Las Primarias en los análisis de Thaelman Urgelles

¡Ganó Venezuela!

Esta expresión, habitual muletilla para ocasiones electorales, cobra sin embargo precisión y pertinencia al revisar lo ocurrido en este Día de la Juventud. Porque la principal preocupación de quienes colmaron los centros de votación no era quién ganaría la candidatura presidencial sino cuántos votantes tendríamos en toda Venezuela. De esa manera, la población interpretaba con especial claridad lo que nos estábamos jugando ayer: no tanto quién iba a portar la banderola del cambio democrático sino la cuantía de las tropas y pertrechos que le estábamos entregando para comenzar la gesta. Fue por ello que nadie se sintió perdedor en los escrutinios de la candidatura presidencial y nunca fue tan justo el lugar común “Ganó Venezuela”.

Claro que a la creación de ese clima influyó la certidumbre sobre el holgado triunfo de Henrique Capriles, una decisión que había sido tomada por la población un año atrás y que no iba a ser fácilmente cambiada por acertadas campañas propagandísticas, ni por el peso de las maquinarias partidistas, o por algún tipo de unanimidad regional. La preferencia por Capriles que asumió la mayoría fue una serena y profunda convicción colectiva que sólo podía ser cambiada por un error garrafal del candidato, en la forma de un viraje significativo de él respecto de las positivas expectativas que había generado en la población. Por eso mismo ha resultado tan fluida y poco traumática la aceptación del candidato unitario por aquellos que votaron a otras opciones.

Otra razón del sentimiento de que ganamos todos es la naturaleza misma de las primarias, un proceso que permitió a todos los ciudadanos de oposición elegir libremente entre un abanico de aspirantes, sin la presión de votar en contra, o tener que votar obligado por un mal menor para enfrentar al mal peor, tal como hemos tenido que hacer en procesos anteriores. En estos días pudimos escuchar a decenas de amigos y relacionados: “voy a votar por tal candidat@ y no me importa si gana o pierde, porque después tendré como candidat@ al que gane”. Dicho eso sin ningún problema. Es por ello cierto lo que algunos han apuntado de que -por lo menos hasta que tengamos una democracia estable y libre de las amenazas totalitarias- las primarias llegaron para quedarse.

¿Por qué Henrique Capriles Radonski?

Cuando decimos que una mayoría tomó desde temprano una decisión bastante firme sobre por quién votar no nos referimos a la persona particular del gobernador de Miranda sino a un perfil de personalidad pública que coincide con la imagen de él. Es un perfil que, por cierto, coincide en general con el de 3 de los demás aspirantes a estas primarias, lo cual legitima sus aspiraciones, a saber Pérez, Machado y López: políticos jóvenes, sin pasados ominosos, de reconocida valentía y con una obra gerencial pública que mostrar (Súmate en el caso de María Corina). Entonces, ¿por qué Capriles? Para responderlo hay que revisar las particularidades de cada uno.

