela y en muchos otros países, que permite que la Iglesia salga a la calle –la conocida y profunda expresión del papa Francisco sobre «una Iglesia en salida».

Coronavirus y Venezuela

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Varios años antes de que se oyera hablar del coronavirus de Wuhan ya Venezuela había entrado, primero, en el terreno de la crisis humanitaria; y después en el de la catástrofe humanitaria. Y ahora, en este país destruido, con un «sistema de salud» hecho escombros, se abate con toda su ferocidad el Covid-19.

Sobrevivir en la miseria

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Venezuela es un país sumido en la miseria. No en una pobreza relativa, sino es la miseria. En Caracas la situación es menos notoria que en el resto de las regiones, y la censura mediática, aunada a la incesante propaganda, en algo logran eclipsar la tragedia. Acaso la más aguda que padezca cualquier nación de América Latina y el Caribe, con la excepción de Cuba y Haití, y quizá sin ella, porque Venezuela ha sido derrumbada a costa de transmutarse en una colonia cubana, y Haití es un caso que parecería no tener horizonte de esperanza.

Hegemonía, dólares y bolívares

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La ironía es sangrienta: la llamada «revolución bolivarista» destruyó al signo monetario venezolano, el «bolívar». Y mientras más le echa la culpa al Imperio por todos los males que padece nuestra patria, más se dolariza lo que queda de economía. Ya el dólar es la verdadera moneda de curso general. Y claro, nada de ésto es producto de estrategia alguna. Es consecuencia del caos provocado por una hegemonía despótica, depredadora y envilecida, que malbarató la oportunidad histórica del siglo XXI.

Una ofensiva continental…

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El XXV encuentro oficial del Foro de Sao Paulo se realizó en Caracas el pasado mes de julio (el XXIV se realizó en La Habana bajo el lema: “Por la unidad e integración latinoamericana y caribeña”). Poco tiempo después del encuentro de Caracas se han desatado conmociones socio-políticas en varios países de la región, como Ecuador y Chile, también en Perú; en Colombia parte de las FARC regresan a la violencia guerrillera, y todas esas explosivas situaciones han sido impulsadas, en general, por grupos integrantes o afines del Foro de Sao Paulo.

Una gran confusión

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La hegemonía roja ha sumido a Venezuela es una catástrofe política, social, económica y de derechos humanos, sin precedentes ni referentes en la trayectoria contemporánea de nuestra región. Ni siquiera Cuba, y creo que tampoco Haití, se encuentran en una situación tan desoladora como la venezolana, si vemos al asunto en perspectiva. Pero la hegemonía roja también ha sumido a una parte de la vocería opositora en una confusión no menos catastrófica.

Las nuevas fronteras de Venezuela

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Un buen amigo planteaba en estos días que las fronteras de Venezuela se habían ampliado… No entendía lo que quería decir, hasta que explicó que la masiva emigración venezolana que llega a todos los rincones del mundo era lo que estaba ampliando nuestras fronteras tradicionales.

Creo que tiene razón. Y es que una cosa son los limites territoriales de un país, y otra su proyección nacional más allá de esos límites, precisamente a través de la presencia de una parte significativa de la propia nación, en numerosos países. Es el caso de Venezuela, tal cual.

Cinco temas

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El poder de los gringos: Los políticos gringos, sea cual sea su orientación ideológica, tienen la seguridad de que pueden determinar lo que pase o no pase en cualquier país del mundo. Pero la influencia, que ellos creen es todopoderosa, es ciertamente una exageración y, en algunos casos, una ilusión. Las dinámicas internas de muchos países son sumamente complejas y rebasan los diagramas burocráticos de la Casa Blanca, el Congreso de EEUU, el Pentágono o el Departamento de Estado.

¿Hacia dónde vamos?

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La crisis de la hegemonía roja es definitiva. No tiene vuelta atrás. No tendrá un retorno a tiempos menos espinosos. Va de frente hacia la superación del régimen imperante. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es que aquello ocurra mañana o pasado mañana. La crisis de la hegemonía tiene por sustento principal a la catástrofe humanitaria que padece el país, causada por la hegemonía misma, que sumió a Venezuela en esta tragedia en medio de una bonanza petrolera.

Venezuela no laborable

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Ya el predecesor de Maduro dejó a Venezuela en debacle general, pero con ciertos disimulos derivados del colosal endeudamiento que se estaba contratando, del chorro de petrodólares que aún entraba por causa de la bonanza petrolera internacional, y de la muy habilidosa demagogia con que él y Fidel Castro lograron ir montando, poco a poco, la llamada "revolución bolivariana"...

Colapso eléctrico

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Cuando el predecesor de Maduro inició su primer “gobierno”, a principios de 1999, Venezuela se abastecía plenamente de energía eléctrica, exportaba a Colombia y concluían los trabajos de conexión para exportar al norte del Brasil. En 1998, el entonces presidente Caldera inauguró la Central Hidroeléctrica Macagua II, en Ciudad Guayana y la bautizó “23 de Enero”. Así mismo dejó avanzadas las obras de otra Central Hidroeléctrica, Caruachi. A pesar de los años de crisis a finales del siglo XX, el país contaba con uno de los sistemas eléctricos más importantes y desarrollados de América Latina.

El camino de los caminos

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Una encrucijada es un cruce de caminos. Pueden ser pocos, al menos dos, o pueden ser muchos. A veces, una crisis generalizada en un determinado país se asemeja a la idea de una encrucijada. Se puede salir de ella por un camino o por otro. Pero ese no es el caso de Venezuela. No estamos ante una encrucijada, en lo que se refiere a la posibilidad de superar la hegemonía. No estamos, por tanto, ante un cruce de caminos. No. Hay un sólo camino.

El “nuevo año” y Maduro

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Por definición y por experiencia con el señor Maduro no pueden haber “años nuevos”, sino solamente años viejos. Años marchitos por la ruina económica, la catástrofe social, el despotismo político, la rampante corrupción, y la destrucción generalizada de la nación venezolana. Quién no se haya dado cuenta de esto, no se ha dado cuenta de nada.

No podrán escapar de la justicia

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La justicia humana, sobre todo en relación a los delitos de corrupción, los llamados delitos “contra la cosa pública”, a veces tarda mucho, pero suele llegar, así sea “tuerta”… Se alega, y tiene mucho de cierto, que una justicia tardía no es una verdadera justicia. Pero es preferible la justicia tardía a la falta de justicia. Todo esto viene a cuento por la gran cantidad de casos de corrupción que se están ventilando en fiscalías y tribunales extranjeros, en especial de Estados Unidos y Europa, y que involucran directamente a funcionarios de la hegemonía y a sus testaferros.