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José Luis Zambrano Padauy

Construyendo la tumba de la dictadura

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Soñamos con un país apacible. Con un sistema enmarcado en cristal, preciso, sincero y justo para todos, sin metáforas falsas y con una capacidad rozagante para hacernos felices. Sin la necesidad de buscar caudillos carnavalescos que nos regalen tormentas sin pedírselas. Deseamos que nos arrope el silencio de la normalidad. Que se trabaje por el progreso para repartir las riquezas con igualdad de oportunidades.

El único negocio es detener al régimen

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Hemos visto fallecer la cantinela de las negociaciones. Se acabaron las confusiones y sobresaltos respecto a cualquier entramado en mesas dislocadas. No sé si los representantes de uno u otro bando, tuvieron sus paradisíacas vacaciones, mientras representaban un compromiso confuso y no una solución definitiva.

He escrito en reiteradas ocasiones que no sucedería nada con este supuesto acercamiento. No lo he asegurado por considerarme intrépido, nigromante o adivino, sino porque existe una meta tan preponderante como planificada, llevada al dedillo desde comienzos de este año.

Tortura en la oscuridad de Rufo

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El gas doméstico había mermado en Táriba. Hacía más de tres meses que se había esfumado de las redes de la comunidad. Era una de las tantas dificultades diarias y ahora debía comprarse en bombonas para poder hacer la comida del día.

Había una fila inmensa para vender ese suministro. Estaban allí desde las cuatro de la mañana, con un frío azaroso y unas ganas inmensas de resolver una de las tantas necesidades que acongoja al venezolano.

Nicolasito no podrá ir a Disney

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Dudo que la estupidez sea una enfermedad. En todo caso, podría ser hereditaria y contagiar a los más cercanos. Muchos hombres tienen el raro comportamiento de llevar la incapacidad cerebral con un orgullo propio, opinar con un vacío reflexivo detestable y acomodar sus argumentos a la protección paternal.

Por eso, cuando supe la noticia, me causó hasta risa. No porque tuviese elementos hacia la comicidad, sino porque el sujeto a mención resulta disímil, empecinado en su idiotez e incapaz de estrenar su masa encefálica.

Detener el dominio insólito de Cuba es la prioridad

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Trato de seguirle la pista a los acontecimientos. A veces llego al tedio y en otras ocasiones me demuele la inquietud. La naturalidad a lo nefasto ya parece incrustada en el acontecer y en las diatribas públicas. Por eso ya nada asombra, pues nos han acostumbrado a la confusión y a combatir con el pesimismo.

Recuerdo a mi profesor de sociología en las aulas polvorientas de la universidad, que daba explicaciones abarrotado de ideologías y con sentido poco práctico de la política. Pero sus precisiones sobre la cotidianeidad eran impecables y certeras.

Cómo ensamblar el rompecabezas de la unidad

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Siempre he considerado que no existen causas perdidas. Que, a pesar de la intensidad de algunas vanidades sin tregua, perdura una necesidad que va más allá de cualquier pensamiento individual. Los socavones inmensos de nuestra república han sido tapados, en grandes ocasiones, por una determinación inesperada, para bien o para mal, convirtiéndonos por décadas, en un país indescifrable.

Se escribe una novela de terror en Miraflores

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Muchos han perdido la certidumbre de que Venezuela va a cambiar. Muchos no creen que nos hallamos en la antesala de las decisiones finales. Podría decirse que el pesimismo aplana hasta los impulsos más desmedidos. Y precisamente ese es el juego de caballos apesadumbrados y pasivos que maneja el régimen para permanecer en su trinchera inefable de poder y despilfarro.

Con la VERDAD saldría el régimen

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La libertad de un país encadenado a un sistema oprobioso, no se destraba con sueños apacibles. No es un hallazgo mental ni una conjetura por atragantarme de emociones. Las mafias del poder tienen sus aviones de príncipes, sus alcobas señoriales, sus entuertos medidos y sus ganas inmensas de continuar traficando con la paz de un pueblo.