• Solamente él mantuvo con disciplina y coherencia un discurso de campaña que coincide con las aspiraciones más sentidas de los venezolanos: progreso económico y social en paz, inclusión sin exclusiones, fin de la polarización, cambios graduales y no traumáticos.
• Sólo Capriles fue capaz de evadir las tentaciones de configuración que asechan a todos los candidatos; los intentos públicos –de periodistas, adversarios, particulares- de precisar tus planes, programas e ideología. Hoy lo acaba de hacer magistralmente en la rueda de prensa post-electoral. Todos los demás se explayaron en precisiones y detalles que más que ayudarlos complicaban sus opciones.
• Sólo el Comando Tricolor fue capaz de mantener un diseño estratégico inalterable, sin cambios repentinos ni ensayos arriesgados. Esto se lo permitió la ventaja del puntero: si estás adelante no tienes necesidad de arriesgarte con acciones espectaculares, ni ideas ingeniosas ni virajes radicales.
• En el campo de los rivales, el encomiable entusiasmo y fuerza de Pablo Pérez nunca pudo compensar el peso que significaba el ser el precandidato del viejo sistema democrático, o lucir como él. Si algo se demostró en esta elección es que también los venezolanos de oposición quieren ver muy lejos todo lo que signifique “vuelta al pasado”. Esto puede resultar injusto pero es así; y afecta a líderes tan valiosos como Antonio Ledezma.
• Leopoldo López, por su parte, no pudo con el peso muerto de la inhabilitación. Pese a que los obstáculos legales parecieron desaparecer, Leopoldo tuvo que invertir la mayoría de su campaña en desmontar la natural desconfianza de los votantes acerca de este tema. La gente quería ir sobre-segura a Octubre y existían opciones que no comportaban el peligro de una descalificación post-12F.
• En el caso de María Corina Machado, su brillante lanzamiento le permitió superar parcialmente la desventaja de no contar con un desempeño que mostrar como gobernadora o alcaldesa. Se enfocó en un mensaje de esperanza y reivindicación de la dignidad nacional, pero erró cuando trató de precisar su oferta en términos de planteos ideológicos. Su claro mensaje pro-capitalista tiene enormes méritos. Muchos lo compartimos pero entendemos que esta elección no es el lugar ni el tiempo para ello.
• Diego Arria y Pablo Medina realizaron una digna campaña, pero estaban invalidados de partida por el perfil, antes enunciado, que los electores se hicieron del candidato que querían para oponer a Chávez. Su discurso se dirigió a una misma franja de electores. Y al final María Corina les arrebató, con su “Vota Duro” y su interpelación de Chávez en la AN, lo poco que quedaba de esa franja, la cual resultó por cierto muy estrecha.

La Unidad sigue garantizada

¿Qué demostraron las primarias?

Los próximos días, semanas y meses irán dando cuenta de numerosas conclusiones y consecuencias de este importante punto de quiebre de la historia nacional. Por ahora nos conformaremos con señalar aquellas que nos resultan más evidentes:

