Esto es noticia 01-08-2018

"... Trump aparece como líder de un radical cambio, y como tal, ha marcado con su estilo las complejas fases que llevan a su desarrollo. Un estilo muy propio, inaceptable para muchos (sobre todo para intelectuales y políticos versados en diplomacia), a veces brutal, incoherente casi siempre, preñado de excesos impropios en el mundo político civilizado. Y sin embargo, Trump no cambia: continúa imperturbable, como si escuchara un llamado del más allá, dando a conocer sus opiniones digitales, escandalizando al mundo, y retractándose casi siempre, para aparecer el día siguiente con un tuiter aún más ofensivo y radical que el anterior. Así es Trump; y aunque el mundo ya está acostumbrándose a su persona, Trump no logra acostumbrarse al mundo. Por eso quiere cambiarlo. Trump –ha llegado la hora de decirlo- es un auténtico revolucionario, y como todos los grandes revolucionarios que lo precedieron cree en su misión histórica. Y cree en ella como solo un revolucionario puede creer. Con una profunda fe, con una que no admite contradicción. Dicho con brevedad: Trump cree en su propio Credo... Hay que diferenciar. Un Credo no es una ideología... Un Credo no contiene tesis ni hipótesis, tampoco argumentos. En un Credo se cree o no se cree... Sin embargo, nada se obtiene con insultar a Trump. Calificarlo de fascista no tiene sentido, entre otras cosas porque no lo es. Trump es un típico producto made in USA, fiel a un Credo que es también el Credo de millones de norteamericanos. De lo que se trata -y si hicieran eso, los gobernantes democráticos de Europa estarían bien aconsejados- es de entenderlo. Quizás la tarea que tienen por delante será la de intentar minimizar los conflictos con Trump, reducir al máximo los daños que pueda causar, y esperar tiempos mejores. Al fin y al cabo las instituciones republicanas de los EEUU han logrado siempre sobrevivir a los peores gobernantes. Y Trump puede ser cualquier cosa, menos eterno..."
El escrito completo de Fernando Mires, aquí