Para formar parte de la información

José Luis Zambrano Padauy

Por el camino inca de la incertidumbre

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Lo vi partir con el alma en vilo. Se cansó de guardar los sueños en el armario y de esa sensación terrorífica de no saber qué hacer al abrir los ojos. Sentía un miedo tortuoso al fracaso. Pero estaba hasta el hastío de andar sin rumbo y tener los días apretujados en el almanaque. Todos eran iguales, extraviados y complejos, reducidos a medio conseguir qué comer, a solventar las discusiones gastadas con la familia sobre las maneras para poder sobrevivir.

Más de 20 mil firmas contra el dictador

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Las noticias del planeta parecen girar en estos días, sobre dos eventos trastornados de gran impacto y un tanto inciertos en torno a sus desenlaces. Se está escenificando en Argentina la cumbre de líderes del G20, cuyo encuentro parece un menú disperso de controversias, declaraciones rigurosas y temas intangibles.

Nuestro terrible “black country”

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El consumismo que arropa a los últimos meses del año parece tan indómito, intransigente y de vértigo, que nos obliga a adquirir hasta lo que no necesitamos. Resulta inevitable no caer en ese tobogán de desquicio. De por sí, ya sabemos de antemano que provocará un sentido de culpa en los presupuestos vacíos de enero.

La permanente crítica contra nosotros

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Soy de quienes siempre han considerado a Venezuela como un territorio de orgullo. Posee planicies admirables, montañas exuberantes y hasta médanos primorosos como si tuviésemos al Sahara embotellado. Sus cascadas glamorosas y sorprendentes. Sus llanuras como un manto ecológico que abriga el grito inextinguible del contrapunteo y la armonía del arpa. Sus crepúsculos errantes y su comida ineludible. Amar a este país de encantos es una tarea nada complicada.

Las estrellas también se conmueven

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Posiblemente no era la primera vez que estaba frente a una historia sorprendente, con despilfarros de adrenalina y con relatos de interminables sollozos contenidos. La diferencia crucial es que esta vez todas estas sensaciones no pertenecían a uno de sus guiones pintorescos para una película de abultado presupuesto.

Presagios para una fiesta

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Deseo creer en cualquier vaticinio repentino. Hurgar en lo imprevisible y tener las suficientes agallas para defender algún postulado aventurero. No podemos seguir dudando hasta de nuestras propias creencias ancestrales. Bastantes sacudidas nos han dado los cabecillas del régimen para dudar siempre y perder la fuerza de la fe para esbozar una sonrisa futura.

Las huellas de las manos manchadas

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“No respira. Esta vez se nos fue la mano. A este no lo podemos ocultar”, posiblemente sentenció el funcionario, mientras extraía del gran balde de agua, la cabeza inerte, bailoteando entre sus manos, ya sin vida. Se habían detenido los burbujeos y los sobresaltos ante la necesidad de alguna bocanada de aire. Había llegado la rendición ante la asfixia y no soportó la presión para vomitar argumentos falsos.

De la risa a la lástima internacional

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Cuando se iniciaron estos traspiés políticos, siempre tuve el temor de convertirnos en el hazmerreír internacional. Me asaltaba un deseo insaciable por borrar todos esos discursos hilarantes y encendidos del mandatario de la verruga. Él desencadenaba tanto odio, con su juego de palabras dislocadas, abotagado de sorpresas y anuncios para el desorden, que logró llamar la atención de todo el mundo y cumplir su cometido de crispar a quienes trataban de hacer las cosas correctas.

Llegó la sensatez a la ONU

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Venezuela no tiene una enfermedad congénita para el infortunio. Por el contrario, siempre ha poseído un complejo ardiente por la libertad y la alegría. Nunca ha sido reservada o exteriorizado alguna cautela para vociferarle al planeta entero que se cuenta con una complexión para compartir una sonrisa distinguida y un optimismo más allá de la propia lógica.

Libere a este pueblo en el nombre de Jesús

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Yacía arrodillado, sin vacilar por un instante en su intención de abrazarlo y aprovechar esta oportunidad inigualable de convertirse en un vocero poco convencional. Lo tenía en frente, con su cabello desmarañado, su mirar ambiguo y ataviado con la vestidura hemisférica de buscar una justicia cada vez más complicada.

Libere a este pueblo en el nombre de Jesús

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Yacía arrodillado, sin vacilar por un instante en su intención de abrazarlo y aprovechar esta oportunidad inigualable de convertirse en un vocero poco convencional. Lo tenía en frente, con su cabello desmarañado, su mirar ambiguo y ataviado con la vestidura hemisférica de buscar una justicia cada vez más complicada.

La maldad asestada en Venezuela

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La maldad asestada en la Venezuela de los últimos 19 años no se da ni un respiro para la paz. Lanza sus bombas enquistadas de caos y efectúa tantos movimientos simultáneos para el desorden, que tengo la rancia sensación que se preocupa más en desmoralizar y generar desdicha para los venezolanos que en tratar de aparentar un Gobierno coherente.

