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José Luis Zambrano Padauy

El dictador en su laberinto sin pretextos

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Resulta fácil observarle los retorcijones al aparato digestivo de la política. Sucede cuando la mentira ha extraviado el dote para engatusar y los gobernantes pierden aliados de forma estrepitosa. Es en ese momento cuando se reconocen las falencias sin espejuelos galácticos. Cuando se esfuma la compostura sin ton ni son y se dice lo indecible.

El viajero de las mil cruzadas

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Su periplo ha sido impresionante. Asumió el riesgo de la aventura y de su misión ya impostergable. Gracias a tal determinación, levantó una polvareda de buenos comentarios. Ha sido atinado y medido con sabiduría. Este recorrido parece pensado con refinamiento técnico y con la claridad de no quedar mucho tiempo para lograr los planes de rescatar a la nación de la tristeza.

Con las ansias de ver noticias verdaderas

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Cuando anunció la decisión, lo hizo sin una sola pausa. Se esmeró por hacernos entender las razones justas de esta nueva propuesta. Parecía inescrutable. Quizá incompresible.

Al principio no se valió de algún argumento invencible para precisarnos sobre esta ocurrencia medio descabellada. Parecía una versión corriente de una broma de mal gusto. No fue un decretó magnífico, que nos hubiese levantado de algún mullido asiento, para aclamar a grandes voces por un veredicto que cambiaría las direcciones de la misión.

Comenzamos bien un año convulsivo

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Es común que nos lleguen las dudas a raudales. Son tiempos de guerra y de no andar en franela frente a cualquier bombardeo. Por eso siempre he pensado que existe un plan, en el amplio escaparate donde resguardan los destinos. Así como existe precaución de no revelar la estrategia verdadera que puede eliminarle las congojas a los venezolanos.

Un peligro de guerra que nos involucra

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Inició el año con el resonar de tambores de guerra. Los Estados Unidos no se lo pensó mucho para enviar a su dron inteligente y exterminar, como blanco preciso, al general Qasem Soleimani. Lo hicieron en el aeropuerto Bagdad. Ese aparato volador, que en estos tiempos lo usa hasta el ciudadano común y que llegó sin ser visto por el blindaje defensivo, tiene al planeta entero con la convicción de estar cercanos a una confrontación bélica de enormes magnitudes.

Un año nuevo de cábalas determinantes

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Cada vez que termina un año, se efectúa un análisis sobre sus pormenores y las circunstancias que lo envolvieron. Si fue tan malo como el anterior o si tiene valor crucial para el conteo de anécdotas y recuerdos meritorios. Si tiene la virtud de ser escrito con letras doradas en nuestra memoria.

Una Navidad inmensa en nosotros

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De niño estaba convencido que la estrella de Belén existía y trazaba el recorrido glorioso hacia el pesebre. Que emprendía su operación valerosa de posarse y recibir la luz de Jesús. Por eso era tan brillante. Ese niño incandescente le llenaba de energía para cumplir con su misión de iluminar derredor y más allá. Tamaña proeza. Ya no habría reyes magos confundidos, sin brújulas para la época, pero con una guía sincera en el Cielo.

Tiempos para renovar la fe en la libertad

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A veces tengo la sensación de que poseemos una visión distorsionada de la realidad, a tal modo, que experimentamos una especie de mutación psicológica. Una impresión turbia que ahora es absurdo ser feliz. Que todos son nuestros enemigos y, quienes tiene el derecho de resolver los enredos, nos lanzan soporíferos discursivos para calmar nuestras angustias difíciles de amainar.

El apremio por el último tren

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No es fácil estar metido hasta el cuello en una responsabilidad complicada y no arriesgar hasta el pellejo. Por eso he considerado desde el inicio, que Juan Guaidó debe remar contra marea, solventar con un fervor imponente las trastadas de los demás y contar con unas ganas inmensas de libertad, para no desfallecer en su gesta.

