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José Luis Zambrano P

Con bases suficientes para creer

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Se está rodando una película distinta a nuestro favor. Ya el mundo no está enroscado de brazo y viendo sin opinión alguna, a un país trepidante, demolido y con gemidos perdidos e inconcebibles. Costó hacerle entender al planeta que no eran figuraciones ni meras diferencias políticas.

No sé si utilizó un espionaje institucional o se basaron en una investigación con métodos científicos, pero el resultada llega hasta a ser sorprendente. Vimos convicciones y propósitos firmes.

Una tiranía que carece de combustible

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Las sanciones sirven y siguen mellando en el equilibrio del régimen. Aquellas frases premonitorias sobre caídas estrepitosas o políticos moribundos solo fueron utilizadas para avivar falsas esperanzas y elevarnos en un morbo poco provechoso. Los seudomonarcas fallecen cuando les toca y abandonan el poder cuando quieren. Solo la presión continua y las estrategias precisas logran en su momento girar el destino y cambiar la historia.

La diplomacia del misil y la confusión

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Los últimos cartuchos pueden ser los más terribles y despiadados. Se achican las alternativas y hasta el reflejo del espejo se vuelve turbio. Se acaban los ingenios para esconder la maldad. No hay forma de rehusar a la contienda. Hay un temor sincero esparcido en el palacio de gobierno. Se apela a los aliados sin miramientos, con la cara entrenada para pedir por la urgencia y explicar el riesgo.

Dime quiénes son tus socios y te diré cómo caerás

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Saltamos del asiento cuando nos hablan de diálogo y elecciones. Como si nos cayese una bomba de hidrógeno. Un insulto casi a nuestra propia dignidad y a aquellos esfuerzos interminables del pasado por seguir soñando. Para esos temas no existen más iniciativas. Vacías pretensiones para mantenernos en ascuas. Ya son cuentos triturados y el resultado previsible.

Una tos que abruma a Miraflores

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Venezuela vive el sentimiento de naufragio que genera el coronavirus. Se percibe como si fuese la primera vez. Quizá nunca se entendió como tal. Siempre se consideró como una excusa detestable para mantenernos encerrados. Un claustro impuesto para ocultar las carencias. Pero está enfermedad es verdadera y duelen sus estragos.

Se avistan buques y soluciones en la costa

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Hoy lo declaro casi como un vaticinio entrañable. Presiento los últimos días del régimen. Sus escaramuzas se debilitan y sus defensores parecen esfumarse. Ser buscados por la justicia norteamericana ya se convierte en una intrincada combinación de contrariedades. Son una panda de insidiosos amortajados en sus propias fechorías. No saben cómo plantarle cara a este aluvión de decisiones que, desde el exterior y con las leyes puestas al servicio de una meta, parecen complicarles todo.

El cartel de “Se busca” por un cartel

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El anuncio me recordó al viejo oeste. Esos letreros encantados, con el boceto de un facineroso barbudo y de mal talante, pegados a una pared. Debajo, un enorme remoquete de “Se busca” y un monto cuantioso de recompensa. Cuando escuché los cargos y las cifras enormes por las capturas, sentí un estremecimiento de alegría y unas ganas enormes por una fiesta jubilosa de cantina.

Un encuentro decisivo para definir el rumbo

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Los aplausos atiborraron el hemiciclo del parlamento norteamericano. Todos por unos segundos eran adeptos de las mismas consignas. Republicanos y Demócratas parecían estar de acuerdos en un solo punto. Sentían una irresistible necesidad de normalidad hemisférica. Un fervor por lograr hacer realidad las esperanzas de los tenaces. Sí, se sintió apoteósico y real. No hubo brumas de dudas sobre ese momento.