Piloto musulmán recibe 10 años de cárcel en Italia por rezar en vez de tomar acciones de emergencia durante accidente aéreo

El Tribunal de la ciudad italiana de Palermo condenó hoy a penas de entre diez y ocho años de cárcel a siete trabajadores de la aerolínea tunecina Tuninter por el accidente aéreo acaecido el 6 de agosto de 2005 en aguas próximas a Sicilia y en el que murieron 16 personas.

Los condenados, todos ellos de nacionalidad tunecina, respondían a las acusaciones de desastre aéreo culposo, homicidio y lesiones graves por un accidente que dejó además 23 heridos, informan hoy los medios de comunicación locales.

El siniestro tuvo lugar en aguas próximas a Sicilia después de que el aparato, un avión de hélices ATR 72 de Tuninter en el que viajaban 39 personas, despegara de la ciudad de Bari (en el sur continental de Italia) con destino a la isla de Yerba, en Túnez. El avión registró problemas apenas una hora después de haber despegado del aeropuerto y el comandante solicitó permiso para realizar un aterrizaje de emergencia en Palermo, pero la aeronave no logró llegar a tierra.

Precisamente el comandante del vuelo, Chafik Gharby, ha sido condenado a una de las dos mayores penas de cárcel, diez años, la misma condena que ha recaído sobre el copiloto del avión, Al Kebaier. El entonces director general de Tuninter, Moncef Zouari, deberá hacer frente a una condena de nueve años de prisión, la misma que el Tribunal de Palermo ha dictado para el director técnico de la compañía, Zouehir Chetouane.

Ocho años de prisión pesan sobre los responsables del mantenimiento del avión Zouehir Siala y Rhouma Bel Haj, así como sobre el mecánico Chaed Nebil. Fueron absueltos, sin embargo, Fouad Rouissi y Lofti Ben Jemia, también trabajadores de la aerolínea.

"Recurriremos la condena a la Corte de Apelación. Son procesos difíciles, pero nuestro trabajo lo hemos hecho", afirmó hoy tras conocer la decisión judicial Francesca Coppi, abogada de Zouari, en declaraciones que recogen hoy los medios locales.

Amerizaje arriesgado

Según la reconstrucción de los hechos que hizo la acusación en el proceso, el avión cayó porque no se había calculado bien el nivel del queroseno contenido en el depósito, debido a que a última hora se decidió instalar en la aeronave un aparato de medición de combustible perteneciente a un modelo distinto.

Una vez detectado el problema en el avión, el comandante solicitó permiso para realizar un aterrizaje de emergencia en Palermo, pero finalmente decidió proceder al amerizaje en las aguas mediterráneas próximas a la ciudad de Palermo.

El impacto con el mar hizo que el avión se fragmentara en tres partes: la cabina de mando y la parte de la cola se hundieron, mientras que quedó a flote la parte central, según indicaron los equipos de bomberos que trabajaron en el siniestro.

El fiscal había sostenido que el desastre se podría haber evitado si en vez de efectuar el amerizaje, el comandante del vuelo hubiera aprovechado las corrientes de aire para llegar a tierra.

Otras fuentes señalaron, entre ellas, los abogados acusadores de las víctimas, que el piloto y el co-piloto entraron en pánico y se pusieron a rezar en vez de proceder con las medidas de emergencia mandatorias. También insistieron en argumentar que el piloto ha debido intentar el aeropuerto más cercano antes de derribar el avión.

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