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Los 5 peores fracasos de la industria tecnológica en la última década. Foto: Pixabay

Los 5 peores fracasos de la industria tecnológica en la última década

Si hurgamos el cesto de basura al que fueron a parar los peores fracasos tecnológicos de los últimos diez años seguramente vislumbraremos el brillo de las gafas inteligentes Google Glass. El producto emergió en 2012 con gesto presumido: la compañía estadounidense lo mostraba como la próxima gran revolución. Con el diario del lunes sabemos que eso no ocurrió.

La idea era disruptiva y prometía convertir en realidad algunos avances que sólo habíamos visto en el cine. Los anteojos de Google tenían una cámara en el sector frontal y abrían paso a los encantos de la realidad aumentada para mostrar información virtual “impresa” en escenarios reales. Por caso, al llevar la mirada al afiche de una obra de teatro frente a los ojos veríamos datos como horarios, sala, elenco, precio de las entradas, etcétera.

La posibilidad de grabar en espacios públicos hizo que los defensores de la privacidad pongan el grito en el cielo. Pero esa no fue la bala que hirió de muerte a Google Glass, que insistió con diversas versiones y que nunca se consolidó entre los consumidores. Acostumbrada al éxito, la firma de California canceló el proyecto y luego lo acotó a un público más específico. Tal como reseña TN Tecno cuando Google lanzó una tercera versión de Glass, reconocieron que estrategia fue errada y señalaron fue un error generar gran expectativa en un dispositivo que, a fin de cuentas, era un prototipo.

Ahora que se espera la llegada de smartglasses de peces gordos como Facebook (que esta semana lo hizo) y Apple, ¿Google reflotará a las fallidas Glass? Lo cierto es que aquel no ha sido el único producto de la categoría que no prendió en el mercado. En el mismo cesto –seguramente un tanto más arriba en el montón- aparecen las Spectacles desarrolladas por la empresa detrás de la aplicación Snapchat.

Si bien ese producto tiene cuatro versiones en el lomo, en la mayoría de los mercados es difícil encontrar una persona que lleve puestas una de estas gafas. Este año Snap Inc. presentó una nueva edición del wearable con una excepción importante: no salieron a la venta tras el anuncio. “Son para que los usen los creadores de realidad aumentada”, dijeron desde la compañía. En la ocasión señalamos que el producto parece más experimental que comercial. Con una estética más canchera en relación a Google Glass, Spectacles también pone sus fichas a la realidad aumentada. La versión más flamante tiene dos cámaras, cuatro micrófonos, parlantes estéreo y controles táctiles.

Es posible que Glass y Spectacles cambien su estatus cuando la categoría, eventualmente, se afiance. En ese caso, diremos que han sido pioneros del sector y que sencillamente fracasaron por haber llegada demasiado temprano a un mercado que aún no estaba preparado para recibirlos.

Fracasos móviles

Desde 2007 a esta parte, los smartphones han ostentado la medalla que los erige como las grandes estrellas del sector tecnológico. Por eso no extraña que muchas compañías, incluso las que no pertenecen al segmento, hayan probado suerte en esas aguas. Por ejemplo, Facebook lo hizo de la mano de HTC y la apuesta no funcionó. También tropezaron gigantes como Samsung, que hace algunos años lidió que el Galaxy Note 7 que se prendía fuego y explotaba.

Uno de los grandes fracasos en el negocio móvil es la fallida apuesta de Amazon, que en 2014 anunció su propio teléfono, el Fire Phone. Con pisada poderosa en el comercio electrónico y con experiencia en la fabricación de lectores de ebooks, la firma de Amazon apareció en escena también con planes presumidos. Jeff Bezos, por entonces CEO de la empresa, mostraba el celular en el escenario con el mismo gesto con el que ahora anuncia los revolucionarios viajes al espacio.

El teléfono prometía un nuevo paso en la industria del hardware, prometiendo mostrar imágenes en tres dimensiones. Un detalle: prescindía de Google Play y ofrecía descarga de apps desde la tienda de Amazon. Aquel fue sin duda uno de sus errores, además de debutar con un precio demasiado alto, duplicando la cifra de muchos equipos dignos de aquel entonces. ¿El final del cuento? Fire Phone se retiró con la cabeza gacha, incluso tras algunas rebajas en el precio.

Un caso parecido fue el del Essential Phone. El celular aparecía con un buen espaldarazo: emergía en 2017 de la flamante compañía de Andy Rubin, un hombre célebre en el sector móvil por su participación directa en el nacimiento de Android, el sistema operativo móvil de Google que desde hace muchos años corre en cerca de ocho de cada diez teléfonos del mercado. De hecho, a Rubin se lo conoce como “el padre de Android”. Buen aval.

Sin embargo, y aunque se lo considera como un precursor del iPhone X de Apple, el smartphone de Essential figura en la lista de los más grandes fracasos de la industria tecnológica en la última década. La intención era buena: el dispositivo de gama alta proponía cambios interesantes como la presencia de una muesca para reducir los marcos, diseño que luego se popularizó y aún se mantiene. ¿Cómo se explica el fiasco? Una vez más hay que hablar de precio: el teléfono era costoso y se propuso competir con los equipos insignia de Apple y Samsung sin tener el recorrido de estos.

Por otra parte, una denuncia de acoso sexual contra Rubin lo condujo al desprestigio y más tarde apagó las luces de su empresa a cinco años de haberla creado. Antes de bajar las persianas, en el negocio móvil se hablaba del Essential Gem, un desarrollo singularísimo que no llegó al mercado.

Celulares para armar

Ciertos fracasos merecen aplausos. Uno de esos casos es Project Ara, una iniciativa que impulsó Google. Igual que el nunca “parido” Gem de Essential, la propuesta giraba en torno a la modularidad. ¿De qué se trata? Dispositivos con partes intercambiables y en tanto actualizables. Por caso, el usuario podría quitar el módulo fotográfico, comprar uno más avanzado y colocarlo sin conocimientos técnicos. De este modo, no sería necesario deshacerse de un smartphone y comprar uno nuevo en caso de querer tener una cámara más avanzada.

El proyecto proponía nueva vida al hardware libre, emulando la filosofía del software open source. El primer kit para desarrolladores apareció en 2016 y al año siguiente tuvo lugar el despliegue entre usuarios. Los teléfonos eran un marco que contenía módulos, que se adherían a la carcasa con magnetos. Diversos factores influyeron en la caída: por entonces el plan estaba en manos de Motorola (que Google había adquirido) y luego esa firma pasó a Lenovo. Al mercado llegaron luego algunos celulares con “herencias modulares”, comercializados por Motorola, que permitían añadir complementos, por caso un proyector, un parlante potente o una batería extra. Nada de eso se consolidó y el Proyecto Ara se diluyó en el olvido.

Ahora que el derecho a reparar emerge con fuerza en mercados clave como el estadounidense y el europeo, la modularidad (de suyo vinculada al empoderamiento del usuario) podría también reflotar. Los amantes de la tecnología, especialmente aquellos que vivieron los viejos tiempos de apertura, recibirán con agrado los axiomas que planteó Ara. Es cierto que fracasó pero, huelga decir, lo hizo con dignidad y con una proyección promisoria. MV (Foto: Pixabay)