Con el mismo guion para el caos

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Pareciera que ya nada es intempestivo en Venezuela. Todos esperan con la resignación acostumbrada, el golpe en el costado emocional y la variada estratagema para estar entretenidos con las tragedias.

Cómo se extrañan las noticias optimistas en una tierra con tantos derechos por cumplir y privilegios por recibir. Mientras más anuncios son vociferados con un temple destructivo desde Miraflores, en proporciones inimaginables se presenta el éxodo de venezolanos, con la fe extraviada en esa espera interminable porque la justicia constitucional, recobre los buenos modos democráticos.

La repetida fórmula de la confusión

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Todo lo juegan a su modo. Imponen reglas y hasta obligan a los medios a utilizar el mismo lenguaje y a aceptar los hechos, tramados siempre con sus manipulaciones diversas.

El viernes pasado, el inconmovible ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, quien se ha puesto el uniforme manchado de cuanto cargo público le ha regalado la dictadura, puso el dedo en la llaga con una declaración tan falsa, como esa intentona de magnicidio que sólo dejó en claro la poca valentía del componente militar venezolano.

Nicaragua, en el mismo espejo astillado

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Se escucha el mismo clamor desde Nicaragua. Tiene el mismo eco atronador, las posturas perturbadas de buscar una salida y las frases precisas de no hallar respuesta justa en el ámbito internacional.

No sorprende estos reflejos de angustia ni que se libre a dentelladas el acomodo de la democracia. Recobraron el fervor por una patria verdadera y los jóvenes salieron a demostrar que el pueblo no es una masa sin cavilaciones.

Por el rumbo complicado de la libertad

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Es ya de dominio público internacional que Venezuela vive escamoteada, turbulenta y triste. Que el pueblo no ha hallado las soluciones balsámicas para resolver su rara ecuación política, que le ha llevado a tener un incorregible camino de precariedades y una economía histórica de desolación.

¿A quién se le puede enderezar el humor ante cortes eléctricos diarios de prolongadas horas y calores extremos? ¿Cómo puede aplaudirse el humillante sistema de transporte, fraguado para llevar a los ciudadanos en camiones de carga y bajo el riesgo inconmensurable de perder la vida?

Curso intensivo de mandarín

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Si el sendero de los últimos acontecimientos sigue por la vía amarga de las decisiones torpes, no sería de desestimar el iniciar un curso intensivo de “Open Mandarín”, para sentirnos cómodos con estas nuevas condiciones nacionales.

El Gobierno de la bandera roja y los ojos rayados continúa concediendo préstamos interminables a nuestro país. A China no parece acabársele la paciencia ante tanto derrochador de oficio en Miraflores. Por supuesto, todo debe partir de una maquinación bien compuesta para aprovechar esta debacle económica y asumir algún tipo de jerarquía de poder.

En un sueño proverbial e imaginable

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Siempre la esperanza viene a cuento, cuando las nubes aciagas arropan el firmamento. Parece una frase hecha a medida para evitar el desplome de las emociones diversas, en una nación con tantos años ingratos y un futuro poco alentador ante los hechos.
Al primer golpe de vista, Venezuela parece un país irremediable. Es blanco de las habladurías, de los análisis desalentadores y de la preocupación extrema frente a tantos seres humanos sumidos en la miseria, el hambre y la burla.

Un estado de locura extrema

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He considerado desde hace tiempo, que en Venezuela se dan las teorías inversas y las lógicas revueltas. El anuncio de un aumento salarial debería de erigirse como un aliciente sin pretextos para esbozar una sonrisa y soltar algún suspiro de alivio. Pero en la calamidad nacional, este incremento sólo agrava la ruindad y decadencia social, económica y política a las cuales no les recetan escapatorias.

Una trastada de marca mundial

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A pesar que los ojos de los cinco continentes se hallan vertidos en conocer los resultados de los encuentros del Mundial Rusia 2018, se suscitaron esta semana varios acontecimientos respecto a nuestro país, para revolverle estómago a cualquiera y generar un interés como aliciente de un “por lo menos se está haciendo algo”.

Las dudas merecidas ante la farsa

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No es Presidente. Lo han dicho a voz en cuello y de forma enérgica los países que conforman la OEA. No han tenido reparo para actuar y no han creído las farsas montadas del pasado por parte de quienes usurpan Miraflores.

Ahora el hemisferio se ha puesto la corbata. Ya no se escuchan esas excusas desgañitadas ni se percibe ese temor a tomar decisiones precisas. Prevalece un fervor decidido por resolver los arreglos de una nación que, por justicia natural, merece contar con los privilegios de la bonanza y la tranquilidad económica, social y política de sus ciudadanos.

Las noticias de los miedos ocultos

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Venezuela parece un carnaval incierto de noticias encontradas. Mientras muchas naciones hacen causa común para entorpecer las acciones y la autenticidad de un Gobierno que hace lo imposible por arroparse con la cobija menuda de su legalidad, el fantasma de la contradicción parece zumbarle en los oídos a Miraflores e ir en contracorriente a sus propios puntos de vista.

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