• La nación venezolana ha producido un nuevo y prometedor líder, cuyo impacto en la historia futura del país dependerá de su propio desempeño en el crucial desafío que deberá encarar hacia el 7 de octubre y de la capacidad de apoyo y sustentación que le sepamos brindar quienes compartimos su lucha por una nueva e integrada Venezuela.
• Los venezolanos de oposición tenemos una preferencia abrumadora por una salida pacífica, armónica y gradual de la difícil situación a la que el país ha sido conducida por el proyecto político de Hugo Chávez.
• Esta preferencia no parte de una cuestión de gusto, sino de la comprensión de que tal salida es la única posible en el contexto socio-político del país. Quién no desearía corregir pronto y de manera expedita las perversiones políticas, institucionales y económicas generadas en estos 13 años, pero la experiencia y una madura evaluación hacen concluir a la mayoría que ello sólo será posible mediante un trabajado proceso evolutivo, varias mediciones electorales y una elaborada negociación con algunos de los factores que han apoyado el proceso de cambio. “La vida es así, no la he inventado yo…”
• Por contrario, los votantes de oposición han exigido a los promotores de una confrontación más radical con el gobierno que moderen sus propuestas y que se adscriban al camino intermedio y gradual que marcaron Capriles, Primero Justicia, López y sus sectores aliados. Algunos no lo harán, pero es seguro que serán muy poco escuchados.
• La exigencia de Unidad es imperativa. Este mandato no sólo está dirigido a los factores que no vencieron en las primarias, sino sobre todo al sector ganador, quien tiene la obligación de integrar a todas las instancias de la campaña a quienes con ellos compitieron gallardamente.
• Respecto de lo anterior, Capriles ha ofrecido una versión más amplia y satisfactoria: la Unidad no sólo comprende a los partidos y liderazgos políticos sino a todos los sectores nacionales: a la sociedad civil, agrupaciones gremiales, sindicales y profesionales, a la academia y a todos los ciudadanos de vocación democrática y progresista.
• La ciudadanía opositora mostró una conducta bastante homogénea en sus preferencias electorales. Los porcentajes de votación alcanzados por el candidato vencedor fueron bastante similares en los distintos ámbitos sociales, geográficos y culturales, excepción hecha de la lógica desviación que ofrece el Zulia por su legítimo exponente. Capriles obtuvo resultados similares en Catia y Altamira, en Australia y en la parroquia Candelaria. Un fenómeno que sólo se da cuando ocurre una confluencia histórica de voluntades.
• Los venezolanos de oposición apuestan a una renovación profunda de las estructuras políticas, de sus modos de proceder y de los rostros que las representan. Esto no significa un corte generacional, como bien ha reconocido el candidato y nuevo líder, pero es indudable que supone una entrega de testigo a un grupo más joven de líderes políticos.
• El que esta renovación no se traduzca en un costoso corte generacional va a requerir una ardua gestión del líder y de las generaciones más veteranas del país: políticas, asociativas e intelectuales. Porque la tentación de ciertos sectores jóvenes de producir una tabula rasa no estará ausente de la agenda. La valoración de los roles de Ramón Guillermo Aveledo y Teresa Albanés, entre muchos otros, en este último logro, y de l@s centenares de venezolan@s de experiencia durante estos 13 años, será necesaria para detener lo que vemos como un peligro latente.
• La Mesa de Unidad Democrática (MUD) ha quedado ratificada como experiencia organizativa, de coordinación y planificación de la oposición organizada. Ella deberá continuar su gestión en los meses que median hasta Octubre y muy especialmente en los años de reconstrucción nacional que nos esperan. A la manera de la Concertación chilena. Ramón Guillermo Aveledo ha sido aclamado por los votantes como el conductor irremplazable de esa alianza. Tendrá que establecer, de común acuerdo con el Comando Tricolor del candidato, los respectivos ámbitos de acción, las áreas y modos de coordinación y los responsables de cada una de ellas. Designaciones que deberías ser reales, efectivas y no puramente nominales como suele ocurrir en este tipo de alianzas.
• Los partidos llamados tradicionales no han recibido en modo alguno una partida de defunción, aunque sí un severo aviso de parte de la población e incluso de sus militantes y simpatizantes. De la interpretación que ellos sean capaces de dar a esta realidad y de la conducta y medidas que en consecuencia asuman, dependerá si su larga trayectoria continúa escribiendo páginas en la historia nacional.
• Miles de funcionarios del Consejo Nacional Electoral demostraron su innegable compromiso profesional con la tarea que la institución puso en ellos. No nos hacemos ilusiones respecto de la inocencia e imparcialidad de la mayoría de quienes dirigen a ese organismo, pero es evidente que en sus bases anida un espíritu democrático y una vocación de servicio que no es nada descartable para el propósito de vencer, de cara a octubre, al ventajismo que será ordenado desde el poder ejecutivo y ejecutado por la cúpula del cuerpo.
• Resultó evidente, de igual manera, que la gente está dispuesta a participar bajo las condiciones del actual CNE, pese a cualquier justificada sospecha. Los llamados autodestructivos de voceros tan bulliciosos como minoritarios fueron sencillamente desoídos.
• Finalmente, la presencia cooperativa del Plan República en todos los centros de votación representa un hecho de incalculable valor para los retos que se nos avecinan. Los efectivos militares –soldados, sub-oficiales y oficiales de mediano escalafón- convivieron todo el día con una población entusiasta y esperanzada, apoyando a ancian@s muy mayores que vinieron a votar, departiendo con nuestros jóvenes y mujeres, interactuando con electores, testigos, miembros de mesa y coordinadores electorales. ¿Son esos los militares con los que cuentan Chávez y Rangel Silva para manipular o desconocer los resultados electorales? Por lo que vimos el 12-F, no les será sencillo.

Thaelman Urgelles

Thaelman Urgelles
Informe 21

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