Debe estar durmiendo a saltos. No hay rellano suficiente donde reposar. Pueden sobrarle traidores entre sus cercanos. Es normal el desatino en el camino. Las piedras resbalan en los zapatos y todos los días solventa un tropel de ataques.

Seguimos en la sala de espera

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Hay un aire confuso. Se extiende a naciones y a personajes que viven el incidente en pleno combate. Hay esquirlas y cicatrices por el bombardeo emocional que cayó como una granizada turbulenta. Día tras día se vive un episodio nuevo y corren las versiones con un ahínco demoledor. Quienquiera obviar la realidad, resulta sorprendido en la esquina con una casual ráfaga de noticias impropias.

Con las mismas maniobras para la destrucción

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Sabíamos que Colombia viviría idénticos estragos. El guión estaba elaborado con exactitud y lo han puesto en práctica. La partitura orquestada para dar en las zonas sensibles nunca falla, pues se sabe cómo poner el caldero a hervir en el clamor popular.

Fueron 14 las estaciones de Transmilenio vandalizadas el primer día en Bogotá. Similares a las 21 del metro en Santiago. La misma indigestión emocional y las mismas excusas de los revoltosos. Fraguan la contienda con esmero, aprietan en la llaga de la inconformidad del pueblo y lo lanzan al barranco del desorden social.

Marchas con retorno a la democracia

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La vida tiene un sentido práctico incuestionable y casi bíblico: lo haces o no lo haces. ¿Vale la pena escribir y que resuene como en un caracol cuando se está impasible frente a una realidad aplastante? La buena suerte de los hechos venideros no se dará porque nos sentemos a tomarnos un café en el frente de la casa. Nada sucede a la víspera o por el prestigio de que debe suceder para por fin ser felices.

Dinero ruso para alimentar la revolución

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El pasado fin de semana se cumplieron 30 años de la caída del muro de Berlín. Tras décadas de ser invulnerable, trastornado y grotesco, cedió a la necesidad de unir a una misma nación y compartir ideales correctos. Fue desgajado por el mismo pueblo a porrazo limpio y con la fe entrañable de que todo cambiaría.

Alemania del este vivenciaba en aquel otoño certero, cómo se desbordaban sus calles por la necesidad colectiva de progresar y el deseo irremplazable de modificar esa realidad de miseria. Era un sueño remoto que se hacía realidad.

Una espera que se hace interminable

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Tenemos meses agotadores buscándole la rosca a la tuerca. Nos fatigamos en el sopor de las malas noticias o en el de no entender cómo se suscitan los acontecimientos. Nos sentimos rezagados frente a las fechas y sin los consuelos para entender la trama de los hechos venideros.

La correa infame que aprieta al Ecuador

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Es una estrategia descafeinada, predecible y con fisuras en los tiempos que corren. Tan evidente para cualquier avezado en historia o conocedor de los movimientos subversivos de América Latina. El Gobierno ecuatoriano no se ha tragado el cuento, andando cauteloso ante los siniestros políticos sembrados por el comunismo tropical, propulsados siempre con una razón casi maquiavélica.

Somos los primeros en la ONU

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En toda novela siempre prevalece un protagonista. Su ingenio para destrabar los conflictos o los modos precisos para desarrollar su personalidad deslumbrante lo convierten el eje central de la trama. Pero en ocasiones, la figura principal puede ser el malvado cobarde y ruin de la historia. Las fechorías, sus risotadas a mandíbula batiente y sus decisiones para propiciar el mal en otros, pueden copar nuestro interés y anidar sus acciones detestables en cada página de ese tomo de emociones y conflictos.

El pacto menos creíble de la historia

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Hay que tener la memoria indestructible y las ideas en orden para no dejarse arrastrar por las infamias habituales de la dictadura. Nos inventan escaramuzas, vendiendo lo ficticio con una realidad desgastada. Pero no somos cretinos para comernos el mismo cuento, siempre servido a voz en cuello y con una rimbombancia atormentante. Pero esta vez no les funcionó, pues el guión fastidia y ya pasó de moda este tipo de película política.