Esa no es la verdadera negociación

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Detesto escuchar los mismos triunfalismos de antaño de los reyes torturadores. Las mofas de Cabello por televisión. Las aprobaciones a estas acciones por parte de Maduro, mientras exacerba al país con sus discursos torpes. Las fanfarronadas de los pocos adeptos que quedan. Pero, sobre todo, los desganos en las redes sociales y las decepciones de muchos que salpican en el ánimo.

A la espera de la llamada crucial

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Nos hemos cansado de impugnar y rebatir las acciones controversiales del régimen. Cuando deben bajar sus ofensas por estar en el ojo de la polémica, toman las decisiones más enigmáticas. Abren fuego contra los reglamentos y los estándares lógicos de un país racional. Por supuesto, el mundo entero sabe con conciencia en orden, que en Venezuela se esfumó hace mucho el Estado de Derecho y las normas se vuelven excusas para las fechorías.

Contando los últimos días del régimen

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Estamos inmersos en los últimos días de un gobierno infame, calculador y despiadado. Su inconmovible postura y su desmesurada indiscreción para la farsa rebasó la tolerancia de cualquier negociación. El 30 de abril se esperaban los resultados finales. Se adelantaban los acontecimientos y se programó un resultado confortable, sin muertos por doquier y sin un quebranto nacional.

A menos de un embarazo de la libertad

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Todas las cifras, las proyecciones múltiples y las reflexiones certeras cuadran perfectamente. No hace falta descuartizar los oráculos, lanzar cartas agoreras a un mesón o increpar a algún vidente para buscar una respuesta satisfactoria. Estamos muy cerca de las decisiones justas para empezar el tortuoso camino para restablecer aquel país perdido en la memoria.

Perdón por la confusa demora

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Parece no llegar el santo y seña para la libertad. A tenor de recibir todos los días la ácida dosis de confusión, desgaste y excesos del régimen -sin cautela y para hacernos sentir con los ánimos irritados-, todo tiene su tiempo medido. Las soluciones no pueden aparecer de la chistera del mago de los encantos. Vivimos un proceso político turbio, diseminado por años para hacerse eterno y acostumbrar a la sociedad a su particular perversidad.

Con la fecha de vencimiento a cuestas

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La usurpación tiene a un costado de su envase de miseria -además de los ingredientes agriados de este sistema del caos-, la fecha de vencimiento. Ya no son suposiciones ni ansias contenidas de quienes deseamos con la tolerancia rebasada, que estos malandrines abandonen el trono de Miraflores.

No es en ningún caso un capricho de redacción. Mucho menos una proclama espiritual, aunque sea necesaria en estos tiempos en que a la fe la han empañado los acontecimientos.

Una acción quirúrgica por la libertad

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Estamos hambrientos por un resultado definitivo. Nos perturban las malas nuevas que llegan a diario como peñascos. Nos atosiga que aquel vocero se desmienta o si otro habla desde las vísceras, con una perorata interminable sin precisiones ni fechas exclusivas.

Nos hallamos tan atormentados por nuestra propia realidad apocalíptica, que no sabemos si enarbolar con justicia por lo constitucional o simplemente afirmar que esa carta magna no sirve para nada.

Antídoto para el desánimo

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Cómo exigir una sonrisa placentera, mientras las heridas emocionales se agudizan sin remedio. Todos se desploman y caen en un laberinto que parece interminable. Se cansaron de las ilusiones de felicidad y los paisajes perfectos. De las proyecciones interminables y ese país encapsulado que no termina de llegar. Le importa un rábano al pueblo el estar inmersos en días históricos y determinantes, si el país yace en llamas y con todos los medios de subsistencia revueltos.

