En “Brujas” y “Confesiones de mujeres de 30”, las actrices más bellas y famosas toman el teatro

Actualmente en Caracas hay más de 27 espectáculos teatrales, una cifra impensable en otros tiempos, en donde el número de salas era significativamente más reducido y la presencia de estrellas de la pequeña pantalla resultaba minoritaria, comparada con la de los histriones que hacían de las tablas su modus vivendi y la de quienes se desenvolvían con soltura en los dos medios. En medio de todo este florecer, hay que destacar a las actrices, que por razones que sería interesante indagar, son las que predominan en los elencos de las obras que forman parte del menú teatral caraqueño. P

iezas como Amanecí con ganas de morirme, La casa de Bernarda Alba y A 2,50 la cuba libre, además de los monólogos Ni doña ni doñita, con Elba Escobar, La Segundísima, que anoche estrenó Mirtha Pérez y El aplauso va por dentro, al que Mimí Lazo le ha sacado el jugo durante casi 15 años, son algunas de ellas, a las que, más recientemente, se han unidos otras dos obras, que inauguraron una nueva sala en el este capitalino: el Teatro Premium Los Naranjos. Hablamos de Brujas y Confesiones de mujeres de 30, que se exhiben con la boletería agotada.

Brujas encantadoras

Brujas, del español Santiago Moncada, en versión del argentino Luis Agustoni y con el siempre eficaz Héctor Manrique en la dirección, narra el reencuentro de cinco mujeres, 25 años después de haber egresado del internado religioso en donde estudiaban. Lo que se inicia con eufórico entusiasmo, brindis y nostalgia, poco a poco se va convirtiendo en un afilado duelo verbal, que devela que ese vínculo afectivo no se corresponde exactamente con la realidad. Con el estímulo de alguna copa de más, irrumpe una cruda franqueza con sus conflictos ocultos, desengaños, frustraciones y traiciones de aquella época lejanamente idealizada, que son el marco ideal para disfrutar del talento de sus cinco intérpretes.
Dolores (Fabiola Colmenares) es una escritora atormentada por su sexualidad lésbica, Ana (Amanda Gutiérrez) es una abogada inteligente y acuciosa, intrigada por resolver los resortes de cierta intriga; Inés (Francis Romero) se define a sí misma como la idiota del grupo, y no le falta razón para ello; Luisa (Beatriz Valdés) es una cínica prostituta de lujo y Elena (Violeta Alemán) es un ama de casa tradicional, con la perspicacia suficiente como para ser el detonante de las acciones, cuando confiesa que una de las cuatro amigas que la acompañan se está acostando con su marido y que ella se propone, esa noche, descubrir de quién se trata.
A partir de aquí se produce un ping-pong de dardos que le permiten a sus intérpretes dar lo mejor de sí y ofrecer un espectáculo maduro, atrayente y sencillamente inolvidable.
Esta pieza, que se ha exhibido durante muchos años en diferentes escenarios del mundo, traduce fielmente lo que su autor, Santiago Moncada, se propuso al escribirla: adentrarse en ese mundo “íntimo, extravagante, contradictorio, pueril y fascinante de la mujer”.

Hilarantes treintonas

Confesiones de mujeres de 30

Otra cosa es Confesiones de mujeres de 30, que aunque coincide con Brujas en lo que a dibujar el universo femenino se refiere, lo hace desde la perspectiva exclusiva del más chispeante y desbordado humor, a través de tres actrices cuyo impecable desempeño es como para quitarse el sombrero: Elaiza Gil, Daniela Bascopé y, muy especialmente, Alba Roversi, soberbia y magistral en su interpretación.
Escrita por el brasilero Domingos de Oliveira y en versión de la venezolana Pilar Artega, Confesiones de mujeres de 30 aborda las peripecias de tres mujeres que cuentan, con desparpajo y sinceridad, la historia de cada una de ellas, que son las que deben afrontar las de su género entre los 30 y 40 años. El programa de mano no las podría describir mejor: “… se califican como carajitas un poco más equilibradas, con menos temores y alguna que otra contradicción”.
Son, como diría un cronista mexicano, en donde esta pieza lleva ocho años en cartelera: “verdades dichas con humor, para reírse de lo que en algún momento las hizo llorar”.
En esta obra encontramos diversión a grandes dosis, sinceridad a raudales, desternillantes relatos de vida e interacción con la audiencia, en una puesta en escena que, aunque sencilla, brilla por su ritmo y fluidez, lo que hace que no decaiga en ningún momento. Bien por Héctor Manrique, quien también tuvo a su cargo la dirección, conjuntamente con Héctor Palma.
Domingos de Oliveira, el autor, define muy apropiadamente a sus tres deliciosos personajes: “Son un dechado de contradicciones. Son encantadoras, pero complicadas. No saben lo que quieren, pero quieren muchas cosas: todo, pero todo les cansa rápido. Nadie las merece”.
Lo que sí merecen Elaiza Gil, Daniela Bascopé y Alba Roversi son todos los aplausos posibles, por sus muy logradas actuaciones en Confesiones de mujeres de 30, al igual que en Brujas lo hacen Fabiola Colmenares, Amanda Gutiérrez, Beatriz Valdés, Francis Romero y Violeta Alemán. Bien por ellas y por el teatro hecho en Venezuela.

Aquilino José Mata
Especial Informe 21