El bulto de Bolton o la dureza de Kozak

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Siempre quedamos estupefactos por los ruidosos cambios del presidente Trump. No sé si ha sido en su pasado alegre como empresario, un hombre exitoso o un empecinado sin remedio. Lo cierto es que a estas alturas y como nos tiene acostumbrado, se ha prestado al juego comunicacional para aclararnos a su modo, la forma en que en esta ocasión retiró a una de sus piezas de su peculiar gabinete.

El sinsabor de una amnistía

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Todos queremos que les den por las narices por cada fechoría cometida. Abarrotados en una celda, invadidos por los fantasmas de sus entuertos sociales y con una sensación interminable de culpa por cada acto de maldad aplaudido en público, sientan en carne propia el desprecio de la soledad y el enclaustramiento. Los queremos sin un centavo en los bolsillos; acalorados por las rabietas de no tener nada; con la carga del descubrimiento oficial de la corrupción, asesinato, inmoralidad y brutalidad con los cuales aplastaron el futuro de una nación entera.

Construyendo la tumba de la dictadura

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Soñamos con un país apacible. Con un sistema enmarcado en cristal, preciso, sincero y justo para todos, sin metáforas falsas y con una capacidad rozagante para hacernos felices. Sin la necesidad de buscar caudillos carnavalescos que nos regalen tormentas sin pedírselas. Deseamos que nos arrope el silencio de la normalidad. Que se trabaje por el progreso para repartir las riquezas con igualdad de oportunidades.

El único negocio es detener al régimen

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Hemos visto fallecer la cantinela de las negociaciones. Se acabaron las confusiones y sobresaltos respecto a cualquier entramado en mesas dislocadas. No sé si los representantes de uno u otro bando, tuvieron sus paradisíacas vacaciones, mientras representaban un compromiso confuso y no una solución definitiva.

He escrito en reiteradas ocasiones que no sucedería nada con este supuesto acercamiento. No lo he asegurado por considerarme intrépido, nigromante o adivino, sino porque existe una meta tan preponderante como planificada, llevada al dedillo desde comienzos de este año.

Tortura en la oscuridad de Rufo

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El gas doméstico había mermado en Táriba. Hacía más de tres meses que se había esfumado de las redes de la comunidad. Era una de las tantas dificultades diarias y ahora debía comprarse en bombonas para poder hacer la comida del día.

Había una fila inmensa para vender ese suministro. Estaban allí desde las cuatro de la mañana, con un frío azaroso y unas ganas inmensas de resolver una de las tantas necesidades que acongoja al venezolano.

Nicolasito no podrá ir a Disney

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Dudo que la estupidez sea una enfermedad. En todo caso, podría ser hereditaria y contagiar a los más cercanos. Muchos hombres tienen el raro comportamiento de llevar la incapacidad cerebral con un orgullo propio, opinar con un vacío reflexivo detestable y acomodar sus argumentos a la protección paternal.

Por eso, cuando supe la noticia, me causó hasta risa. No porque tuviese elementos hacia la comicidad, sino porque el sujeto a mención resulta disímil, empecinado en su idiotez e incapaz de estrenar su masa encefálica.

Detener el dominio insólito de Cuba es la prioridad

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Trato de seguirle la pista a los acontecimientos. A veces llego al tedio y en otras ocasiones me demuele la inquietud. La naturalidad a lo nefasto ya parece incrustada en el acontecer y en las diatribas públicas. Por eso ya nada asombra, pues nos han acostumbrado a la confusión y a combatir con el pesimismo.

Recuerdo a mi profesor de sociología en las aulas polvorientas de la universidad, que daba explicaciones abarrotado de ideologías y con sentido poco práctico de la política. Pero sus precisiones sobre la cotidianeidad eran impecables y certeras.

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