Diseño para una oficina en Miraflores

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Debe ser cómoda, apropiada para las disertaciones amplias y pulcra para las acciones justas. Al entrar se percibiría un aroma de libertad y contaría con tomos enormes, libros suculentos sobre economía, finanzas y políticas públicas, para ilustrar el cómo erigir el gran país requerido.

Dominarían los colores tenues y discretos. Atrás quedarían las rimbombancias pictóricas y el rojo sangriento como estandarte. La justicia debe ser blanca y sin banderas ideológicas.

Los bocados de Godzilla

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He Tratado por horas interminables y grotescas, imaginarme tal operación y no he podido. Posiblemente irrumpirían en una acción tipo comando. Llevarían mochilas atiborradas de utensilios modernos, con artificios sofisticados y todos los artilugios necesarios para lograr su cometido. Tendrían linternas, aparatos para desencriptar sensores y, principalmente, una iguana dentada, con la capacidad perniciosa de entrar por los escondrijos más diversos y roer sin contemplaciones, el cableado del sistema de control automatizado de la otrora central hidroeléctrica más importante de Sudamérica.

El mapa de las mil y una posibilidades

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Un grupo incuantificable de seguidores le esperaba a las afueras de su reunión con Macri en Argentina. Los rostros se iluminaron al verlo con la mansedumbre acostumbrada y su buena voluntad para dar aliento. Le gritaron: “¡Queremos regresar!”, como una súplica enfebrecida y esperando una respuesta acorde para no debilitar las esperanzas entrañables en este proceso.

Realmente no hay vuelta atrás

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Fue un día terrible e inolvidable. Se quebraron nuestras expectativas y no podíamos reponernos de los sollozos. Ver los camiones en llamas resultó impactante. Contabilizar más de veinte muertos, casi 300 heridos y alrededor de 100 miembros de las Fuerzas Armadas convencidos de abandonar el bando del terror, no es suficiente para un régimen cuyo único interés es aferrarse al poder a costa de la sangre de tantos inocentes.

Una fecha para la posteridad

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La historia está atestada no solo de héroes, sino de fechas emblemáticas. Nos ha costado aprender de memoria nombre rutilantes y precisiones sobre batallas decisivas que forjaron nuestro destino como nación. Por eso, cuando el presidente interino anunció con la mayor parsimonia y seguridad discursiva que el 23 de febrero sería el día impostergable para la entrada al país de la ayuda humanitaria, entendí que estaba tallando el futuro y que lanzaba los dados con la franqueza de quienes han logrado las gestas más heroicas.

De Wikipedia a la silla presidencial

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El destino de Venezuela de los últimos años se ha convertido en un marasmo indescifrable, además de enigmático. Un perturbador rompecabezas de agravios, decisiones tormentosas y traiciones por doquier. Es ese complejo juego de mover fichas en un tablero insondable y abismal, que pese a manejarse las estrategias con sumo cuidado y darle cara a cualquier ataque del adversario, se tiene siempre el mismo resultado desalentador.

¿Y ahora quién es el presidente?

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Estamos tan urgidos por un presidente con las botas puestas, la conciencia recta y el cerebro en orden, que ahora tenemos dos mandatarios que tiene patas arriba a la propia constitución y en ascuas a toda la población, la cual sólo ansía un mendrugo de real democracia.
Lo cierto es que la ceremonia de asunción al más alto cargo del país fue de lo más grotesca. Los únicos presidentes que tuvieron la desvergüenza de asistir fueron los mismos de siempre, que reciben las dádivas de nuestro país y no les conviene que Maduro deje las riendas del poder.

Esta historia no califica con 10

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Le he perdido la pista. No sé si quedó entre las sábanas de mis sueños revoltosos o atragantada en una consigna gastada. Sé que la extravié tal vez en el rincón polvoriento de mis desvelos. Torció sus proporciones al transcurrir el tiempo y quedó hecha migas, vulnerable, petrificada en el olvido, hasta volverse inoportuna cuando trataba de retornar al pensamiento.

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